Alemania

The Magic Harp

Juan Carlos Tellechea
The Magic Harp
The Magic Harp © 2026 by Essener Philharmoniker
Essen, viernes, 13 de marzo de 2026.
Gran sala auditorio de Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen. Solista Raphaela Gromes (violonchelo). Presentadora Susanne Herzog. Orquesta Essener Philharmoniker. Directora Nil Venditti. “The Magic Harp” (El arpa mágica). Ina Boyle (1889-1967), “The Magic Harp”, Rapsodia para orquesta. Maria Herz (1878-1950), Concierto para violonchelo y orquesta, op 10. Louise Farrenc (1804-1875), Sinfonía nº 2, op 35. Sinfoniekonzert VIII. “Komponistinnenfestival 'her:voice' “ (VIII Concierto sinfónico. Festival de compositoras 'her:voice'). 80% del aforo. El concierto fue transmitido en vivo por la emisora de radio WDR 3.
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¿Cuándo se dejará de borrar a las mujeres brillantes de la historia de la música? Esta gran incógnita comienza a despejarse, muy lentamente todavía, pero a paso firme. El Día Internacional de la Mujer se celebró el pasado domingo 8 de marzo y con tal motivo la Filarmónica de Essen realizó en la semana siguiente el Festival Internacional de Compositoras Musicales “her:voice” con conferencias, simposios, debates y sendos conciertos que tuvieron lugar los días 12 y 13 de marzo (con el mismo programa) en la gran sala auditorio Alfried Krupp.

Durante la velada la Orquesta Essener Philharmoniker, excelentemente dirigida y a manos libres por Nil Venditti, interpretó obras de compositoras casi completa e injustamente olvidadas: Ina Boyle (The Magic Harp), Maria Herz (Concierto para violonchelo y orquesta, op 10), con la solista Raphaela Gromes, y Louise Farrenc (Sinfonía nº 2, op 35).

Mítica

En las últimas décadas se ha luchado por reconocer el talento de compositoras olvidadas irlandesas y británicas, pero solo en los últimos años se les ha prestado la atención necesaria, por ejemplo en el Festival de Glyndebourne, A muchas de ellas se las ha discriminado solo por el hecho de ser mujeres; a otras por su activismo sufragista y feminista.

La compositora irlandesa Ina Boyle fue alumna de Ralph Vaughan Williams, lo que se refleja en su laureada obra maestra de impresionante belleza, The Magic Harp (El arpa mágica), excelsamente interpretada esta tarde por la Orquesta Essener Philharmoniker, bajo la égida de Nil Venditti, y el destacado solista Juan Antonio García Díaz. Es una pieza que consigue crear al instante una atmósfera por momentos misteriosa y enigmática de evocación mítica, histórica y paisajística.

Royal College of Music

La música de Boyle es toda una revelación. Ella nació en 1889 en el condado de Wicklow en el seno de una familia protestante de la alta sociedad; su padre era clérigo de la Iglesia de Irlanda. Su talento musical fue reconocido desde la infancia y tuvo varios profesores antes de estudiar intensivamente en Dublín a principios de sus veinte años. Empezó a componer música con gran seguridad, completando su pieza orquestal The Magic Harp en 1919 y su obra pastoral Colin Clout en 1921. Luego, en 1923, comenzó a tomar clases con Ralph Vaughan Williams.

A lo largo de su vida, Boyle siguió viviendo con su familia en el oeste de Irlanda, lejos de los principales centros musicales, lo que limitó las redes de contactos que podrían haberla ayudado a conseguir más interpretaciones de su obra y a darla a conocer. Esto cambió en cierta medida cuando empezó a viajar a Londres, donde entabló amistad con varias compositoras más jóvenes, todas estudiantes del Royal College of Music que entraron en el círculo de Vaughan Williams: Elisabeth Lutyens, Elizabeth Maconchy, también angloirlandesa, y Grace Williams.

Anticipa a Barber

Estas cuatro mujeres compusieron música con estilos propios y distintivos: algunas llevaban el sello de Vaughan Williams, pero Maconchy, la más audaz intelectualmente, estaba más influenciada por la nueva corriente principal europea de Igor Stravinsky y Béla Bartók. No obstante, en cierto modo, actuaron en grupo y organizaron conciertos de su propia música, plenamente conscientes de que, de no haber sido por ellas, nadie más lo habría hecho.

Boyle compuso tres sinfonías, la primera de las cuales la ocupó entre 1924 y 1927, y finalmente se estrenó en 1945. Un retrato de la tierra donde creció, subtitulado Glencree. A principios de la década 1930 compuso el Concierto para violín y orquesta y la Obertura para orquesta.

Si bien la sinfonía evoca a Vaughan Williams —en particular su Sinfonía Pastoral—, también muestra la inventiva propia de Boyle, cuyo lenguaje va mucho más allá del de su maestro. La Obertura recuerda en ocasiones a Frank Bridge; el excepcional Concierto para violín anticipa aspectos del universo sonoro de Samuel Barber.

La BBC

Boyle siguió siendo alumna de Vaughan Williams, visitándolo siempre que podía, hasta que el estallido de la Segunda Guerra Mundial dificultó demasiado sus viajes a Londres. Fue también la guerra la que selló su aislamiento del panorama musical británico y la que, a pesar de los esfuerzos de Maconchy por organizar conciertos, dio inicio a décadas de olvido de su música. Vaughan Williams le aseguró que el reconocimiento llegaría «finalmente», y así fue: más de medio siglo después de su muerte, en 1967, con con un disco de la Orquesta de Conciertos de la BBC de Londres.

Pocas obras publicadas

Maria Herz estudió con Max von Pauer, hijo del famoso pianista Ernst Pauer, que fuera alumno de Franz Xaver, hijo de Mozart. A los veinte años, Maria Herz se mudó de Colonia a Manchester con su esposo, un químico, con quien tuvo cuatro hijos. Regresó a Alemania en 1914, justo antes del estallido de la Gran Guerra, donde permaneció hasta la muerte de su esposo en 1920. Allí crió a sus hijos y posteriormente tomó clases de composición con Philipp Jarnach.

A finales de la década de 1920, obtuvo un pequeño reconocimiento con el estreno de sus Cuatro Piezas Orquestales, op 8, dirigidas por Hermann Abendroth. Sin embargo, pocas de sus obras fueron publicadas y, ante el empeoramiento del clima político a principios de la década de 1930 en Alemania, regresó a Inglaterra. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, viajó a Estados Unidos para reunirse con una de sus hijas, donde falleció en 1950.

Freilach

El Concierto para Violonchelo, op 10, maravillosamente interpretada por Raphaela Gromes, es su obra más abiertamente judía. Su denso ascenso del violonchelo y su sombría orquestación pueden resultar inicialmente intimidantes, pero está claro que la música explora cuestiones relacionadas con el esfuerzo, y aparentemente el fracaso, por alcanzar una resolución armónica natural. Solo cuando se escucha un gong al estilo de Gustav Mahler y estalla un freilach (del yidis: alegre), la música baila salvajemente por un rato, la línea ascendente del violonchelo acompañada por una mezcla de colores orquestales, especialmente vientos agudos (el concierto para violonchelo es una obra difícil de equilibrar sonoramente), antes de que un fugato ponga fin rápidamente a la fiesta.

Electrizada

El Concierto muestra la evolución de Herz. Esta obra suena menos a Paul Hindemith y más a Herz. La violonchelista Raphaela Gromes ofreció aquí una interpretación magnífica con su Carlo Bergonzi de 1740. La ejecución de los pasajes de doble cuerda fue excepcional y conmovedora. Al igual que en el concierto para piano de Herz, el instrumento solista es el protagonista. Y Gromes no defrauda.

La violonchelista relata en el programa de mano que:

¡Cuando eché un vistazo a la partitura del concierto para violonchelo, me quedé electrizada!

En ese momento había abierto el paquete con las partituras que le había enviado el nieto de la compositora Maria Herz, Albert Herz. Este concierto había sido proscrito, durante el bárbaro régimen racista, antisemita y genocida nazi de Adolf Hitler. Esta tarde Raphaela Gromes le dio nueva vida junto a la Filrmónica de Essen.

Tropar

Las ovaciones del público no se hicieron esperar y para aplacarlas la solista entregó a los bises Tropar (Tropario), acompañada por dos violonchelistas de la orquesta, de la compositora ucraniana Hanna Havrylets fallecida tres días después del comienzo de la guerra de agresión rusa contra su país. Gromes toca frecuentemente esta breve pieza, que ella misma denomina “oración por la paz”, desde su concierto solidario en Kiev en 2023.

Louise Farrenc

La segunda parte de la velada fue dedicada por entero a la enérgica Sinfonía nº 2, op 35 de Louise Farrenc, quien ya en vida llegó a ser una figura excepcional. Fue pianista, profesora, compositora e incluso musicóloga. En 1842 Farrenc sería una de las primera mujeres en ocupar la cátedra de piano en el Conservatorio Nacional de París, cargo que desempeñó durante casi 30 años, Allí luchó por los derechos de las mujeres, logrando finalmente la igualdad salarial con sus colegas masculinos. ¡Una adelantada a su tiempo!

Dentro de una extensa obra dedicada, entre otros géneros, al piano y la música de cámara, sus tres sinfonías ocupan un lugar especial. Esto ocurría en una época en la que Ludwig van Beethoven reinaba en las salas de concierto, hasta el punto de que toda nueva composición debía compararse con la del maestro alemán.

Música a gran escala

Formada con Anton Reicha, Louise Farrenc se distinguió por la originalidad de su inspiración, particularmente evidente en su notable atención a la escritura para instrumentos de viento, a menudo colocados en posiciones solistas. Sus sinfonías están estructuradas en cuatro movimientos, con la sección lenta en segunda posición. En este op 35: I. Andante – Allegro; II. Andante; III. Scherzo – Vivace; IV. Andante – Allegro.

Inspirada en Beethoven, esta interpretación de la Sinfonía nº 2 de Louise Farrenc a cargo de la Orquesta Essener Philharmoniker contó con el apoyo del Palazzetto Bru Zane - centre de musique romantique française.

El público pudo admirar esta tarde una obra de gran envergadura de una formidable compositora y pedagoga francesa de mediados del siglo XIX. A pesar de superar obstáculos inimaginables como mujer compositora, Farrenc dedicó su vida a crear e interpretar música a gran escala.

Cautivadora

Mediante una cuidadosa configuración de la dinámica y un fraseo orquestal meticuloso, Nil Venditti transformó esta composición en una pieza sinfónica cautivadora, disfrutable en el momento y digna de un estudio y apreciación más profundos. Farrenc representa una parte importante de la vida musical de su tiempo y merece un lugar en la memoria y en las salas de conciertos actuales. ¡Enhorabuena!

El concierto concluyó entre una eclosión de efusivos aplausos del público asistente y fue transmitido en vivo por la emisora de radio WDR 3; su grabación pueder ser escuchada durante 30 días desde el 13 de marzo.

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