Alemania

Conversación entre CPE Bach y WA Mozart

Juan Carlos Tellechea
Zofia Neugebauer
Zofia Neugebauer © 2028 by Sophia Hegewald
Viersen, jueves, 16 de abril de 2026.
Gran sala auditorio del Palacio de los Festivales de Viersen. Carl Philipp Emanuel Bach, Sinfonía en si menor Wq 182/5, Concierto para flauta en re menor Wq 22. Wolfgang Amadé Mozart, Concierto para flauta nº 1 en sol mayor KV 313, Sinfonía nº 13 en fa mayor KV 112. Deutsches Kammerorchester Berlin, Zofia Neugebauer (flauta), Gabriel Adorján (violín y dirección). 80% del aforo.
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Obras explosivas de Carl Philipp Emanuel Bach y Wolfgang Amadé Mozart -de quien se celebra este año el 270º aniversario de su nacimiento- fueron entregadas esta tarde en la gran sala auditorio de la Festhalle (Palacio de los Festivales) de Viersen por la Deutsches Kammerorchester Berlin, dirigida por Gabriel Adorján (primer violinista), y la flautista Zofia Neugebauer ante un público conmovido por la eclosión musical. Orquesta y solista se encuentran de gira por Alemania.

La vida y la carrera del segundo hijo superviviente de Johann Sebastian Bach y Maria Barbara Bach, nacido en 1714, abarcaron la época de Joseph Haydn, Wolfgang Amadé Mozart e incluso de un joven llamado Ludwig van Beethoven. Su música, que solo recientemente ha recibido el merecido respeto por su independencia y a menudo audaz originalidad, se erige como un tributo a la influencia de su padre y una proclamación de una nueva era, no solo de estilo, sino también del papel del compositor en su configuración.

Padre de todos nosotros

Las interpretaciones de la Deutsches Kammerorchester Berlin de los conciertos para flauta de C. P. E. Bach (Wq 22 en re menor) y de Mozart (nº 1 en sol mayor KV 313), con la solista Zofia Neugebauer, y dos sinfonías (Wq 182/5 en si menor, y nº 13 en fa mayor KV 112, respectivamente) fueron impecables. Captaron a la perfección el dramatismo y la riqueza emocional inherentes a estas obras, a la vez que ofrecieron algunas de las interpretaciones más nítidas y enérgicas que se puedan escuchar, aprovechando los timbres cálidos de las cuerdas, la resonancia de la flauta, así como la sutilidad y potencia, brillante y con cuerpo, de la formación de cámara.

El público siempre queda fascinado por las sorpresas que depara C. P. E. Bach, admirado profundamente por Mozart, quien le consideraba uno de los precursores más importantes de su propia música, al punto de afirmar:

Él es el padre; nosotros somos los hijos. Quien de nosotros sepa hacer algo bien, lo ha aprendido de él.

Magnífica interpretación

Los cambios abruptos de humor, de tempo, de armonía; las transiciones fluidas entre movimientos en las sinfonías; la manera absolutamente cautivadora en que construye su material hasta alcanzar clímax para luego dar un giro inesperado y comenzar de nuevo.

Los movimientos lentos son obras maestras del género: a este Bach no se le puede acusar de no saber cómo componer una melodía conmovedora, ni cómo lograr el máximo efecto. Y los movimientos rápidos son uniformemente e irresistiblemente emotivos, en todos los sentidos de la palabra.

Gran parte del mérito recae en la magnífica interpretación de todos los músicos: el último movimiento del Concierto para flauta en re menor Wq 22 (1780) que abrió la segunda parte de este recital) dejó sin aliento a la platea. Comienza con un Allegro en el que parece reaparecer una especie de ansiedad nerviosa, atenuada en cierta medida por la entrada de la flauta.

Sturm und Drang

El segundo movimiento, Un poco Andante, está impregnado de una sensación cercana a la serenidad. La locura y la violencia estallan en el movimiento final, un Allegro di molto que parece dispuesto a arrasarlo todo como un maremoto. Este y sus otros conciertos para flauta de C. P. E. Bach suelen ser de naturaleza inquieta, reflejo del marcado compromiso del compositor con el movimiento prerromántico “Sturm und Drang“.

Este movimiento también dejaría su huella en Mozart (y en Haydn) en algunas de sus sinfonías. El virtuosismo requerido para interpretar este Allegro di molto final exige una habilidad fenomenal por parte de la flautista y Zofia Neugebauer es la solista ideal, magníficamente acompañada por Gabriel Adorján, quien dirige con firmeza a los músicos de la Deutsches Kammerorchester Berlin.

No hubo ni un solo momento de tedio. La pieza no solo está bien escrita y fue magistralmente interpretada, sino que es realmente emocionante. El público salto de sus asientos y estalló en ovaciones con altisonantes exclamaciones de aprobación al término de su ejecución.

Brevedad

La música de C. P. E. Bach era más radical que la de sus contemporáneos. Si bien algunos elementos de su estilo compositivo aludían a las convenciones de la época, rompió las reglas en cuanto a la estructura musical, los cambios armónicos y el contenido emocional de su música (sin olvidar el estilo «sensitivo», del que ya era un maestro), de tal manera que su «estilo característico», si es que lo tenía, era indistinguible; cada sinfonía es impredecible a su manera.

A diferencia de las de Mozart, las 20 sinfonías conocidas de Carl Philipp Emanuel Bach son obras relativamente cortas, la mayoría de unos diez minutos de duración, y siguen consistentemente un patrón de tres movimientos: rápido-lento-rápido. Pero ahí termina la consistencia.

Un tema tras otro

Así ocurre con la Sinfonía en mi menor Wq 182/5 (1775)con la que dió inicio la velada. De hecho, esta supuso un cambio aún mayor. Comenzando con un tono lastimero y suave, un tema más fuerte con un patrón decididamente escalístico irrumpe de forma inesperada. Se aprecian múltiples pausas en los violines —algo no inaudito por aquel entonces, pero tampoco habitual— así como el constante ir y venir de la melodía entre el primer y el segundo violín, progresiones armónicas y cambios de tonalidad que harían sonrojar incluso al mismísimo Carlo Gesualdo. Apenas comenzaba un tema, otro ya lo había desplazado.

Toque ligero

La primera parte culminó con el extraordinario Concierto para flauta nº 1 en sol mayor KV 313 de Mozart. El final es la personificación de la elegancia, un tempo di menuetto tan galante como pocos. La varias veces galardonada Zofia Neugebauer es una solista excepcional (ex becaria de la Academia Karajan de la Orquesta Filarmónica de Berlín).

Su interpretación presentó la ligereza de toque característica de Mozart. Sin embargo, es necesario estar preparado para adentrarse en su mundo. Las texturas del Adagio ma non troppo se ven empañadas por una cierta pesadez en el timbre de las cuerdas orquestales, lo que resulta aún más frustrante dado que el tempo es el ideal. Las cadencias son reflexivas y convincentes, basadas en los procedimientos de las cadencias para piano del propio Mozart (Zofia Neugebauer tuvo la gentileza de conceder una entrevista exclusiva a Mundoclasico.com que se publica próximamente).

Exploraciones

Aunque el compositor dedicó menos tiempo a la flauta, ya fuera por aversión a su sonido o por falta de intérpretes adecuados, escribió dos hermosos y virtuosos conciertos para este instrumento; una experiencia auditiva exquisita y enriquecedora.

El Concierto en sol mayor aprovecha al máximo toda la tesitura de la flauta. Es la personificación de la elegancia. Hace más de 200 años, Mozart exploró enormemente todas sus posibilidades técnicas.

Reto

Mozart ya emplea la forma sonata clásica en el primer movimiento del Concierto para flauta nº 2 en re mayor KV 314 (no interpretado esta tarde, pero sí en la reseña del álbum que grabó Zofia Neugebauer con la Folkwang Kammerorchester Essen que se publicará próximamente), donde la flauta se introduce casi imperceptiblemente con un rápido pasaje y una nota sostenida excepcionalmente larga.

Los diversos temas de Mozart exigen constantes cambios de expresión, a veces despreocupados y alegres, y en el compás siguiente expresivos y líricos. Con un poco de sensibilidad, todo flautista profesional domina este reto, transmitiendo su esencia.

Descaradamente

La velada concluyó con la temprana Sinfonía en fa mayor KV 112 de Mozart. Aquel 2 de noviembre de 1771 fue un buen día para la historia de la música. Ese sábado Wolfgang Amadé Mozart, quien pronto cumpliría 15 años, compuso en Milán esta entretenida sinfonía de unos 15 minutos de duración; una obra del más bello y alegre Clasicismo vienés, con cuatro movimientos como es habitual: Allegro, Andante, Menuetto – Trio, y Molto allegro. Los cuatro presentan motivos iniciales maravillosos y descaradamente sencillos.

Con concentrada impaciencia, los músicos avanzaron con ímpetu en los movimientos exteriores. En el Andante, practican con gracia el arte de las buenas maneras, antes de acomodarse con placer y disfrute en el ritmo del minueto. Pareciera como que el extraordinario Gabriel Adorján hubiera despertado temprano por la mañana con su violín a la Deutsches Kammerorchester Berlin Konzerthaus inspirándola así para el resto de la jornada.

Bis entre aclamaciones

El Allegro es ya un auténtico movimiento de sonata con temas contrastantes y un breve desarrollo; el inicio del segundo movimiento (interpretado únicamente por las cuerdas) recuerda a la Sinfonía nº 103 en mi bemol mayor (Hob. I:103) de Haydn, la del Redoble del Timbal, (en ambos movimientos se repiten las dos secciones habituales), y tras el minué, de carácter más terrenal, sorprende una vez más un rondó con sus variados copletes.

Fue esta una velada que concluyó entre aclamaciones del público puesto espontáneamente en pie en la sala y un bis de la orquesta: el cuarto movimiento, Presto, de la Sinfonía nº 35 en re mayor KV 385 de Mozart, animado cierre tras esta más que animada presentación musical.

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