Alemania

Concierto debut de Poska en Essen

Juan Carlos Tellechea
Kristiina Poska
Kristiina Poska © Kaupo Kikkas | OCNE
Essen, jueves, 12 de febrero de 2026.
Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen. Béla Bartók, Danzas populares rumanas, Sz 68. Reinhold Glière, Concierto en si bemol mayor para trompa y orquesta, op. 91. Piotr I. Tchaikovsky, Sinfonía n.º 4 en fa menor, op. 36. Bis del solista: Astor Piazzolla, ''Café 1930'' (transcripción para trompa solo). Solista, Radek Baborák (trompa). Orquesta Essener Philharmoniker. Directora Kristiina Poska. Ciclo 'Sinfoniekonzert VII, Tschaikowsky 4'. 80% del aforo.
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La directora Kristiina Poska debutó el pasado 12 de febrero entre aclamaciones del público al frente de la orquesta Essener Philharmoniker en el séptimo concierto sinfónico de la presente temporada, con obras de Béla Bartók (Danzas rumanas), Reinhold Glière (Concierto para trompa y orquesta en si bemol mayor op 91) y Piotr Chaikovski (Sinfonía nº 4 en fa menor op 36).

Los seis movimiento de las Danzas rumanas de Bartók, que abrieron la velada, se completaron en menos de cinco minutos, aportando magistrales toques de color en sus ágiles ritmos con aire de fogata gitana (idónea para la rápida caída de la noche en este gélido tiempo invernal), así como toques de polca en las diversas melodías bailables, en los que la espléndida flauta ganó el primer plano.

Olvidadas

La segunda obra de la velada fue interpretada maravillosamente por el laureado trompista Radek Baborák, quien fuera solista de varias afamadas orquestas sinfónicas internacionales, entre ellas la London Philharmonic y la Berliner Philharmoniker. Era imposible no sentirse sobrecogido por el Concierto para trompa en si bemol de Glière, escrito en 1951.

Es esta una de las varias obras en gran medida olvidadas de un compositor que es recordado, si acaso, por las ocasionales interpretaciones de su ballet La amapola roja op 70 (Krasny mak, 1927; rev. 1949 y 1955 Krasni tsvetok, La flor roja) y de su Concierto para soprano coloratura y orquesta en fa menor op 82 (1943).

Inmersos

Pero si la historia ha sido indiferente a Glière, Kristiina Poska y Radek Baborák dieron buenas razones para acercar este concierto, poco interpretado, a una audiencia más amplia. Poska optó por un tempo rápido para el Allegro inicial, eliminando así parte de su pomposidad, pero conservando los matices marciales y la calidez melódica de la obra, admirablemente potenciados por la técnica impecable y el tono expresivo de Baborák.

La música del expansivo tema principal del Andante, impulsado por el cautivador oboe de la orquesta Essener Philharmoniker, era de oro hilado en el disfrute del opulento mundo sonoro de Reinhold Glière, con Baborák plenamente inmerso en su lenguaje romántico tardío.

El bis

El solista destacó en el virtuoso trabajo de pasajes del final, con sus corales de metales y su pompa despachados con considerable estilo, solo para plantear la cuestión de por qué esta obra es tan ignorada. Tras un estruendoso aplauso, Baborák interpretó como bis Café 1930 una obra meditativa de Astor Piazzolla, entre más ovaciones de la platea.

El mejor movimiento

La segunda parte del concierto fue dedicada por completo a la Sinfonía nº 4 de Chaikovski. Piotr Chaikovski comenzó su Cuarta sinfonía aproximadamente al mismo tiempo que iniciaba su relación con su mecenas, Nadezhda von Meck. En una carta dirigida a ella, describiría su composición de la siguiente manera:

«El primer movimiento (Andante sostenuto – Moderato con anima) me dará muchos problemas de orquestación. Es muy largo y complejo; sin embargo, lo considero el mejor movimiento».

Gusto exquisito

Desde la fanfarria inicial de trompas y fagotes, Poska dominó de forma imponente el ambiente de la gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen de excelentísima acústica. Más adelante, en la sección de desarrollo del movimiento, los solos de viento madera se representaron a la perfección, con una luminosidad que flotaba hermosamente en el aire.

La forma era elegante y el gusto musical exquisito. Carecía de la sensación de desesperación que sugieren las alusiones de Chaikovski a los fatídicos temas de Carmen de Georges Bizet.

Mientras tanto, el público seguía disfrutando de la magnífica interpretación de Kristiina Poska, que iba creciendo y creciendo hasta alcanzar clímax impresionantes. Y cuando las fanfarrias regresaron, ahora en trompetas, el sonido fue emocionante...y controlado. Los timbales sonaron especialmente mayestéticos.

Textura y precisión

En los movimientos internos la interpretación de la orquesta era inexpugnable, con una maravillosa caracterización de los instrumentos de viento, los potentes y estentóreos metales y las cuerdas, asombrosamente articuladas. Poska evocó una maravillosa paleta de colores en sus músicos, quienes la acompañaron en todo momento y a cada paso.

El lúdico tercer movimiento, Scherzo. Pizzicato ostinato – Allegro, fue una delicia, hasta los segundos finales. El pizzicato corporativo al comienzo, se agachaba, se sumergía y se entrelazaba en masa, a gran velocidad, con diferentes dinámicas. Solo las mejores secciones de cuerdas (y su textura) consiguen esta precisión y el centro tonal del punteo percusivo del pizzicato.

Superlativa

El final, alocado y bullicioso, arrancó con toda su intensidad y no se detuvo hasta los últimos compases. Fue un viaje apasionante, escuchado con intensidad por la platea. La calidad de la interpretación fue superlativa, incluso desde antes de la frenética sección de desarrollo del primer movimiento. Dicho esto, es muy difícil imaginar una interpretación mejor ejecutada o más hermosa que esta de la Orquesta Filarmónica de Essen, dirigida por primera vez por Kristiina Poska.

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