Discos

Los Mendelssohn: Integral de los cuartetos de cuerda

Juan Carlos Tellechea
Felix Mendelssohn, Complete Strings Quartets, Fanny Hensel, String Quartet, Minguet Quartett
Box 4 CDs Felix Mendelssohn Bartholdy, Complete String Quartets, Fanny Hensel: String Quartet, Minguet Quartett (label cpo). Minguet Quartett: Ulrich Isfort (violin), Annette Reisinger (violin), Aroa Sorin (viola), Matthias Diener (violoncello). Felix Mendelssohn Bartholdy, Complete String Quartets, CD 1, String Quartet Nº 2 in A minor, Op 13. String Quartet Nº 6 in F minor, Op 80. CD 2, String Quartet Nº 1 in E flat major, Op 12. Four Pieces for String Quartet, Op 81. String Quartet in E flat major (S12, 1823). CD 3, String Quartet Nº 3 in D major, Op 44 Nº 1. String Quartet Nº 4 in E minor, Op 44. CD 4, Fanny Hensel, String Quartet in E flat major. Felix Mendelssohn Bartholdy, String Quartet Nº 5 in E flat major, Op 44 Nº 3. Recording: Johanneskirche Köln-Klettenberg, 2009 (CD 1), Ev. Kirche Honrath, 2013/2016 (CD 2), 2016/2018 (CD 3), 2018 (CD 4). Recording Producer & Digital Editing: Uwe Walter (CD 1), Robert F. Schneider (CD 2-4). CPO Musikvertriebs GmbH. P 2026.
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El célebre Minguet Quartett cumple 40 juveniles años de vida en 2028. Como parte de las actividades conmemorativas y de su fructífera trayectoria artística, el conjunto ha publicado una grabación completa de los cuartetos de cuerda de Felix Mendelssohn Bartholdy y de Fanny Hensel bajo el sello cpo de Osnabrück (caja de cuatro discos compactos).

El cuarteto amplió su ciclo con el CD final que se publicó el 19 de febrero de 2026. Las tres primeras entregas de la edición, en versiones escrupulosamente articuladas, daban aviso ya de las virtudes de este último disco.

Allá por el año 2000, el Minguet Quartett y el Auryn Quartett grabaron conjuntamente el famoso Octeto de cuerda en mi bemol mayor, op 20, para el sello tacet: ese fue el inicio de este gran proyecto Mendelssohn.

El CD 2

En 2009, el Minguet Quartett se dedicó por primera vez e intensamente a los cuartetos de cuerda de Felix Mendelssohn. Tras una pausa considerable, le siguieron en su segundo CD, los op 12 y 81, así como el cuarteto en mi bemol mayor de 1823, que no se publicó hasta después de la muerte del compositor.

Ulrich Isfort (violín), Annette Reisinger (violín), Aroa Sorin (viola) y Matthias Diener (violonchelo) demuestran aquí una vez más por qué están situados entre los mejores del mundo. Mendelssohn, a menudo menospreciado, es tomado en serio en este disco. Lo que a menudo se interpreta como música ligera de calidad, se muestra en esta placa como música culta de alto valor. Los diálogos se desarrollan con un fraseo preciso, con numerosos cambios dinámicos y con rigidez rítmica.

Qué elegante resulta la Canzonetta. Allegretto – Più mosso de la op 12; qué resuelto el finale Molto allegro e vivace; qué duende se asoma en el Scherzo. Allegro leggiero en la menor de la op 81; y qué severa suena la Fuga. A tempo ordirnario en mi bemol mayor final. Todo tiene sentido y encaja musicalmente en el lugar adecuado, sin ser en absoluto espectacular a primera vista.

CD 1

Es increíble la perspectiva que se obtiene al yuxtaponer el Cuarteto n.º 2 en la menor, op 13, con el Cuarteto n.º 6 en fa menor, op 80, que refleja el profundo dolor del compositor tras la muerte de su hermana Fanny. Tras la brillante interpretación del Miguet Quartett, de gran importancia programática, es ante todo errónea cualquier opinión limitada sobre el compositor, pianista, organista y director, quien supuestamente se movía principalmente entre la ligereza del Romanticismo temprano y la polifonía barroca, en la dicha melódica y la elegancia de salón.

Por supuesto, no solo se deben ver estos dos cuartetos de cuerdas como evidencia de los estados emocionales y los mundos de anhelo de Mendelssohn, sino que también se pueden entender en su universalidad como una imagen individualmente moldeada de la condición humana misma, expresada en sonido.

Expresión

La naturaleza multifacética de su expresión musical se puede redescubrir a través de estas grabaciones, con su meticulosa atención al detalle e interpretaciones que van desde lo dolorosamente íntimo hasta lo deslumbrantemente intenso. Mendelssohn no fue solo la figura brillante de Sueño de una noche de verano y la Sinfonía Italiana, sino el hijo de una buena familia que se hizo famoso.

Incluso el segundo cuarteto de cuerdas de Mendelssohn, compuesto en 1827 después de la muerte de Beethoven cuando tenía 18 años, y salpicado de referencias temáticas a los últimos cuartetos de su muy temido modelo a seguir, expresa mucho más que el experimentalismo juvenil y el arrebatador cansancio del mundo.

Anhelo

El oyente asiste a un conflicto generacional menos sereno, pero encuentra a un Beethoven de mal humor que, con sus insinuaciones sobre el Andante de la Séptima Sinfonía, la Sonata nº 26 para piano "Les Adieux" y el Cuarteto en la menor op 132, parece intentar expulsar al diablo, solo para imponerse desafiantemente con una autocita de la canción Frage ("¿Es cierto? ¿Es cierto?" ). Asombra la increíble madurez y la profunda introspección del joven Mendelssohn en el segundo movimiento, su agitación interior y sus llantos, su anhelo por la esencia de su ser.

Abismos

El Miguet Quartett interpreta el final, apasionado, nervioso y desgarrador, con una fuerza particular y una intensidad cautivadora. Espíritus del bosque distorsionados y una furia descontrolada se alternan antes de que la obra concluya con una repetición de la lenta introducción, que culmina en humildad. La conciencia de los abismos de la existencia humana, una exploración intrépida de los límites, subyace a este cuarteto. Todo esto ya está contenido en su núcleo, anticipando lo que Mendelssohn desarrollaría posteriormente con mayor detalle y matices más oscuros en su Sexto Cuarteto de Cuerda, op 80.

En el último cuarteto de cuerdas en fa menor de Mendelssohn , compuesto entre la muerte de su amada hermana Fanny, de 41 años, en mayo de 1847 y su propia muerte en noviembre del mismo año en Suiza, el compositor parece estar revolcándose en un fango frío y fatídico.

Grito

El Miguet Quartett rompe con todas las certezas y seguridades con un Allegro assai que desgarra. Pinta el lamento estridente del segundo movimiento con una densa pintura negra. En contraste, el Adagio en la bemol mayor se presenta como una pausa lírica, un intento de, una vez más, mediante una canción sin palabras, hacer justicia a un dolor incontrolable de forma autoconjurativa. En el final, reminiscencias mágicas se transforman en una danza fantasmal de la muerte. El Minguet Quartett despliega una fuerza expresiva sin precedentes, sin temor a rendir homenaje sin concesiones a este último y primigenio grito de la música de Mendelssohn.

Mejores tiempos

Cuando Mendelssohn, de 28 años, compuso sus tres cuartetos de cuerda op 44 entre 1837 y 1838, su vida iba viento en popa. En el ámbito personal, 1837 fue el año en que se casó y 1838 el año en que nació su primer hijo (casualmente, al día siguiente de terminar el op 44 n.º 3 en mi bemol). En el ámbito profesional, llevaba dos años como director de la Orquesta Gewandhaus de Leipzig y acababa de cosechar un gran éxito con su oratorio Paulus (sobre la vida y la obra del apóstol Pablo), compuesto en 1836.

Así que tal vez no sea de extrañar que ambos contextos felices sean audibles en los cuartetos. Si el escucha se centra en los dos que presenta aquí el Minguet Quartett en el tercer disco compacto de su ciclo Mendelssohn, se nota de forma inequívoca la exuberancia totalmente jubilosa de la op 44 nº 1 en re (en realidad, en orden cronológico la última que compuso, pero que posteriormente colocó en primer lugar). Otro tanto ocurre también en la prominente parte del primer violín de ambas obras, porque el violinista que Mendelssohn tenía en mente no era otro que su amigo Ferdinand David, concertino de la Gewandhaus y más tarde dedicatario del Concierto para violín en mi menor.

Los cuartetos

Nada menos que Johann Wolfgang von Goethe diría una vez sobre el género del cuarteto de cuerda:

Se oye a cuatro personas sensatas conversando entre sí, se cree poder sacar algo de sus discursos y conocer las peculiaridades de los instrumentos.

Seguramente, el vate también habrá hablado de ello con Felix Mendelssohn Bartholdy, ya que el joven compositor visitó a Goethe varias veces en Weimar. Como Mendelssohn era alumno de Carl Friedrich Zelter, amigo de Goethe, el «niño prodigio» fue presentado en su casa de Frauenplan, en el casco antiguo de Weimar, con tan solo doce años. Un honor con el que otros músicos solo podían soñar.

Quizá este temprano encuentro con grandes personalidades fue el origen de la precocidad de Mendelssohn. También en la casa de sus padres en Berlín se reunían importantes poetas y pensadores. En los conciertos domésticos, las llamadas Sonntagsmusiken (músicas dominicales), tocaba con su hermana Fanny ante la élite intelectual de Berlín, entre la que se encontraban, además de músicos como Carl Maria von Weber y Louis Spohr, Clemens Brentano, Alexander von Humboldt y su hermano Wilhelm von Humboldt, así como Friedrich Hegel.

El Conservatorio de Leipzig

Todo en la vida del joven Mendelssohn giraba en torno a una educación exhaustiva. Nacido en Hamburgo, hijo de una familia de banqueros berlineses y nieto del filósofo Moses Mendelssohn, recibió una educación prusiana y protestante. Además de su formación musical, disfrutó de una educación humanística general. La música de cámara le acompañó toda su vida. Mendelssohn dominaba el violín y el piano desde su infancia. Tocaba con frecuencia con sus amigos, también durante su etapa como director musical municipal más joven de Düsseldorf, entre 1833 y 1835.

El único revés en su carrera se produjo cuando fue rechazado para el puesto de director de la Singakademie de Berlín en favor del mayor Carl Friedrich Rungenhagen, a pesar de que Mendelssohn había hecho historia en la música con la reposición de la Pasión según San Mateo de Bach en esta institución. Como director de la Gewandhaus de Leipzig, marcó el desarrollo cultural de la ciudad a partir de 1835 y fundó el conservatorio de Leipzig, la escuela superior de música más antigua de Alemania. Hoy en día esta institución lleva su nombre: «Felix Mendelssohn Bartholdy».

Obra de cámara

Además, trabajó para la corte de Berlín como director de orquesta real prusiano y cosechó éxitos en Inglaterra. Mendelssohn fue un músico universal que compuso en todos los géneros habituales de la época, desde la música para piano hasta la ópera, al igual que antes lo habían hecho Joseph Haydn, Wolfgang Amadé Mozart y Ludwig van Beethoven. Dedicó importantes obras a la música de cámara: además de tres cuartetos para piano, dos sonatas para violín y piano, así como otras dos para violonchelo y piano, tres tríos para piano, dos quintetos de cuerda, un sexteto para piano y un octeto de cuerda; compuso además siete cuartetos de cuerda.

Partitura en mano

Estos evolucionan desde las originales primeras obras, inspiradas en Ludwig van Beethoven, pasando por los magistrales cuartetos intermedios op 44, hasta llegar a las muy expresivas últimas obras op 80. En aquella época, el cuarteto de cuerda se consideraba el género rey de la música de cámara. Al principio, incluso se tocaba de pie. Su rápido auge se debió a los clásicos vieneses Haydn, Mozart y Beethoven.

Los conciertos con cuartetos de cuerda eran visitados principalmente por «conocedores», que ya tenían a mano partituras de estudio y las leían atentamente durante la interpretación. Desde la década de 1820, los cuartetos se publicaban en su mayoría en paralelo como partes individuales para los músicos y como partituras de bolsillo para los oyentes.

CD 3

Hay más detalles en las síncopas tensas de la versión del Cuarteto en mi menor op. 44 n.º 2, y mayor amplitud expresiva en la grabación, bellamente matizada, del Minguet Quartett. Entusiasma la interpretación densa, uniforme y conmovedora, que respeta lo que se entiende como las actitudes de Mendelssohn hacia sus antecesores clásicos y, por extensión, hacia los principios que subyacen a su propia música. En ellos las pasiones pueden ser más profundas cuando se contienen dentro de un marco formal. Era un purista de la entonación, y el Minguet Quartett, sabiamente, prioriza la precisión absoluta sobre el impulso precipitado en el charloteo del Scherzo. Allegro di molto. Demasiado frío para algunos, quizá, pero este es el Mendelssohn al que hay que tener en cuenta.

CD 4

Es bien sabido que Fanny Mendelssohn, una música consumada, acabaría eclipsando la prodigiosa carrera de Felix Mendelssohn. Entre sus composiciones, que incluyen numerosas melodías, su Cuarteto de cuerda en mi bemol mayor, escrito en 1834, revela una similitud de inspiración con la de su hermano. Su estructura en cuatro movimientos es bastante sorprendente. El Adagio ma non troppo, con su fraseo contenido, posee una genuina profundidad expresiva. El Allegretto, un scherzo que recuerda al de Felix, está adornado con pasajes animados y alegres, incluyendo una sección fugal.

La Romanza despliega una efusión de emoción, ciertamente romántica, pero supremamente controlada y teñida de cierta melancolía, cuyo desarrollo enriquece el tratamiento temático, coloreándolo con un trasfondo trágico. El final, Allegro molto vivace, es asertivo, casi fogoso, cada vez más brillante, particularmente exigente para el primer violín. El Minguet Quartett ofrece una versión para conjunto de cuerda que conserva el espíritu de la obra, reservándose el papel originalmente asignado al primer violín del cuarteto. Los contrastes están presentes, al igual que la generosidad inquebrantable, para esta interpretación memorable.

Grabación

Con sus cuartetos de cuerda Mendelssohn conectó con la música clásica, más precisamente con el género cuyo origen se atribuye a Joseph Haydn. Este había llevado el cuarteto de cuerda a sus primeras cumbres de riqueza sonora y, sobre todo, de densidad estructural en el desarrollo del material musical. Mendelssohn se inspiró en Haydn, así como en Mozart y Beethoven, en una obra como su Cuarteto de Cuerda nº 5, en mi bemol mayor, op 44 nº 3, en el que el desarrollo motívico-temático establecido por los compositores clásicos alcanza su máximo grado de perfección.

En su más reciente álbum, el Minguet Quartett ofrece no solo una interpretación bien estructurada y excepcionalmente homogénea, sino también una riqueza sonora sensible, cálida y casi orquestal, intentando hacer justicia al carácter "romántico" de la obra, pese a su orientación clásica.

Las grabaciones de los ingenieros de sonido Uwe Walter, en la iglesia de San Juan de Colonia-Klettenberg, y Robert F. Schneider, en la iglesia evangélica de Honrath producen una imagen muy presente con una excelente definición de las cuatro voces.

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