Recensiones bibliográficas

Bruckner 200

Bruckner-Befragungen. Gespräche über die elf Sinfonien

Juan Carlos Tellechea
Bruckner-Befragungen Bruckner-Befragungen © 2025 by Bärenreiter
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Anton Bruckner sigue siendo todavía un gran desconocido entre los compositores musicales del Romanticismo tardío, incluso dos años después de las celebraciones internacionales por el bicentenario de su nacimiento. Ello se debe tanto a la imagen distorsionada sobre su personalidad como a su obra compositiva. Las anécdotas y clichés que circulan sobre él tampoco han contribuido positivamente a aclarar su figura.

El director titular de la Bruckner Orchester de Linz (Austria), Markus Poschner, y el musicólogo Jan David Schmitz acaban de publicar un nuevo y singular libro sobre Anton Bruckner que han titulado Bruckner-Befragungen – Gespräche über die elf Sinfonien (Indagaciones a Bruckner: conversaciones acerca de las once sinfonías), de la editorial Metzler/Bärenreiter de Berlín y Kassel.

Nuevas perspectivas

Presentado en forma de diálogo entre sus autores, que combinan teoría y práctica, el volumen de 300 páginas se basa en las Bruckner-Befragungen (Indagaciones sobre Bruckner), que desde el Festival Internacional Bruckner de Linz de 2018 han acompañado las interpretaciones de las sinfonías de Bruckner en los programas.

Esto es, la Sinfonía de estudio en fa menor, también conocida como la “00”, WAB 99; la Sinfonía nº 0 en re menor (“Die Nullte”), más tarde anulada, WAB 100; y las nueve Sinfonías principales, la última de ellas, WAB 109, inacabada.

Se ilustran en el libro las diferentes versiones y etapas en la historia de la creación de las sinfonías, pero también se intenta una acercamiento a la persona de Anton Bruckner lejos de los prejuicios y malentendidos. El libro desempolva la imagen de Bruckner, ofrece nuevas perspectivas sobre las once sinfonías y resulta ideal para los amantes de la música.

No solo académico

Destacado intérprete de la obra de Bruckner, Poschner -quien será el nuevo director titular de la Radio Symphonieorchester Wien (Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena) y será sucedido al frente de la Bruckner Orchester Linz por Christoph Koncz a partir de septiembre de 2027- cree que es importante comprender a este compositor en el contexto del siglo XIX, tanto desde el punto de vista musical como histórico.

La perspectiva de Poschner, como director de orquesta que grabó todas estas sinfonías en 2023 (sello Naxos) anticipándose a la celebración del bicentenario, permite experimentar la música de forma inmediata.

El musicólogo Jan David Schmitz, hasta 2024 director artístico del referido Festival Bruckner de Linz, subraya que el libro no se queda en el ámbito académico:

es fácilmente legible para cualquiera que se interese por Bruckner y le guste escucharlo.

Sinfonista

El propio Bruckner concedía al género sinfónico la mayor importancia. En 1891, cuando recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Viena, exigía que el título lo identificara explícitamente «como sinfonista», «porque esa ha sido siempre la profesión de mi vida». Hoy sus contribuciones se consideran indiscutiblemente obras cumbre del «largo siglo de la sinfonía» como género musical.

Mucho se ha escrito desde la celebración por el 200º aniversario del nacimiento del genial compositor y excéntrico contemporáneo: tres extensas biografías, un libro de ficción sobre su vida amorosa, una novela, una reflexión personal de Norbert Trawöger (flautista y director artístico de la Bruckner Orchester Linz), así como un catálogo de sus obras en dos volúmenes y 1500 páginas.

Cambio radical

Jan David Schmitz afirma que:

La Sinfonía nº 3 en re menor (dedicada a Richard Wagner), que probablemente comenzó a componerse en el otoño de 1872 y que Bruckner declaró «completamente terminada» el 31 de diciembre de 1873 en la partitura autógrafa, marca un punto decisivo en la evolución del compositor, ya que con ella la sinfonía de Bruckner alcanza en muchos aspectos su expresión ideal.

Al mismo tiempo, Bruckner no luchó tan tenazmente por la forma de ninguna de sus sinfonías como en el caso de la Tercera, entre cuya primera y última versión transcurrieron nada menos que 16 años; solo su Cuarta le ocuparía durante un tiempo similar y con la misma intensidad. En este contexto, la Tercera parece ideal para mostrar de manera ejemplar qué motivó las revisiones y cómo estas cambiaron radicalmente la sinfonía, empezando con la "versión de 1873".

La Séptima

El legendario director de orquesta Arthur Nikisch decía de la importante Séptima Sinfonía en mi mayor WAB 107, compuesta por Bruckner entre 1881 y 1883 y con la que logró por primera vez éxito internacional como sinfonista:

¡Desde Beethoven, nada se ha escrito que se le acerque siquiera!

Nikisch había formulado este comentario a un antiguo alumno de Bruckner, Joseph Schalk. Un compañero de este, Hermann Levi, describiría la pieza como:

la obra sinfónica más significativa desde la muerte de Beethoven.

El estreno en el Stadtheater de Leipzig el 30 de diciembre de 1884 fue dirigido por Nikisch con Bruckner entre el público. Si bien la interpretación no fue un triunfo rotundo, le brindó al compositor de 60 años un importante reconocimiento allende fronteras. Durante su vida, la Séptima, especialmente su Adagio, fue su sinfonía más popular. En el siglo XXI sigue siendo la más interpretada y una de sus obras más queridas.

Un altoaustríaco en Viena

Poschner siempre ha insistido en que su objetivo es desarrollar un enfoque propio y decididamente altoaustríaco de la obra de Bruckner. Por un lado, esto no solo parece posible, sino incluso lógico, si se tiene en cuenta que Bruckner pasó 44 años de su vida en Alta Austria; por otro lado, sin embargo, también requiere una explicación, ya que, aparte de la Sinfonía en fa menor, conocida como "sinfonía de estudio", y la versión original de la Primera, toda la obra sinfónica de Bruckner fue compuesta después de 1868, es decir, durante su etapa vienesa. ¿Qué hay entonces de altoaustríaco en la Tercera de Bruckner?

Según Poschner:

Bruckner nunca pudo ni quiso desprenderse de sus orígenes, ni siquiera cuando más tarde se trasladó a Viena. Lo que siempre permaneció igual fue su forma de escuchar, su forma de reflexionar, de orientarse, de entenderse a sí mismo como una partícula de una sociedad, una sociedad con una fuerte impronta católica; también le fascinaban los rituales, las festividades y el esplendor barroco de las iglesias.

La divina providencia

Sin embargo, en algún momento tomó la decisión vital de alejarse en gran medida de la música sacra y dedicarse principalmente a la sinfonía, el medio más profano por excelencia. Bruckner, con su talento, estaba predestinado para una carrera media como compositor e intérprete de música sacra, y así podría haber continuado, pero de repente tira del freno de emergencia interior.

En este contexto, resulta esclarecedora una declaración retrospectiva que August Göllerich y Max Auer recogen en su biografía de Bruckner. En el otoño de 1885 y en medio de una evocación melancólica, el maestro explicaba:

Podría haberme convertido en sacerdote. Si hubiera estudiado, hoy sería un párroco acomodado en algún lugar de la Alta Austria. Eso habría sido mejor. Pero, esa no era mi vocación. La divina providencia decidió otra cosa, y yo siempre he confiado en ella.

Nostálgico

Bruckner se ve a sí mismo como un elegido que debe seguir su propio camino. Todos estos procesos íntimos son, sin duda, los de un hombre del campo y no los de un hombre de ciudad como Johannes Brahms, que proviene del discurso, del diálogo, de la dialéctica. Bruckner, por el contrario, tenía una ubicación social completamente diferente.

Y luego, por supuesto, están las múltiples influencias musicales, que son difíciles de ignorar: muy fuerte resulta el influjo de la música sacra de la Alta Austria, pero sobre todo de la música folclórica, la tradición musical local en su conjunto. Todo esto le siguió preocupando mucho incluso en Viena, donde, como es sabido, no siempre fue una persona feliz, sino alguien con mucha nostalgia.

Grabaciones

La obra se completa al final con un extensa nómina en orden cronológico de directores de orquesta que a lo largo de la historia han grabado las obras sinfónicas de Bruckner; los que han grabado las 11 composiciones mencionadas en casi todas sus versiones; y los que solo han llevado al disco las 11, las diez y las nueve sinfonías. Con tres grabaciones completas de las nueve sinfonías numeradas, a las que se suma la "Anulada" en la primera, el maestro Daniel Barenboim es el director con más grabaciones.

Hasta ahora, solo Eugen Jochum y Christian Thielemann han logrado completar dos ciclos, y la segunda grabación de este último con la Filarmónica de Viena incluye incluso las once sinfonías. Sorprendentemente, se trata de la primera grabación completa de Bruckner realizada por un único director de la orquesta, que ya en vida del compositor mantenía una estrecha relación con él y que sigue siendo una de las «orquestas de Bruckner» más importantes del mundo.

La orquesta que encabeza la lista es la Gewandhausorchester de Leipzig, con tres grabaciones completas bajo la dirección de Kurt Masur, Herbert Blomstedt y Andris Nelsons, seguida de cerca por la Filarmónica de Berlín, que, además de dos ciclos completos con Herbert von Karajan y Barenboim, participó en un tercero con Jochum, al que contribuyó con cinco de las nueve sinfonías.

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