Alemania

Los experimentos, ¡con gaseosa!

Juan Carlos Tellechea
Der Freischütz, régie de Tatjana Gürbaca
Der Freischütz, régie de Tatjana Gürbaca © 2028 by Martin Kaufhold
Essen, sábado, 4 de abril de 2026.
Gran sala del Aalto-Musiktheater Essen. Der Freischütz (El cazador furtivo), ópera romántica en tres actos con música de Carl Maria von Weber y libreto de Friedrich Kind, basado en Johann August Apel y Friedrich Laun: un cuento de la antología “Gespensterbuch” (El libro de los fantasmas) (1811), estrenada en la Schauspielhaus (hoy Konzerthaus am Gendarmenmarkt, en el centro) de Berlín el 18 de junio de 1821 bajo la dirección musical del propio compositor. Régie Tatjana Gürbaca. Escenografía e iluminación Klaus Grünberg. Vestuario Silke Willrett. Dramaturgia Svenja Gottsma. Reparto: Ottokar, príncipe reinante bohemio, (Tobias Greenhalgh), Kuno, jefe de los guardabosques (Karel Martin Ludvik), Agathe, su hija y prometida de Max (Irina Simmes), Ännchen, su joven prima (Natalia Labourdette), Kaspar, primer mozo de caza (Heiko Trinsinger), Max segundo mozo de caza (Alejandro del Ángel), Un eremita (Baurzhan Anderzhanov), Kilian, un rico campesino (Sono Yu), Dos damas de honor (Younghui Seong/Natacha Valladares), Samiel, el cazador furtivo (papel hablado), cazadores, nobles, gentes del pueblo, espíritus del mal. Coro de la Ópera del Aalto-Musiktheater de Essen, preparado por Bernhard Schneider. Extras de la Ópera del Aalto-Musiktheater de Essen. Orquesta Essener Philharmoniker. Director Andrea Sanguineti. 100% del aforo.
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La obertura comienza con lentitud; pese al vigoroso esfuerzo físico, la tensión interna se mantiene inicialmente moderada. Esto cambia a lo largo de la velada, que Andrea Sanguineti dirige con apasionada energía y vitalidad, sin descuidar detalles ni ceñirse a tempos rígidos. Su marcada regularidad transforma el coro de cazadores, con su pegadiza melodía, en algo así como la parodia de un coro masculino convencional.

Con esta producción de Der Freischütz (El cazador furtivo), con la régie de Tatjana Gürbaca, el Aalto-Musiktheater de Essen se une a la lista de escenarios que, en los últimos años, han subido a cartel puestas ambiciosas e interpretaciones complejas para afirmar y reafirmar la ópera de Carl Maria von Weber como una obra de arte contemporánea.

Ni alquimia ni supersticiones

Max (excelente, el tenor Alejandro del Ángel), el joven cazador, desearía volver a vagar por los bosques y prados. Pero en el escenario del Aalto-Musiktheater de Essen, el bosque se ha marchitado hasta convertirse en una rama solitaria, seca y estéril. Los prados yacen tras una lúgubre plaza, rodeados por las siluetas negras de las casas. No hay salida, como si el mensaje estuviera anotado con tiza en la pared. El nombre de DIOS (“GOTT”) está escrito a la inversa en uno de los muros, junto a una cruz.

«Der Freischütz», régie de Tatjana Gürbaca. © 2026 by Martin Kaufhold.«Der Freischütz», régie de Tatjana Gürbaca. © 2026 by Martin Kaufhold.

Así que la humanidad también le ha dado la espalda, aquellos que, dizque "con bondad y amor", se entregan con regocijo a la abyecta violencia, a las repugnantes orgías homosexuales en grupo (o a las violaciones de menores en las iglesias). Ninguna fórmula alquímica ni fetiche mágico ni superstición ofrece alivio: las hileras de cruces, una detrás de otra, para atormentar al diablo; los trozos de animales clavados en la pared no desatan poderes salvadores. Y el mal habla primero colectivamente, antes de decir “aquí estoy” desde un ser que, vestido de blanco, se consideraría el epítome de la inocencia.

Un bosque

En el Aalto-Musiktheater de Essen, Tatjana Gürbaca ha transformado la ópera romántica El cazador furtivo en una distopía sin esperanza de la que nadie puede escapar. La cruz en la pared, en la que primero Max aparece expuesto y luego Agathe (excelsa, la soprano Irina Simmes) aparece hechizada, es símbolo de pasión, pero no de salvación. Los personajes repiten sus traumas, su culpa no reconocida, sus tormentos ocultos. Si bien el libreto de Friedrich Kind establece parámetros temporales, la directora busca una relevancia atemporal dentro de la narrativa de la ópera.

Sin embargo, este concepto se expresa con mayor eficacia en el vestuario, para el cual Silke Willrett enfatizó la "permeabilidad entre diferentes épocas". El diseño escénico de Klaus Grünberg es menos impresionante. Consiste en maquetas planas de casas de color gris ratón, sobre las que se puede garabatear con tiza a voluntad, como en un jardín de infantes. El telón de fondo se completa con una estructura colgante a la altura del escenario que sugiere algo parecido a un bosque.

Escenas pictóricas

La Ännchen de la soprano Natalia Labourdette, muy aplaudida al término de la representación, adquiere profundidad escénica a los pocos segundos de aparecer en el primer acto. Su voz de una amplitud notable, ya sugiere papeles de mayor calibre y se adapta asimismo a los pasajes irónico-dramáticos que vinieron más adelante.

La Guerra de los Treinta Años es solo una de tantas. La latente persistencia de las muertes influenciadas por el denominado “amor a la patria”, incluso extendiéndose a las atrocidades nazis, recibe un énfasis bastante incidental cuando Ännchen adorna con descaro el retrato de su antepasado con un aspecto a lo Hitler.

«Der Freischütz», régie de Tatjana Gürbaca. © 2026 by Martin Kaufhold.«Der Freischütz», régie de Tatjana Gürbaca. © 2026 by Martin Kaufhold.

Las escenas pictóricas de los aldeanos y cazadores son demasiado numerosas para describirlas en detalle. Pero ya el joven Richard Wagner se sintió impactado por ellas y las llevó a sus propias óperas. Pero al menos unas breves palabras sobre la última escena. Primero se presenta el coro de cazadores, seguido de la cavatina de Agathe ante la compañía reunida, así como la balada de Ännchen sobre “Nerón”, el perro encadenado. Agathe cae en una depresión del suelo llena de agua (tal vez un intento de suicidio) y, completamente empapada, es rescatada justo a tiempo por Ännchen.

Tonalidades grisáceas

La Wolfsschlucht (Garganta del Lobo) no es un lugar lejano, sino el centro de una sociedad que ha ritualizado sus recuerdos reprimidos y se ve sacudida por ellos. La Biblia dice que los pecados de los padres serán vengados hasta la cuarta generación, y Gürbaca lo deja claro en escena: las fechorías se repiten una y otra vez, como en un alma traumatizada. Violencia y humillación en un ciclo sin fin.

Al final, en el tercer acto (el mejor logrado) algo parecido a un bosque bohemio regresa a través de una proyección lumínica sobre una cortina traslúcida. El escenario de Grünberg se sumerge en un ruido a rayas en verde, blanco y negro del que surgen y desaparecen imágenes y escenas como destellos de la memoria. Gürbaca destroza así la narrativa de un final feliz. Ya no importa quién o qué deposita su esperanza en quién. La salida es un camino que conduce a una distancia que se esfuma en tonalidades grisáceas.

Auschwitz

Detrás de ese cortinado sucede todo tipo de cosas curiosas con una iluminación cambiante en tono pardo, incluyendo la aparición del ermitaño (Baurzhan Anderzhanov), acompañado por un trío de cuerdas. Al final, rompe su libro de oraciones, pero un extra, con evidentes prejuicios, recoge las páginas. Así que probablemente toda la farsa religiosa continuará.

Tal vez termina todo en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, como sugiere Gürbaca en el programa de mano. El romanticismo como precursor del chovinismo alemán y, en última instancia, de dos pavorosas guerras mundiales, así como de la barbarie racista y antisemita del Holocausto, es la tesis que la directora sustenta en su producción y que insinúa con la proyección.

Agitación interior

Pero hay otra señal escénica: rosas blancas pueblan una corona al final: es una corona funeraria, que brilla con melancolía ante la boca oscura del escenario. La salvación no es posible en este mundo; quizá en el más allá, como sugiere esa ofrenda floral. Un hombre con un violonchelo hace una entrada silenciosa, pero sin duda de gran significado.

La figura más discreta en este mundo ominoso es Max, quien cree ver una vía de escape en el disparo de prueba que hace. Alejandro del Ángel evoca el recuerdo de una existencia despreocupada y su desesperación con devoción y libertad. En la Garganta del Lobo, Kaspar (impresionante el barítono Heiko Trinsinger), con sus manos ensangrentadas, extrae la bala mágica del cuerpo de Max, una imagen brutal de la agitación interior que impulsa al oscuro cazador.

Leise, leise

El rico registro baritonal de Heiko Trinsinger transmite el tono abisal de la amenaza, el brillo burlón de los brindis traicioneros y el sarcasmo desdeñoso de un hombre que, en la lucha por la supervivencia, ha perdido toda ilusión, excepto que Samiel pueda ofrecerle una salida y prolongar su tiempo.

Maximilian Schmitt (Max), Heiko Trinsinger (Kaspar) y Jessica Muirhead (Agathe)  en «Der Freischütz», régie de Tatjana Gürbaca. © 2026 by Martin Kaufhold.Maximilian Schmitt (Max), Heiko Trinsinger (Kaspar) y Jessica Muirhead (Agathe) en «Der Freischütz», régie de Tatjana Gürbaca. © 2026 by Martin Kaufhold.

Gürbaca enfatiza la relación triangular entre los dos hombres y Agathe, apenas insinuada en el libreto: Kaspar baila con ella al final de la primera escena; en Leise, leise (Suavemente, suavemente), Max y Kaspar emergen de las sombras de la hilera de casas para formar un trío surrealista con Agathe.

Insipidez escénica

Ella parece depositar su esperanza y salvación en Max, pues cuando todos sus "pulsos laten", hace la maleta, uno de esos símbolos que Gürbaca emplea con una abundancia desbordante de detalles, y que más tarde, en las "imágenes vivas" del final, simplemente abruman al público. Irina Simmes canta una Agathe ligera con un tono delgado y sensible, pero con una voz firmemente arraigada en el cuerpo como confirma en las notas agudas forzadas.

Kilian, con uniforme militar (vestuario atemporal Silke Willrett), cualquier cosa menos un campesino inexperto en el tiro, es interpretado magistralmente por el barítono Sono Yu con voz penetrante y estridente. Tobias Greenhalgh da voz enfática al príncipe, preocupado principalmente por su jabalí asado. Kuno (Karel Martin Ludvik) y el papel clave del final, el ermitaño, con una voz atractiva interpretada por Baurzhan Anderzhanov, están condenados a la insipidez escénica en este concepto.

Las damas de honor son un grupo de mujeres monótonas, rígidamente vestidas y agresivas, de las que emergen Younghui Seong  y  Natacha Valladares en interpretaciones en solitario.

Musicalmente sobresaliente

Con el coro de la Ópera del Aalto-Musiktheater Essen, muy bien preparado por Bernhard Schneider, y los extras de la misma casa, se ha hecho un trabajo magnífico en esta reposición: la exuberante puesta en escena de la Garganta del Lobo y los rápidos cambios de posiciones en las escenas finales funcionan a la perfección. El coro está en plena forma.

El estreno en diciembre de 2018, tuvo lugar bajo el entonces director musical general de Essen, Tomáš Netopil. Para la reposición, su sucesor, Andrea Sanguineti, está al frente de la Filarmónica de Essen que interpreta maravillosamente la obra. El público puesto espontáneamente de pie en la sala, ovacionó a los cantantes y al director, a la vez que no ocultaba (dentro y fuera, en los pasillos del teatro) su frustración con el equipo de producción. No le faltaba razón, sobre todo en los dos primeros actos con sus repulsivas e inconducentes escenas de sexo explícito.

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