El legendario ciclo de conciertos “Musica viva“ presenta ahora dos destacadas composiciones del laureado compositor Helmut Lachenmann en su nuevo CD (sello BR Klassik): el concierto para tuba, Harmonica (Armónica), y su obra Klangschatten – mein Saitenspiel (Sombras sonoras - Mi interpretación de cuerdas) para 48 cuerdas y tres pianos de concierto.
Las dos grabaciones en directo en la no menos legedaria Herkulessaal de la Residencia (real) de Múnich, con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera (Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks), bajo la égida de Sir Simon Rattle y Matthias Hermann, respectivamente, se realizaron en marzo y mayo de 2025.
Cuando la orquesta raspa y rechina, silba y cruje, ese es Helmut . El músico, nacido en Stuttgart en 1935, cumplió 90 años el pasado 27 de noviembre y es uno de los compositores alemanes de música contemporánea más reconocidos en el mundo. Este álbum es un homenaje en su aniversario.
Antiguo alumno predilecto de Luigi Nono, Lachenmann ha desarrollado constantemente su propio e inconfundible estilo, caracterizado por sonidos noise (ruidosos), en la tenaz búsqueda de nuevos horizontes de escucha. Incluso a sus 90 años, Helmut Lachenmann, hijo de un pastor protestante suavo, sigue fiel a su credo y lo continúa defendiendo a ultranza:
El arte es algo distinto del entretenimiento.
Ya se trate de la reforma de la Sociedad General de Autores de Alemania (GEMA), que pretende abolir la distinción entre música culta y popular, o de una editorial musical vanguardista y crítica, la palabra de Lachenmann tiene enorme peso aquí. La música no es un mero entretenimiento superficial, sino una experiencia existencial.
“Musica viva” es una serie de conciertos de música contemporánea que se celebra en Múnich. Fue fundada en 1945 por el compositor Karl Amadeus Hartmann. Desde 1948, es organizada por la cadena de radio Bayerischer Rundfunk (Radio de Baviera). Además de conciertos corales y orquestales, que tienen lugar en la Herkulessaal de la Residencia de Múnich, el programa incluye eventos multimedia y conciertos de estudio (anteriormente concebidos por el compositor Josef Anton Riedl) en la Muffathalle, en iglesias de Múnich, en el Marstalltheater y en el centro cultural y educativo Gasteig.
Junto con las Jornadas Musicales de Donaueschingen, los Cursos de Verano de Música Nueva de Darmstadt y las Jornadas de Música Contemporánea de Witten, Musica viva está considerada como la serie de conciertos de música contemporánea más importante, centrada en la música orquestal.
Lachenmann ha contribuido a forjar medio siglo de historia de la música. Sus obras se interpretaron en público por primera vez en 1962 en la Bienal de Venecia y en los referidos Cursos de Verano de Darmstadt.
En su concierto para tuba, Harmonica, Helmut Lachenmann explora los límites del sonido con una música que se sitúa entre la erupción y el silencio, y que, mediante una negación rigurosamente construida (en palabras de Lachenmann) y una subversión consciente de lo familiar, desafía todas las expectativas sociales predeterminadas del oyente: una apelación aún vigente a la autoconciencia del oyente. El solista es Stefan Tischler, tuba principal de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. La Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks toca dirigida por Sir Simon .
Klangschatten – mein Saitenspiel incursiona en el lado oscuro del sonido, sus aspectos suprimidos e indeseados. El espectro abarca desde sonidos apagados o sofocados, pasando por ruidos de diferentes colores, hasta alcanzar un tono claro. El propio compositor describió la pieza como una propuesta de intensidad expresiva que refleja y busca satisfacer, es decir, trascender, el anhelo burgués de belleza. Los tres solistas en sus respectivos pianos de concierto son Yukiko Sugawara, Tomoko Hemmi, Alexander Waite. La Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera está dirigida aquí por .
Nadie ha expandido el mundo sonoro de los instrumentos tanto como Lachenmann, y nadie se ha aventurado en lo desconocido con tanta audacia. Presiona el arco con firmeza contra las cuerdas del violonchelo, sus uñas castañetean sobre las teclas del piano y crea melodías con las respiraciones de ocho trompetistas. Muchos solían llamarlo un "torturador de instrumentos". Pero Helmut Lachenmann es en realidad un hombre de sutilezas:
Si caminas por un prado y pisas la concha de un caracol, prácticamente has arruinado su existencia. Se oye un pequeño crujido de pianissimo. Algunos niños incluso lloran. Así que un pianissimo es en realidad un fortissimo de gran impacto emocional.
Amable, informal, siempre con un comentario ingenioso en los labios, Lachenmann, de figura elevada y barba canosa es quizá el último gran compositor de vanguardia; el último en redefinir por completo la música; el último en replantearse fundamentalmente qué es realmente la música en sus obras. Incluso cuestionó radicalmente el vocabulario de Stockhausen, Boulez o de su propio maestro :
Por aquel entonces, alrededor de 1968, cuando empecé a componer, me resultaba casi tedioso tener que escribir siempre personajes tan contemporáneos. Básicamente, siempre estaba sentado frente al mismo instrumento llamado Nueva Música, este órgano de 'Nueva Música', y le quitaba las tapas. Pero quería construir mi propio órgano.
Helmut Lachenmann no se interesa por nuevos sonidos, sino por una nueva forma de escuchar. Quienes se abren a ella, se concentran y agudizan su percepción, se sienten profundamente conmovidos por su música. Para el compositor:
La gran música nos ha provocado, como una invitación humana a abrirnos, a cambiar, a descubrir nuestro potencial y, al hacerlo, a estar más atentos.
El mundo de la música realmente se dio cuenta de ello cuando se estrenó la ópera de Lachenmann La pequeña cerillera en 1997. Había estado trabajando en esta pieza durante más de 20 años, una obra que entrelaza el cuento de hadas de Hans Christian Andersen con textos de la terrorista del grupo extremista de izquierdas Rote Armee Fraktion (RAF/Fracción del Ejército Rojo), Gudrun Ensslin.
Poco antes de terminarla, le habían robado todos sus bocetos de su coche. Gracias a una petición televisada, los recuperó: un golpe de suerte para la historia de la música. Esta música debe experimentarse en vivo; hay que ver cómo una orquesta entera, con el máximo esfuerzo, produce un suave silbido; hay que sentir la energía contenida en los sonidos más suaves. La música de Lachenmann es cautivadora, trascendental y un maravilloso teatro auditivo.
En opinión de Lachenmann:
La felicidad es diferente de la felicidad. La música popular está hecha para hacerte feliz. Y la música de Bach no me hace feliz, pero sí me hace feliz.
Hay que ver de qué forma curiosa e inesperada impacta el tiempo en algunas obras. La supuesta disrupción de lo familiar que ocurre en Harmonica no funciona cuando este ya ha sufrido un proceso de deconstrucción en el oyente. Un público compuesto por este tipo de escuchas, que es el más probable, tiende a interpretar esta obra como un ejemplo de poliestilismo.
Además, la idea percibida de lo familiar se moldea inevitablemente con el tiempo; es decir, no se puede esperar que el significado de lo familiar en el momento de la composición de la obra sea el mismo que en el de todos los momentos posteriores. Además no parecería muy lógico hablar de algo familiar compartido indiferente al progreso o a la evolución.
El instante de esta interpretación, más de 40 años después de haber sido compuesta la pieza, en aquel entonces en un mundo todavía acogedor para Lachenmann, es sin duda uno de ellos. Interpretarla en “Musica viva” es algo así como el respetuoso reconocimiento que rinde un museo a un mundo que ya no es el actual.
En cambio Klangschatten – Mein Saitenspiel es una obra fundamental de Lachenmann. Esta es la segunda grabación que se hace de ella. Y pese a que han pasado 54 años desde que la escribiera suena tan vigente, tan presente, tan coetánea como si hubiera sido compuesta en estos días (más reciente incluso que sus últimas obras: My melodies, para ocho trompas y gran orquesta, 2012-1018; y Mes adieux, trío de cuerda, 2021-2022). A este fenómeno se le suele denominar influjo atemporal.
Las grabaciones en vivo realizadas por la ingeniera de sonido Christiane Voitz en la sala Herkules de la Residencia de Múnich buscan una experiencia de concierto realista, un escenario sonoro muy íntimo, evitando espacios amplios, un equilibrio natural entre los pianos o la tuba y la orquesta, así como destacando la percusión y una sólida línea de bajo.
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