Artes visuales y exposiciones

Lalique tenía el don de hacer que el mundo se estremeciera ante la belleza.

Juan Carlos Tellechea
Diadema Cattleya Diadema Cattleya © 2025 by Museo Lalique
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No muchos lo saben. La localidad de Wingen-sur-Moder, de poco más de 1 500 habitantes, en Alsacia (Francia) no se encuentra precisamente en la ruta turística principal. Ruinas de castillos y pueblos poco poblados caracterizan su paisaje. La tradición del soplado de vidrio en esta región data de siglos. Sus ventajas naturales y logísticas atrajeron en 1921 al modernista René-Jules Lalique y le llevaron a establecerse aquí.

Trabajo y astucia

Lalique, nacido en Aÿ-en-Champagne en 1860, y quien comenzó su carrera como orfebre en París, fundó una fábrica de vidrio en la parte norte del macizo de los Vosgos que pronto alcanzaría gran fama. Aún existe hoy en día, gestionada por la familia Lalique, y tras un cambio de propietario hace unos años, ha recuperado su antiguo esplendor. Desde 2011, un impresionante Museo rinde homenaje a la obra de este indiscutible maestro joyero y vidriero francés.

Artista excepcional y astuto industrial, René-Jules Lalique es considerado uno de los impulsores del art déco. Tras una exitosa carrera en la creación de joyas de estilo art nouveau, se dedicó al trabajo del vidrio, produciendo jarrones art déco moldeados a presión en su fábrica de Wingen-sur-Moder, no lejos del museo.

La mayor muestra en España

La Fundación Barrié de A Coruña (Galicia) acoge en estos meses (del 26 de marzo al 12 de julio) una exposición titulada Lalique, la belleza en el art nouveau y el art déco, la mayor muestra organizada hasta la fecha en España sobre la obra de René Lalique.

Exquisito maestro artesano en ambos estilos, Lalique redefinió la relación entre arte, diseño e industria y marcó un antes y un después en la historia de esa concepción europea del cambio de siglo.

Joyas

Unas 300 piezas, entre joyas y objetos de cristal del Museo Lalique de Wingen-sur-Moder, con el apoyo de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa (Portugal), se exhiben en A Coruña en esta extraordinaria presentación comisariada por la directora de esa institución francesa Véronique Brumm Schaich.

La muestra, acompañada por un catálogo profusamente ilustrado, fue inaugurada por la directora de la Fundación Barrié,Carmen Arias, en presencia del director de la Fundación Calouste Gulbenkian, Xavier F. Salomon, la presidenta del Museo Lalique, Gabrielle Rosner-Bloch, la directora Brumm Schaich, y Vera Mariz, conservadora del Museo Calouste Gulbenkian.

Piezas delicadísimas

Fascinado por tres temas centrales —la flora, la fauna y la figura femenina— las composiciones caprichosas y líricas de Lalique, realizadas en una variedad de materiales —oro, piedras semipreciosas, esmalte y vidrio—, son la perfecta representación de la época anterior al art déco de finales del siglo XIX.

Una de sus figuras predilectas es el de las Hirondelles (golondrinas). Pero también libélulas, frambuesas, anémonas de bosque o violetas son algunas de las referencias que inspiraron a Lalique y que, delicadísimas, aparecen representadas en broches, diademas o gargantillas.

Formación

La habilidad de Lalique como dibujante se manifestó a temprana edad. Mientras estudiaba en el Lycée Turgot, en las afueras de París, recibió su primer premio de dibujo a los 12 años. La formación como joyero fue triple. Inicialmente, fue aprendiz del joyero y artesano parisino Louis Aucoc, mientras estudiaba simultáneamente en la Escuela de Artes Decorativas de París.

Poco después, en 1878, se trasladó a Londres y estudió durante dos años en la Escuela de Arte Sydenham, en Crystal Palace. Fue allí donde el floreciente movimiento Arts and Crafts ejerció una enorme influencia en el joven diseñador.

En 1881, Lalique ya tenía la suficiente experiencia como para comenzar su carrera como diseñador independiente, trabajando, entre otros, para Boucheron y Cartier. Más tarde, se convertiría en rival de estas dos icónicas casas de joyería de moda.

Crisoberilos y heliotropos

Fue durante esta época cuando el estilo guirnalda alcanzó su mayor popularidad entre la élite parisina. Se pusieron de moda grandes ramilletes, broches, petos y tiaras que imitaban ramos de flores o ramilletes de follaje.

Lalique adoptó esta tendencia en cierta medida, pero también incorporó una narrativa figurativa, mítica y de cuento de hadas a sus joyas, y renunció al uso predilecto de grandes diamantes en favor de piedras como la turmalina, el crisoberilo, la cornalina y el heliotropo, combinadas con coral, marfil, esmalte y vidrio.

Mecenazgos

En 1890, Lalique ya contaba con su propio taller y atelier, y una plantilla de 30 personas. El mecenazgo de la actriz Sarah Bernhardt a mediados de la década de 1890 la llevó a lucir espectaculares joyas de escenario diseñadas por él.

En 1896, durante una velada de celebración para conmemorar los 30 años de Bernhardt como actriz, cada invitado recibió una medalla de plata grabada por Lalique con su imagen.

Bernhardt presentó a Lalique a un acaudalado coleccionista de arte portugués, el ingeniero y empresario Calouste Gulbenkian. Este le encargó 145 objetos de joyería entre 1895 y 1912, liberando a Lalique de preocupaciones financieras y permitiendo que su creatividad floreciera.

Cambio radical

Una exposición de su obra en la Exposición Universal de 1900 se considera la cúspide de su carrera como joyero; ese mismo año fue condecorado con la Legión de Honor en grado de Oficial. Menos de diez años después, el enfoque de Lalique cambiaría; abrió una fábrica de vidrio en Combe-la-ville, cerca de París, en 1909, y realizó su último desfile de joyería en 1912.

Los grandes encargos arquitectónicos y de interiores, así como los objetos decorativos, se convertirían en su principal producción creativa: desde la decoración del tren Pullman Express de la Costa Azul hasta el diseño de puertas de vidrio para la residencia del nefasto príncipe Yasuhiko Asaka en Tokio, y las (ahora icónicas) mascotas de vidrio diseñadas para ser montadas en la parte delantera de los automóviles.

Las guerras

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, la producción de vidrio de Lalique pasó de ser puramente decorativa a práctica, suministrando cristalería de laboratorio para hospitales y recipientes para la fabricación de productos farmacéuticos.

En 1921 se inauguró una fábrica aún mayor en Wingen-sur-Moder, y para 1930 contaba con más de 600 artesanos. La ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial provocó el cierre de la fábrica, que no reabriría hasta después de la guerra; lamentablemente, Lalique no llegó a verlo, ya que falleció el 9 de mayo de 1945 .

Diseños y obras

Gracias al encuentro de las colecciones conservadas en las instituciones alsaciana y lisboeta, es posible recorrer la trayectoria de René Lalique, primero como joyero y luego como maestro vidriero. Lo que resulta más inédito es que los dibujos y sus correspondientes obras puedan ser admirados simultáneamente por el público en la exhibición, desde la inspiración hasta la realización.

René Lalique, «Broche Máscara y plumas de pavo real». Museo Lalique, depósito Shai Bandmann y Ronald Ooi. © 2025 by Studio Y. Langlois.René Lalique, «Broche Máscara y plumas de pavo real». Museo Lalique, depósito Shai Bandmann y Ronald Ooi. © 2025 by Studio Y. Langlois.

Véronique Brumm Schaich afirmó que:

La Fundación Barrié deseaba trabajar en la continuidad de las exposiciones ya propuestas en torno al diseño. Recurrió al museo Lalique para desarrollar este proyecto. Ya habíamos prestado obras en 2020 a la Fundación Gulbenkian para una bonita exposición dedicada a René Lalique. Por desgracia, la COVID no permitió que esta alcanzara la envergadura esperada. Pero las posibles conexiones y la complementariedad eran evidentes.

Diseños

En la exposición se abordan diferentes temáticas, como el uso de las joyas, la antigüedad, la fauna, la flora, la mujer… Pero también se destaca la diversidad de las creaciones de René Lalique, desde una estatua de bronce para la Exposición Universal de 1900 hasta un panel para el tren Côte d’Azur Pullman Express, pasando por bastones, espejos, una estola y un bolso. Véronique Brumm Schaich agregó:

Esperamos que, a través de este proyecto, despertemos la curiosidad y animemos a más españoles a descubrir a Lalique, despertando así su interés por venir a Alsacia para ver más, especialmente en lo que respecta al trabajo del artista con el vidrio.

Transparencias, opacidades

La visita al Museo Lalique de Wingen-sur-Moder en Alsacia es verdaderamente una experiencia única. Allí se puede apreciar en toda su magnitud lo que dijera una vez el cineasta Henri-Georges Clouzot sobre este indiscutible maestro del art nouveau y del art déco:

René Lalique tenía el don de hacer que el mundo se estremeciera ante la belleza.

A mediados de la década de 1920, Lalique se encontraba a la vanguardia del diseño comercial. Sus técnicas dieron origen a un estilo que celebraba los contrastes entre el vidrio transparente y el esmerilado. En ocasiones, se añadían pátinas (recubrimientos superficiales), esmaltes o zonas de vidrieras para lograr un efecto decorativo.

Aunque Lalique se dedicaba principalmente a crear piezas pequeñas y asequibles, ocasionalmente aceptaba encargos de diseño de interiores a gran escala. En 1928, fue elegido, entre otros diseñadores distinguidos, para decorar los referidos vagones del tren Pullman Express. El museo conserva uno de los paneles de ventana de Lalique, titulado Mirlos y uvas, que se utilizaba como separador entre compartimientos de los vagones y que muestra su característico estilo de vidrio transparente y esmerilado contrastante.

Las Bacantes

Uno de los objetos emblemáticos es el célebre jarrón Bacantes. En el museo se muestran las diferentes etapas en su proceso de fabricación que lleva más de 30 horas y en el que participan 25 trabajadores.

Después de 1925, Lalique introdujo una gama de colores en sus colecciones comerciales. El ámbar amarillo del jarrón Bacantes fue elaborado, utilizando óxidos de hierro en la masa de vidrio. El diseño de la figura se adaptó y reutilizó en otras obras. El tema de las Bacantes refleja la predilección del art déco por la iconografía clásica.

Espíritu del viento

A finales de la década de 1920 y principios de la de 1930, Lalique también dejó su huella como diseñador de mascotas para automóviles, entre otros de la marca Bugatti, fabricados también en Alsacia. Precursora de los modernos adornos de capó, la mascota era un pequeño elemento decorativo, a menudo colocado en el tapón del radiador.

Su Espíritu del Viento, en vidrio fundido, rebosa estilo art déco. Símbolo de velocidad, el llamativo efecto del cabello al viento de la mascota captura a la perfección el dinamismo de la era de la máquina.

Marca

Lalique es un nombre deslumbrante de una época muy anterior a la acuñación del concepto moderno de diseño. El deseo de someter objetos y espacios, más allá del ámbito de las artes visuales, a una estética específica estaba sin duda presente.

René Lalique dominó el arte de crear objetos bellos —joyas, muebles, iluminación, mascotas para radiadores de automóviles— y, al mismo tiempo, se promocionaba a sí mismo como una marca.

Centenario

Nada refleja esta conexión con mayor claridad que el trabajo de Lalique para las principales compañías de transporte de su época: las French Lines, que enviaban transatlánticos desde Le Havre, y los vagones salón del Pullman Express Côte d'Azur, que llegaban a la costa mediterránea de la noche a la mañana desde la capital, un logro extraordinario para la época.

El Museo Lalique reúne estos diseños en su muestra permanente, pero también los presenta en exposiciones especiales, como la celebrada en 2025 con motivo del centenario del art déco.

Tras el fin de los grandes movimientos migratorios, las compañías navieras encontraron un nuevo campo de actividad y los viajes entraron en una dimensión diferente y moderna. No es casualidad que la palabra francesa para tumbona (transat), de uso común hoy en día, se acuñara en este contexto. Las tumbonas llenaban las cubiertas de esos colosos oceánicos.

Transatlánticos

Con la llegada de los cruceros de lujo que cruzaban el Atlántico, viajar se convirtió en un arte. Lalique et l'art du voyage (Lalique y el arte de viajar) fue, por lo tanto, el título de la exposición del año pasado, que, si bien era manejable en tamaño, estaba presentada de forma vívida e informativa.

Las creaciones de Lalique para los grandes cruceros del Atlántico, como el Ile-de-France (1927) y el Normandie (1935), demuestran de manera convincente la ambición estilística y la perspicacia comercial del diseñador del art nouveau y el art déco.

Lámparas

Para cuando realizó sus primeros diseños, Lalique ya estaba consolidado como artista del vidrio. Sin embargo, en este nuevo campo, fue ascendiendo gradualmente a áreas más prestigiosas con cada nuevo encargo para uno de los grandes barcos de las French Lines.

Inicialmente, diseñó las lámparas para un salón. Para el Normandie, el barco más grande, rápido y lujoso de su época, diseñó monumentales jarrones con forma de llama para el comedor a mediados de la década de 1930.

Estas no solo proporcionaban luz, sino que también estructuraban el espacio, junto con las decoraciones de pared de vidrio con respaldo de plata. Sus creaciones ampliaban la percepción del espacio donde antes solo había una pared plana.

Mimos

En el mundo de los barcos de lujo, los pasajeros eran mimados con todas las comodidades imaginables; incluso los dueños de perros podían elegir un menú especial para sus mascotas, sin mencionar las áreas designadas donde los amigos de cuatro patas podían hacer sus necesidades, bajo las farolas parisinas originales. Para los perros anglosajones, en cambio, eran imprescindibles los hidrantes de incendios.

Codiciados

Los diseños para el Normandie también ejemplifican la colaboración de René Lalique con su hija Suzanne. Él aportaba los elementos de vidrio para los salones de algunas suites exquisitas, mientras que Suzanne Lalique diseñaba la decoración de la vajilla con escamas de pez estilizadas. Como es de suponer, cualquiera que se hubiera alojado y cenado con muebles y vajillas de Lalique durante su costoso viaje por mar probablemente también deseaba tenerlos en casa.

René Lalique también tuvo éxito con sus diseños para sedanes y sus mascotas de radiador para esos turismos. La exposición permanente se deleita con objetos de colección. Además de fotografías y algunos carteles originales de las legendarias French Lines, equipaje y otros accesorios de viaje, la presentación muestra maquetas, vajillas originales, elementos de cristal y numerosas mascotas de radiador.

Creaciones propias

Un compartimento de tren, probablemente encargado por el propio René Lalique para asistir a ferias comerciales, transmite la sensación de confort que disfrutaban los viajeros en los vagones-salón del legendario Pullman Express Côte d'Azur. Para ello, Lalique creó peculiares revestimientos de pared con incrustaciones de plata y paneles de vidrio brillante.

Lo que muchos no saben tampoco es que René Lalique, en realidad, se consagró sobre todo al vidrio. Tras su fallecimiento en 1945, su hijo, Marc Lalique, toma el relevo e introduce el uso del cristal, que contiene plomo. A la fecha, la fábrica Lalique (que ya no pertenece a la familia Lalique) sigue produciendo objetos de cristal, y también se encuentra en Wingen-sur-Moder, no muy lejos de este museo. En ella trabajan 300 personas, entre hombres y mujeres.

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