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Beethoven, String Quartets, Op. 59 Nos 1 & 2, Chiaroscuro Quartet

Juan Carlos Tellechea
Beethoven, String Quartets, Op. 59 Nos 1 & 2, Chiaroscuro Quartet
CD Beethoven, String Quartets, Op. 59 Nos 1 & 2, Chiaroscuro Quartet (label BIS). Alina Ibragimova & Charlotte Saluste-Bridoux (violins), Emilie Hörnlund (viola), Claire Thirion (cello). Ludwig van Beethoven, Streichquartett Nr. 7 F-Dur op. 59 Nr. 1 "Rasumowsky-Quartett 1". Streichquartett Nr. 8 e-moll op. 59 Nr. 2 "Rasumowsky-Quartett 2" Total time: 77:31. Recording 12th - 16th January 2025 at Wyastone Concert Hall, Monmouth, UK. Sound engineer Oscar Torres. BIS-2688 P & C 2026 BIS Records AB, Sweden.
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El Chiaroscuro Quartet acaba de alcanzar la cuarta etapa de su proyecto para grabar todos los cuartetos de cuerda de Ludwig van Beethoven. En su más reciente álbum (sello BIS, de Suecia), las cuatro músicas presentan dos de los llamados Cuartetos Razumovsky. El Chiaroscuro Quartet no ha escatimado sorpresas ni placeres desde la primera entrega del ciclo de Beethoven en 2021. Primero llegó el conjunto de obras tempranas, op 18, repartido en dos volúmenes (diciembre de 2021 y mayo de 2022). Después vino una ingeniosa combinación del Cuarteto Arpa, de la época intermedia, con el op 130, de la fase tardía (enero de 2024).

Mas ahora regresa a la programación secuencial para el cuarto volumen, que ofrece los dos primeros de los tres cuartetos Razumovsky, escritos en 1806 para el embajador ruso en Viena y violinista aficionado, el conde Andrey Kirillovich Razumovsky. El encargo era que los cuartetos presentaran «melodías rusas, reales o imaginarias».

Nueva era

El contexto —Rasumovsky aparentemente no los concibió para sí mismo, sino para el cuarteto profesional al que apoyaba, dirigido por el amigo de toda la vida de Beethoven, Ignaz Schuppanzigh— permitió al genial compositor total libertad para crear obras de una duración y dificultad sin precedentes. Es posible que haya sido el violinista Schuppanzigh, quien inspirara a Beethoven a crear este ambicioso ciclo de cuartetos.

No cabe duda de que este es Beethoven llevado al límite, lo cual a veces puede resultar agotador, pero siempre es fascinante. Esa fue también la experiencia del público que escuchó por primera vez en 1807 estos Cuartetos de cuerda de Beethoven. Las piezas fueron recibidas con incomprensión e incluso descritas como "un mosaico de locos"; hoy se consideran hitos de la música de cámara y el comienzo de una nueva era para el cuarteto de cuerdas.

Reprimenda

A juzgar por estas reacciones, Beethoven ya sospechaba que se había adelantado a su tiempo. Con sus tres cuartetos op 59 abrió nuevos caminos artísticos. Con estas obras, liberó finalmente al género de la atmósfera íntima de los salones aristocráticos y lo introdujo en las salas de conciertos públicas. Sin embargo, su audaz lenguaje musical, su amplitud formal y su radicalismo expresivo inicialmente abrumaron a muchos contemporáneos.

Como solía ocurrir cuando se estrenaban nuevas obras de Beethoven, los músicos se quejaban de las exigencias del compositor, tanto técnica como intelectualmente. Al compositor no le hacían ninguna gracia estas críticas y llegó a reprender duramente a su íntimo amigo Ignaz Schuppanzigh:

¿Acaso cree usted que estoy pensando en su miserable violín cuando me habla el espíritu?

Un gran arte

Esta nueva grabación de los cuartetos a cargo del Chiaroscuro Quartet le da la razón a Beethoven. 

En realidad, cualquier crítica a los dos primeros cuartetos, op 59 números 1 y 2, era simplemente impensable, dada la riqueza de ideas y audacia de estas dos obras, en las que cada uno de los ocho movimientos conforma esencialmente su propio universo en miniatura. No solo extraer su riqueza respectiva, sino presentarla con todos los recursos a su alcance de tal manera que el oyente se sienta casi abrumado con solo escucharlas, es un gran arte.

Paisajes sonoros

El Chiaroscuro Quartet lo domina como casi ningún otro conjunto. Lo que aguarda al oyente asombrado en los 77 minutos de la grabación se hace evidente desde los primeros compases (I. Allegro) del Cuarteto en fa mayor, interpretado con sus instrumentos italianos del siglo XVIII. Gracias a los matices dinámicos y los movimientos de zum, el pulso idílico se asienta sobre una base aparentemente pacífica: todo podría desmoronarse en cualquier momento.

O si se considera la apertura engañosamente celestial del Adagio molto e mesto, donde las notas individuales se fusionan en un pálido conjunto de acordes que recuerdan las melancólicas fantasías de viola da gamba del Renacimiento inglés. Ocho etapas sonoras similares se suceden, culminando en el Finale. Presto, extrañamente alegre, del Cuarteto en mi menor. Apenas se desvanece la última nota, el escucha debe comenzar esta grabación de nuevo desde el principio porque reconoce al instante que estos paisajes sonoros tienen mucho más que ofrecer.

Grabación

Este logro interpretativo se complementa con un triunfo técnico. Las grabaciones del ingeniero de sonido Oscar Torres en el Wyastone Concert Hall de Monmouth, Reino Unido, fueron todo un acierto; presentan una notable consistencia en cuanto a inmediatez, profundidad y claridad.

Se prioriza una amplia escena sonora, lo que permite distinguir perfectamente cada voz, apreciar plenamente la interacción entre los instrumentistas, la multitud de acentos e indicaciones agógicas, la extraordinaria gama de colores tonales y las variaciones de intensidad, desde el pianissimo más delicado hasta el forte más enfático. La plasticidad de la reproducción del sonido es ejemplar: un sonido cálido, refinado y natural. ¡Un tesoro!

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