La legendaria violinista , varias veces galardonada internacionalmente, disfruta de las pasiones rápidas e impredecibles de la música grabada en este CD, que marca su debut en el sello Pentatone y rinde homenaje a Robert y Clara Schuman. El disco, ''Midori, Schumann Violin Concerto & Works for Violin and Piano by Clara and Robert Schumann. Festival Strings Lucerne, Daniel Dodds, Özgür Aydin (piano)'', ha salido al mercado hace unas semanas.
No hay nada cómodo en sus interpretaciones del Concierto para violín en re menor WoO. 23, de Robert Schumann, que es como debe ser. Músicos de renombre han intentado otrora convertirlo en un modelo a poner en boga, pero en todo momento la escritura de Schumann se resiste a las convenciones virtuosas del Romanticismo temprano.
En el folleto que acompaña al álbum, Midori afirma que:
Al preparar este álbum, busqué no solo honrar el contexto histórico y musical de estas obras, sino también compartir con los oyentes los aspectos profundamente humanos de la música tardía de Schumann: la intimidad, la lucha y los momentos de frágil esperanza. Desde el lirismo sencillo de Clara hasta la introspección lírica y el humor de inspiración folk de Robert, junto con la profunda carga emocional, este repertorio ofrece un viaje a través del anhelo personal y musical. Al escuchar atentamente, uno se enamora de cada una de estas piezas, invitándonos a explorar las múltiples razones de nuestra existencia: amar, sufrir, crear y vivir en un mundo cruel; absorber y, a veces, infligir daño; amar la música por su consuelo, reconociendo que no cura todos nuestros males, y aun así, tener esperanza; superar, ceder ante la belleza y la fealdad de vivir.
Al dirigir a la orquesta Festival Strings Lucerne, Daniel Dodds, se permite un espacio lúdico con un sonido límpido y diáfano. El movimiento lento presenta una de las melodías menos distinguidas de Schumann en el registro grave del instrumento, contra un suave fondo de cuerdas, pero Midori destaca especialmente la línea a seguir.
Los movimientos externos, más inspirados, sacan a relucir lo mejor de su carácter quijotesco y mercurial. Midori hace que esta polonesa torpe pero encantadora sonría junto con Daniel , que toma un derrotero menos rapsódico con un pulso más decidido.
El Concierto, compuesto en 1853, quedó sin ser publicado durante 84 años después de que Clara Schumann y Joseph Joachim cuestionaran su lugar dentro de su legado. Durante mucho tiempo nublado por su historia problemática y un estreno problemático en 1937, el concierto solo recientemente ha ganado reconocimiento como una obra tardía poderosa y distintiva, valorada hoy en día por su profundidad emocional y candor expresivo.
Excluyendo el precedente Concierto, las otras composiciones de Robert Schumann incluidas en esta grabación no fueron escritas originalmente para violín. La línea vocal de las Tres romanzas, op 94 (1849), originalmente para oboe y piano, se traduce maravillosamente a esta versión para violín y piano.
Las Cinco piezas en estilo popular, op 102 (1849), compuestas inicialmente para violonchelo y piano, también cobran nueva vida en el violín, revelando un humor rústico, ritmos populares y texturas juguetonas. Ambas obras reflejan su giro hacia la música de cámara íntima, personal y expresiva en los años previos a su declive final.
Al colocar estas piezas junto al concierto y los Romances de Clara crea un rico espectro de elocuencia emocional y diálogo. Los Romances de Clara ofrecen ternura y una esperanza claramente delineada.
En las Fünf Stücke im Volkston (Cinco piezas en estilo folklórico), op 102, la inspiración folclórica se fusiona con un lirismo apasionado. Habitan un mundo completamente diferente al de las demás obras de este programa y quizá representaron un mayor desafío para Schumann, ya que necesitó más de dos semanas para componerlas, considerablemente más tiempo que cualquiera de las otras obras. Se trata de movimientos de danza estilizados, algunos decididamente románticos (1. con humor, 4. ''Nicht zu rasch'', 5. ''Stark und markiert''), otros tiernos y melancólicos (2. ''Langsam'' y 3. ''Nicht schnell, mit viel Ton zu spielen'').
Aunque Schumann compuso este pequeño ciclo en abril de 1849, no lo publicó hasta 1851. Estas miniaturas adquieren su encanto especial, no solo de las maravillosas cantilenas, en particular en la tercera pieza, sino también de las influencias folclóricas húngaras, nórdicas y de otros países que Schumann incorporó y entrelazó en exquisitos diálogos. Como sugiere el título, su objetivo era estilizar la música en el sentido de un "folclore imaginario".
Las Tres romanzas para oboe y piano op 94, escritas al final del agitado año 1849, parecen estar inspiradas en el creciente interés de Robert Schumann por las leyendas antiguas, que culminó en sus baladas corales (incluida ''La maldición del cantante''), compuestas en la década de 1850. En la primera romanza (''Nicht schnell''), el tono del narrador suena decididamente arcaico, mientras que la melodía ingenua con la que comienza la segunda (''Einfach innig'') tiene ecos de la canción de una doncella de antaño.
Quizá se podría escuchar en la tercera (''Nicht schnell'') a un viejo sereno que llama a la acción a los soldados de una ciudad medieval, mientras que en la parte central una amante abandonada llora su pérdida. Tal vez sea un poco fantasioso imaginar una escena así, pero Schumann a veces está lleno de fantasía...
La intimidad de las Tres Romanzas para oboe y piano se hace evidente en el hecho de que Robert Schumann se las regalara a su esposa Clara, su musa. En la Navidad de 1849, le entregó su centésimo opúsculo, que posteriormente se publicó como op 94. Compuso las piezas en tan solo cinco días, entre el 7 y el 12 de diciembre de 1849. El género romántico aparece repetidamente en la obra de Schumann: como pieza o ciclo para piano (op 28), como movimiento instrumental intermedio (Sinfonía n.º 4) o como romance coral.
Los contemporáneos las clasificaron como pertenecientes al género "épico" y reconocieron en esto el principal logro de Schumann. En este contexto, no deben subestimarse las Romanzas para oboe. El título alude a las romanzas más extensas de Schumann, especialmente al movimiento lento de la Cuarta Sinfonía. La elección del oboe y las tonalidades de la menor/la mayor hacen que el op 94 aparezca como una contraparte de música de cámara para este movimiento orquestal.
La compositora y pianista , de soltera , fue la creadora o la intérprete elegida de muchas de las obras de su marido, entre ellas la Sonata n.º 1 en la menor, op 105, de 1851. Las Tres Romanzas para violín y piano, op 22, la última obra de cámara de ella, se mantienen a la altura de las composiciones de su esposo o del joven Johannes Brahms, amigo de la familia.
Si bien la obra está dedicada al violinista , el piano ocupa un lugar central, y la escritura, en general, presenta un tono íntimo. La primera Romanza, Andante molto, presenta una cálida frase de violín sobre un acompañamiento de piano elegantemente complementario que añade algunos detalles.
La segunda, Allegretto, "con un fluir tierno", es de una sinceridad hermosa. La última, “de apasionada velocidad”, despliega varias secuencias, fluidas al principio, dando paso a un intenso discurso violinístico para luego volver al tempo inicial.
Joseph Joachim, quien había estrenado la Sonata en re menor de Robert Schumann, llegaría a proclamarma como «una de las creaciones más hermosas de los últimos tiempos». Es difícil no estar de acuerdo con él al escuchar la apasionada interpretación de Midori y de Özgür .
Las Romanzas de Clara Schumann se leen con una intimidad agradable que realza la serena exquisitez de su escritura para piano sin intentar sobredimensionar la música. El ágil tempo adoptado por los intérpretes realza la sensación de dinamismo.
Este disco de cuatro obras es un sueño, pese a que la mayoría de las piezas no fueron escritas originalmente para los instrumentos de los intérpretes. Pero es una muestra del especial cuidado y la sensibilidad que Midori, Dodds, el pianista Özgür Aydin y la ponen en todo lo que interpretan; nunca hay sensación de torpeza o falsedad. El lirismo de Robert y Clara Schumann fluye hermosamente en cada frase. Los cambios de registro nunca desentonan y es un deleito puro escucharlo desde la primera hasta la última nota.
Las grabaciones son notables. La grabación del Concierto para violín y orquesta de Robert Schumann, realizada en la sala del Kultur -und Kongresszentrum Luzern (KKL) de Lucerna (Suiza), así como la de las otras obras para violín y piano en el Teldex Studio de Berlín (Alemania) por los ingenieros de sonido Wolfram Nehls y Max Molling presentan a los instrumentos muy cerca, en el centro de la escena sonora, y en un satisfactorio equilibrio con la orquesta, beneficiándose de una acústica ligeramente resonante, con una estabilidad entre las voces de una precisión exquisita.
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