Alemania

«Getanzte Bilder»

Juan Carlos Tellechea
Getanzte Bilder de Robert North
Getanzte Bilder de Robert North © 2026 by Matthias Stutte
Mönchengladbach, domingo, 8 de marzo de 2026.
Gran sala del Teatro de Mönchengladbach. ''Getanzte Bilder'' (Imágenes danzadas), velada de ballet doble con obras coreográficas de Robert North y música de Christopher Benstead. Velada de ballet de la compañía KRMG tanz 4, dirigida por Manuel Gross. ''Expressionismus'' (Expresionismo), del coreógrafo Robert North. Estreno mundial. ''Farbenspiel'' (Juego de colores), del coreógrafo Robert North, en versión para gran orquesta (estreno mundial bajo el título de ''Color Moves'' en 1983 en Londres). Coreografía Robert North. Asistente de coreografía Sheri Cook. Escenografía y vestuario Udo Hesse. Escenografía de ''Farbenspiel'', Udo Hess, utilizando obras de Bridget Riley. Dramaturgia Regina Härtling. 100% del aforo.
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Cuántas veces el público que visita un museo de arte moderno contempla extasiado algún colorido cuadro expresionista expuesto en sus salas y se imagina por un instante cómo se habría desarrollado la acción o cuál habría sido su desenlace a través de esas escenas y figuras captadas por el pintor.

Honores

Esta tarde el célebre coréografo Robert North  ha convertido en asombrosa realidad ese sueño, con música del laureado compositor de Hollywood Christopher Benstead, al dar vida a personajes retratados por diversos artistas para que se escabullan del óleo en el que han quedado enmarcados e inmortalizados (escenografía y vestuario de Udo Hesse) para la posteridad.

Antes de que comenzara la función, el director general de la Comunidad de Teatros de Krefeld y de Mönchengladbach, Michael Grosse, invitó al escenario a North y a su esposa Sheri Cook para entregarles sendos diplomas que les acreditan como miembros de honor de ambas casas. El matrimonio dirigió a la compañía de ballet en esta región de Baja Renania entre 2010 y 2025 y la marcó decisivamente hasta hoy.

Expresionismo y Op-art

Expresionismo se titula el exquisito ballet de North, estrenado mundialmente este domingo en el Teatro de Mönchengladbach por la compañía de ballet KRMG.tanz, en una doble velada denominada Imágenes danzadas, que no solo ofrece una muestra de maravillosa finura en el estilo ecléctico que cultiva el distinguido coreógrafo, sino también una narración dancística sobre algunas influyentes corrientes históricas de la pintura moderna.

La segunda mitad de la función fue consagrada a la coreografía Juego de colores, una versión para gran orquesta de la pieza de Robert North Colour Moves, estrenada originalmente en Londres en 1983 (la escenografía de Udo Hesse utiliza obras de Bridget Riley, figura destacada del op art). En 2027 estas mismas dos obras serán llevadas al Teatro de Krefeld, el otro escenario de esta comunidad teatral que cumplió 75 años de vida en la pasada temporada.

La muerte y la Gran Guerra

La escenificación comienza con Promenade (Paseo), de 1913, del pintor August Macke, que como en muchos paisajes de alamedas o de veras junto a ríos y lagos el tiempo parece haberse detenido. Se captura un instante fugaz en Hilterfingen (cantón de Berna, Suiza) que muestra a personas en su tiempo libre a orillas del lago de Thun. Al observarla más de cerca, la escena parece repentinamente distante, irreal y extrañamente quieta. Todo está congelado en la inmovilidad, pese al uso dinámico del color en la composición.

Mas, de pronto todo entra en movimiento, la radiante festividad de los refugios modernos cobra vida. El ritmo pausado, con un matiz melancólico, que resuena en la conciencia de la fugacidad de aquel instante, da paso a la agilidad y la elegancia. La armonización de colores y sonidos marca el inicio de esta bella coreografía de Robert North. El pintor expresionista August Macke es bailado maravillosamente por Andrii Gavryshkiv y su esposa, Elisabeth Erdman-Macke por la extraordinaria  Victoria Hay. Los paseantes son interpretados por otros ocho bailarines de la compañía.

La narración se desarrolla con magnificencia. Pero no todo es alegría en estos cuadros. La muerte ronda permanentemente en ellos. Macke y su amigo Franz Marc, ambos del movimiento expresionista Der Blaue Reiter de Múnich (1911), muerieron en el frente de batalla durante la Primera Guerra Mundial 1914-1918).

En esta coreografía, muy aplaudida por el público, Robert North, un narrador por antonomasia, combina el ballet clásico con la danza moderna y la música es un pilar fundamental en su relato de peculiar estilo.

Luz y calor

En enero de 1914, August Macke recibe en Hilterfingen la visita de sus amigos pintores Paul Klee y Louis Moillet. Celebran su cumpleaños y deciden viajar a Túnez en primavera. El 7 de abril de 1914 llegan allí. El deslumbrante y soleado torbellino de colores les cautiva. Los artistas se quedan dos semanas en ese país y cuando hoy se habla del viaje a Túnez, se piensa en Macke y Marc. El primero dibujó más de 50 bocetos durante su estancia.

A su regreso, la guerra ya se cierne en el aire. Macke retorna con su familia a su casa en Bonn (hoy convertida en museo) y, en un frenesí de trabajo eufórico, procesa el viaje a Túnez antes de que el presente lo alcance. Siente que el tiempo se le acaba y pinta casi 40 cuadros en unas pocas semanas, entre ellos sus mejores acuarelas. Parece haber almacenado la luz tunecina y plasma sobre el papel ese resplandor que solo se produce cuando hace demasiado calor y hay demasiada luz.

Macke, quien tiene dificultades con las nuevas tendencias artísticas, se queda estancado en algún lugar entre el expresionismo y el orfismo y prefiere utilizar la paleta de colores de los impresionistas, se convierte definitivamente en artista gracias a su estancia en Túnez. Para Macke, este viaje llega en el momento justo, y esta es su Despedida, coreografiada aquí también por Robert North y refinadamente bailada por Gavryshkiv y Hay.

La danza moderna

La siguiente coreografía está inspirada en el cuadro de las Dos Bailarinas, de Emil Nolde, pintado en 1920, probablemente bajo la influencia de las actuaciones de danza de su amiga Mary Wigman, quien ese mismo año fundó su propia escuela de danza en Dresde. Alice Franchini y Francesco Rovea encarnaron con gracia y ligereza en esta velada a aquellas dos bailarinas pioneras.

Entre las numerosas y a menudo desenfrenadas representaciones de danza del artista, este cuadro destaca por su concepción sobria y plana. Dos chicas con largas túnicas aparecen en primer plano en una expresiva pose de baile, una frente a la otra y una detrás de la otra. Al fondo se alinean los espectadores, cuyos rostros se han congelado en muecas burlonas. Pero en 1933, el matrimonio formado por Emil y Ada Nolde reacciona con entusiasmo a la llegada al poder de los nacionalsocialistas.

Nazismo

Nolde exige la separación entre el arte judío y el alemán y, desde 1934, en consonancia con su antisemitismo, ya presente desde hacía tiempo y ahora cada vez más acentuado, deja de pintar cuadros religiosos. En su lugar, aparecen cada vez más motivos del mundo de las leyendas nórdicas. Ese mismo año, como ciudadano danés, se convierte en miembro de la Asociación Nacionalsocialista del Norte de Schleswig (NSAN), que al año siguiente se unifica con la fundación del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán del Norte de Schleswig (NSDAP-N).

La ironía del destino quiso que en 1937 los nazis confiscaran 1052 obras de Nolde por considerarlas «degeneradas». Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el pintor trabajó con vehemencia en su leyenda, en la que se presentaba, falsamente, como víctima de la dictadura nazi. No obstante, Nolde sigue entusiasmando hasta hoy con sus expresivas y coloridas pinturas, acuarelas y grabados, y sigue siendo uno de los artistas alemanes más conocidos del siglo XX.

Los siete pecados capitales

El próximo cuadro al que Robert North dio espectacular animación con los bailarines de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach (KRMG.tanz) fue el de Los siete pecados capitales (1933), obra cumbre de Otto Dix y de la pintura del siglo XX.  Dix vivió como soldado las dos guerras mundiales.

El pintor escenifica un desfile carnavalesco de lo monstruoso, con una técnica de veladuras, propia de los antiguos maestros, y colores chillones. Los siete pecados capitales están dispuestos en el cuadro de izquierda a derecha en una fila diagonal ascendente: la codicia (bailada magníficamente aquí por Stefano Vangelista), la envidia (Kotori Sasago), la pereza/muerte (Marco A. Carlucci), la ira (Duncan Anderson), la lujuria (Irene van Dijk), la soberbia (Marko Matic) y la gula (Camilla Ferrari).

El macabro desfile deja tras de sí un mundo muerto. En la pared, marcada por el yeso desmoronado, aparecen versos del filósofo Friedrich Nietzsche:

El desierto crece. Ay de aquel que esconde desiertos.

Entre los artistas realistas de la República de Weimar, Otto Dix destacó por combinar una gran maestría pictórica con una mirada implacable hacia la sociedad. La obra ha sido objeto de diversas interpretaciones que se complementan entre sí. Algunos ven en Los siete pecados capitales sobre todo una advertencia contra el desastre político. Esta interpretación se ve reforzada por el bigote negro de Hitler en La envidia, que, sin embargo, el artista no pintó hasta 1947.

Dado que Dix creó el cuadro en 1933, poco después de ser destituido de su cargo por los nacionalsocialistas  —era profesor en la Academia de Arte de Dresde—  también se puede ver en él un reflejo de su consternación personal. Sin embargo, en un sentido mucho más atemporal y general, la imagen representa los vicios humanos por excelencia, por lo que sigue siendo relevante en nuestra época.

La Anunciación

Robert North eligió a la bailarina Flávia Harada para dar vida al cuadro Anunciación (1950) de Otto Dix. La imagen representa a una joven, vestida a la usanza de la época, que reacciona con miedo y se pone a la defensiva ante el ángel que se acerca y la señala con la mano derecha. Dix fue prisionero de guerra en Colmar (Alsacia, Francia) y tuvo la oportunidad de contemplar allí El Retablo de Isenheim, obra cumbre del escultor Nicolas de Haguenau y del pintor  Matthias Grünewald, creada entre 1512 y 1516, y este motivo se encuentra en la Anunciación de dicho célebre altar. Dix traslada el evento a la actualidad de manera medieval, representa a la joven María con conmoción y basa claramente el gesto del ángel señalándola en el referido retablo. Otto Dix es no solo un modelo de esa perdurable influencia de Colmar, sino uno de los ejemplos más impactantes en cuanto a la atemporalidad de la representación de Grünewald sobre la cuestión del sufrimiento.

Soldados

Los bailarines Emilio Cangá Diego y Radoslaw Rusiecki prestan movimiento a algunos de los 50 grabados de La Guerra de Otto Dix, que retratan su propia experiencia en la sangrienta guerra de trincheras en Francia y Flandes (1914-1918). Robert North muestra con su coreografía aspectos de la vida cotidiana en tiempos bélicos.

Algunas  imágenes hacen referencia a eventos específicos e identificables, como la Batalla del Somme en 1916. Sin embargo, muchas son pesadillas que dan lugar a una representación atemporal, como ya se evidencia en el título, las crueles consecuencias de la guerra. Pocos pintores han visto y vivido la realidad de dos conflagraciones bélicas mundiales como Dix, con sus privaciones, heridas y sufrimiento, y la han presentado en un relato veraz de la devastación y la muerte.

El ángel del hogar

Robert North eligió más adelante, para que lo bailara tan espléndidamente como lo hizo Teresa Levrini, el cuadro L'ange du foyer (Le triomphe du surréalisme), El ángel del hogar (el triunfo del surrealismo), pintado por Max Ernst en 1937 tras la derrota de los republicanos en España. Por supuesto se trata de un título irónico para una especie de animal torpe que destruye y arrasa todo lo que encuentra a su paso. Esa era la impresión que tenía Max Ernst en aquel momento de lo que probablemente ocurriría en el mundo, y acertó. Cualquier semejanza con la imbecilidad de algún personaje inepto y con ciertos trastornos psíquicos que en estos momentos lidera a alguna gran potencia mundial no es pura casualidad.

La Guerra Civil Española estalló en 1936. Max Ernst, como muchos artistas de la vanguardia parisina, era un decidido opositor al general Francisco Franco, que contaba con el apoyo de los bárbaros nacionalsocialistas de Adolf Hitler. Así, la bestia salvaje del cuadro puede considerarse la encarnación de la desgracia que el fascismo trajo no solo a España, sino a toda Europa. Max Ernst ofreció una visión alternativa cuando, en 1938, decidió espontáneamente cambiar el título por otro: El triunfo del surrealismo. De este modo, convirtió la obra sin más en una imagen programática de esa corriente artística y de su pretensión revolucionaria.

La noche

Con las bailarinas Jessica Gillo,  Nozomi Kakita, Anna Jakobs, y los bailarines Illya Gorobets, Duncan Anderson, Marko Matic y Stefano Vangelista, Roberto North presta vida real a La noche, de Max Beckmann, una composición multifacética y socialmente alegórica con la que este artista sentó las bases para su ciclo del Infierno, repitiéndolo con ligeras modificaciones en otros óleos. En plena noche, tres criminales se han colado en una buhardilla y torturan a sus habitantes con una crueldad implacable.

Con firmeza, pero sin condena moral, Beckmann describe una sociedad profundamente traumatizada. Retrata a las personas como brutalizadas y mutiladas, como asesinas y buscadoras de placer, como desilusionadas, hambrientas y desesperanzadas. El mundo es, en efecto, el infierno, las personas son, por un lado, las almas atormentadas y, por otro, los demonios que lo habitan, como observaba el filósofo Arthur Schopenhauer, cuya obra había leído Beckmann con avidez.

George Grosz

Con la brillante coreografía de Robert North, el elenco entero de la compañía KRMG.tanz dio animación finalmente al impresionante cuadro Dedicatoria a Oskar Panizza de George Grosz, como este pintor lo tituló explícitamente en su autobiografía. Grosz sentía una afinidad particular con este poeta (y médico psiquíatra) inquieto, y posteriormente enfermo mental (padecía sífilis), que sufría tanto consigo mismo como con el mundo, principalmente porque la inflexible postura de protesta de Panizza encajaba a la perfección con el concepto moralizante al que Grosz había sometido su pintura.

La visión infernal de la metrópolis, empleando las técnicas de la representación simultánea futurista, evoca el fin del mundo. Figuras grotescas se apiñan entre las fachadas oscilantes de los edificios en una macabra procesión, encabezada por tres criaturas grotescas (alegorías de la embriaguez, la sífilis y el fanatismo religioso). Robert North logró aquí...¡un ballet sobrecogedor!

Bridget Riley

La segunda parte de la velada estuvo íntegramente dedicada a la coreografía Juego de colores de Robert North, en la versión para gran orquesta, con música de Christopher Benstead, inspirada en el subyugante op-art de Bridget Riley. North halló la idea para su refinada y diáfana coreografía en la creatividad de Riley, así como en sus patrones geométricos que fascinan con sus escalas de colores contrastadas o sutilmente graduadas.

Esta coreografía fue estrenada por Robert North en Londres en 1983 bajo el título de Colour Moves, y ya pudo disfrutarse en 2017 en esta comunidad de teatros. Pero sigue tan campante, como si la hubiera presentado mundialmente por primera vez hoy mismo.

El público se puso espontáneamente de pie al término de la velada y ovacionó largamente a la compañía KRMG.tanz, a Robert North y a Sheri Cook, por esta esplendorosa, inefable y memorable presentación, tan original y tan bien confeccionada, de danza moderna.

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