es una de esas obras que siempre funcionan en taquilla (la Philarmonie de París lo presenta dos veces esta misma temporada) 1. Así que la sala está prácticamente llena. Requiere sin embargo de conjuntos coral e instrumental de mucho calado así como de un cuarteto de primeras espadas del canto. Y de un director con garra. Todo había sido reunido para la ocasión.
El italiano Gianandrea Noseda al podio, es una mezcla de elegancia y de pasión que contagia a todos los intérpretes. Noseda brinca, alienta, marca el compás, aviva, empuja, dibuja el sonido, jalea, canta. La Orquesta de la Ópera de Zurich lo sigue infatigable y dúctil. Bonito sonido el de las cuerdas, brillantes los metales (en particular en ese juego de llamadas en que Noseda ha decidido que algunas trompetas se sitúen en el fondo de la sala).
El coro, potente por el número de coristas pero también por lo bien timbradas que son sus voces. La cuerda grave masculina impresiona. Buen trabajo de comprensión, buen trabajo de preparación del susurro al grito.
En lo que concierne el cuarteto solista, David Leigh tiene un precioso timbre de bajo, con unos graves que alfombran su partitura (sus agudos, sin ser problemáticos, no tienen la misma calidad). El tenor Joseph Calleja se sigue distinguiendo por su muy hermoso color de voz, haciendo primar la delicadeza sobre la bravura, y si durante el «Ingemisco» es pillado en falta en alguna nota de pasaje, resuelve el agudo final con solvencia. En cuanto a la mezzosoprano, Agnieszka Rehlis, canta con intensidad, «vera mezzo verdiana», con agudos desafiantes y voz rotunda. Por su parte Marina Rebeka pone toda la carne en el asador, como es costumbre en ella, y libra una interpretación memorable por la adecuación con el texto, usando los reguladores para dar sentido y matizar, memorable también por la dulzura de su timbre, por lo certero de sus agudos, lanzados como dardos, por la implicación y la musicalidad. Brava.
En definitiva un Requiem de Verdi con toda su monumentalidad y toda su teatralidad. El público, entusiasta, no se cansa de aplaudir.
1. Es lástima que los programadores sólo se interesen por este Requiem, el de Mozart y el de Brahms. Siendo los tres magníficos, no son menos magnificas otras obras religiosas de Liszt, Gounod o Berlioz, por poner tres ejemplos de entre los muchos autores que cultivaron el género.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios