Los álbumes de cantatas de Johann Sebastian Bach suelen centrarse en una temporada litúrgica concreta o en un ciclo o periodo compositivo. Pero aquí Le Banquet Céleste (sello Alpha Classics, Outhere Music, France) se relanza, tras la marcha de su antiguo director Damien Guillon, con el violonchelo como corazón palpitante de la grabación que incluye la Cantata Mache dich, mein Geist bereit BWV 115, el Concierto para oboe d'amore en la mayor BWV 1055R, Ein neues Lied, suite instrumental de motetes (transcripción de Antoine Touche), y la Cantata Ich bin ein guter Hirt BWV 85.
Cada una de estas cantatas destaca dos instrumentos únicos: el violonchelo piccolo y el oboe d'amore, que también aparecen en el concierto asociado al programa. Los motetes de Bach se reinterpretan aquí en forma de sonata instrumental.
Esta transcripción (práctica común en la época) transforma las virtuosas líneas vocales en un fresco orquestal que restaura la conmovedora expresividad y la riqueza contrapuntística de esta música.
Instrumentistas y cantantes expertos en este repertorio le dan vida en una interpretación de música de cámara fiel a la identidad de Le .
Julien Barre forma parte de un nuevo equipo artístico «colectivo» y esta grabación enmarca la gran Suite para violonchelo n.º 6 de cinco cuerdas con dos cantatas en las que destaca el violonchelo piccolo, un instrumento que ha suscitado diversas teorías sobre su procedencia y fisonomía, y ofrece una poesía virtuosa y suave en nueve cantatas de la obra de Bach, todas ellas pertenecientes a su colección de cantatas corales de 1724-25.
Así es como Le Banquet Céleste continúa su exploración de estas cantatas bachianas, siempre con el objetivo estético de reunir a cantantes e instrumentistas en una visión muy “de cámara” de la música.
Tras establecerse en Leipzig en 1723, Bach tuvo que componer cantatas a un ritmo frenético para las dos principales iglesias de la ciudad. Esta efervescencia creativa dio origen a obras maestras que han perdurado en el tiempo, dando testimonio del genio del Kantor y revelando su excepcional dominio del contrapunto y su abisal profundidad espiritual y humana.
Puede parecer una combinación extraña, cantatas y la suite profana para violonchelo, aunque los artistas no necesariamente ven a esta como una producción completamente no sacra. Se podría argumentar que, pese a lo omnipresente que era la religión en la sociedad de Bach, la distinción entre lo sagrado y lo profana pudo no haberse planteado realmente.
Voces por parte
La suite para violonchelo está bien interpretada por Julien Barre. Tal vez la Allemande y las Gavotas deberían haber sido tocadas un poco más rápido. Mas el instrumento tiene un timbre magnífico, lo que hace que el uso de un violonchelo de cinco cuerdas sea una elección convincente. Puede ser que no eclipse a otras interpretaciones históricamente precedentes, pero está muy bien ejecutada y el tono que proyecta es bastante agradable en todo momento.
Los solistas vocales de esta producción incluyen a la soprano Céline Scheen, al contratenor Alexander Chance, al tenor Thomas Hobbs (casi un especialista ya en Bach) que hace uso del vibrato; y el bajo Benoît Arnould, El álbum se basa en una asociación de voces por parte, en lugar de usar un coro.
Arnould abre con la primera aria de BWV 85 y también emplea vibrato; la segunda aria, con el violonchelo, la canta Chance, quien usa asimismo vibrato. La más lograda es la de Chance, donde se percibe en las notas más largas, aportando calidez al sonido de su voz clara. El tenor tiene un recitativo y un aria. La velocidad con la que vibra su instrumento vocal, es un poco más rápida que la de los demás. En cualquier caso, las voces se mezclan bien en los dos movimientos corales.
El inicio de BWV 115 es colorido, con la inclusión de instrumentos de lengüeta doble y flauta. El equilibrio en la grabación entre los instrumentos y los vocalistas es bueno. Los vocalistas suenan integrados a los instrumentistas, lo cual es agradable de escuchar.
Ese equilibrio se rompe quizá un poco en la primera aria, cantada con seguridad por . Su enfoque es afectivo, conteniendo el vibrato lo suficiente en las palabras clave, y utilizándolo para intensificar el texto. El enfoque en cada solo, comenzando con este, consiste en dar prioridad al solista, lo que da como resultado que las voces tengan más fuerza y claridad que los instrumentos. El recitativo del tercer movimiento, a cargo de , está bien logrado.
El movimiento estrella de esta cantata es el dúo entre flauta y violonchelo en un aria para soprano, interpretada muy lentamente. El tempo empleado subraya el encanto de la pieza. El tono oscuro de la flauta, tocada por Jean Bregnac contra el violonchelo piccolo, crea una magnífica combinación sonora. El coro final recupera la mezcla de instrumentos y voces estrechamente integradas.
En cuanto a esta grabación, realizada por el ingeniero de sonido Olivier Rosset, en términos de pureza y claridad continúa la excelente tradición de otras grandes producciones conocidas hasta la fecha. Las contribuciones instrumentales son siempre contundentes y el enfoque de una voz por parte ofrece la máxima diafanidad vocal.
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