La laureada Louisa Proske, neoyorquina por adopción, y su equipo, pusieron en escena una nueva y fresca producción de “On the Town“ (1944), primera comedia musical de Leonard Bernstein, con libreto y letras de Betty Comden y Adolph Green, aclamada esta tarde en el Teatro de Duisburgo (Deutsche Oper am Rhein). La ágil coreografía de Marie-Christin Zeisset contribuyó decididamente a que la danza cobrara real protagonismo y enorme vida con la actuación de un reparto excepcional.
La orquesta Duisburger Philharmoniker, bajo la égida de Stefan Klingele, brilló con luz propia, mostrando su versatilidad y adaptándose (sin llegar a ser una Big-Band) a la música jazzística en todo su esplendor. Momme Hinrichs diseñó la magistral escenografía y el vídeo, así como Esther Bialas el vestuario y Amith Chandrashaker la iluminación.
Gracias a la técnica de vídeo, régie y escenógrafo presentan una multitud de imágenes de Nueva York en constante cambio, muchas de segunda mano, pero también originales y únicas, más allá de las consabidas atracciones turísticas, y muy poco escenificada).
En definitiva, resultó ser una muy buena representación y Proske supo aprovechar los más modernos elementos a mano para superar el natural envejecimiento de una pieza que fue de gran actualidad en la primera mitad del siglo pasado, casi al término de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
Cuando el ballet Fancy Free, con música de Leonard y coreografía de Jerome Robbins, obtuvo gran éxito de crítica en 1944 tras su estreno el 18 de abril de ese año en la Metropolitan Opera House, se lo llevó a Broadway bajo el título de como comedia musical en dos actos del mismo compositor.
La trama es bien sencilla. Gabey (Leon de Graaf, excelente bailarín y cantante), Chip (Julius Störmer) y Ozzie (Peter Lewys Preston), tres marineros de la Armada de Estados Unidos, tienen permiso de 24 horas para bajar a tierra, quieren pasarlo en grande y buscan compañía femenina. Gabey se enamora de Ivy Smith (Maria Joachimstaller) una modelo de presencia encantadora, la “Miss Metro del Mes” de julio, que ve retratada en un cartel publicitario colocado en el vagón del subway en el que viajan.
Gabey está firmemente decidido a encontrar a Ivy en la jungla urbana. Sus amigos Chip y Ozzie lo ayudan en la búsqueda, aunque tienen planes completamente diferentes para el día. Para ser más efectivos, el trío se separa para buscar a las mujeres de sus sueños; cada uno sigue una pista distinta y quedan en encontrarse a las 11 de la noche en Broadway cerca del Times Square.
Mientras Chip conoce en la calle a la vivaz taxista Hildy Esterhazy (Laura Magdalena Goblirsch), Ozzie se topa en el Museo de Historia Natural neoyorquino con la antropóloga Claire de Loone (Valerie Luksch), a la que le gusta estudiar a los hombres y ve en el joven marinero un maravilloso objeto para sus análisis. Gabey finalmente encuentra a la chica de sus sueños en el Carnegie Hall, y los dos congenian de inmediato.
Mas a las 11 de la noche, Ivy no aparece en Times Square, como estaba previsto, porque la profesora de canto, Madame Dilly (Morenike Fadayomi), le recuerda los pagos pendientes de sus clases y de su trabajo a tiempo parcial en un club nocturno. Pero la noche aún no termina hasta dentro de siete horas, y muchas cosas pueden suceder y de hecho sucederán todavía en ese lapso, entre ellas un gran jolgorio dancístico.
La historia le resultará familiar a quienquiera que conozca la película Un día en Nueva York (1949) de Stanley Donen y Gene Kelly, protagonizada por Frank Sinatra junto a Kelly. La canción más memorable y probablemente más conocida del musical dice:
New York, New York...It's a helluva Town. The Bronx is up but The Battery's is down...
(Nueva York, Nueva York, es una ciudad increíble. El Bronx está en lo alto, pero The Battery está en lo bajo...)
y así lo demuestran Louisa Proske, Marie-Christin Zeisset y Stefan Klingele en el Teatro de Duisburgo durante dos horas y media.
Al parecer, una pequeña parte de había sido reciclada de Riobamba, una canción que Bernstein había compuesto para un lujoso club nocturno homónimo de Nueva York de vida efímera. En el “Riobamba”, propiedad del mafioso Louis «Lepke» Buchalter, debutó como solista en 1943 y allí se vió actuar alguna vez a Dean Martin.
La música que iniciaba los espectáculos se la compró el night club a Bernstein por 50 dólares y después el compositor la reutilizó para el ballet de Jeromes. Algunos de los locales nocturnos que visitan los tres marineros en On the Town evocan los nombres de cabarets famosos de aquel entonces, como el Copacabana.
Después de buscarla durante mucho tiempo más, el destino quiso que Gabey encontrara a su anhelada Miss Metro de la forma más inimaginable en el parque de diversiones de Coney Island pero las cosas no salían como él se las pensaba. No es hasta la madrugada del siguiente día que se completan las parejas.
Pero la sirena del destructor ya suena en el puerto de Nueva York, anunciando la partida al frente de guerra. Los tres héroes de esta comedia musical se van pero otros marineros llegan a la ciudad para pasar el día franco. El pulso febril de la urbe nunca descansa y sigue latiendo imperturbable, como lo sabe muy bien , galardonada en 2018 con el prestigioso Premio Princesa Grace a la dirección escénica.
Proske también acentúa sutilmente la imagen de la mujer moderna que subyace en la obra: Claire de Loone (Valerie Luksch) y, sobre todo, Hildy Esterhazy (Laura Magdalena Goblirsch) son personas emancipadas, que no dependen de los hombres, ni en su vida privada ni profesional. Forjan sus propios caminos, encuentran sus propias relaciones y las mantienen...y todo esto a los ojos de un público de 1944.
Cada sección de la orquesta Duisburger Philharmoniker, dirigida por , encarnaba la energía distintiva de la música de Bernstein a medida que iba pasando de alegre y juguetona a exuberante y arrebatadora. La percusión, en particular, desempeñaba de manera excelente su papel con efectos sonoros que contribuían a evocar fielmente la época.
La primera pieza al abrirse el telón, una especie de prólogo entre estibadores, sentados ante la verja y portón de entrada al puerto de Nueva York, esperando su apertura, suena maravillosa en la voz inconfundible de Daniel Dodd-Ellis.
La escenografía está repleta de detalles cuidadosamente elaborados, que la hacen muy realista desde un comienzo. Cuando Gabey, Chip y Ozzie cruzan el portón del puerto hacia la calle, la valla se desplaza hacia la izquierda del escenario, mientras que la proyección de vídeo se mueve con ella y se ve el paisaje marítimo al fondo, incluso el destructor que los trajo.
Esto crea la impresión de que los tres recorren una ruta más larga a lo largo de la cerca hasta una estación de metro. Esta está representada por otra abertura en la valla. Simultáneamente, una escalera que conduce a la zona bajo el escenario permite a otros neoyorquinos bajar por la puerta del metro o salir a la calle. Más tarde, dentro del vagón del tren subterráneo, las correas para los pasajeros que viajan de pie se balancean durante todo el trayecto, creando una atmósfera auténtica.
La música se utiliza también en los interludios del primer acto, en los que Proske reúne a los "enemigos" de los tres marineros: una anciana (Veronika de Vries) que quiere acusarlos de vandalismo, un policía (Albert Gaßmann), y el profesor Waldo Figment (Kevin Dickmann) del Museo de Historia Natural de Nueva York, donde estaba expuesto el enorme esqueleto de un dinosaurio, que cayó al suelo por una imprudencia en la pasión amorosa de Ozzie y Claire de Loone. Todas estas breves piezas musicales suenan igual y funcionan simplemente como pausas.
La coreografía de Zeisset rebosa ingenio, vitalidad y originalidad. En el primer acto presta su enfoque distintivo cuando Gabey interpreta su solo de "Lonely Town" (Cada ciudad es una ciudad solitaria), con movimientos lentos pero decididos y la expresión implacable de un joven que pronto deberá enfrentarse cara a cara con la muerte en el campo de batalla.
En la segunda parte, la música se integra a la acción escénica. Explota en el cuarteto "You Got Me" e implosiona en el segundo cuarteto ambientado en el metro. En la escena de Coney Island, donde Gabey busca a Ivy Smith, todo se conjuga a la perfección con los paisajes nubosos de Momme Hinrichs y el estilo casi expresionista de Louisa Proske. Igual de impactantes son la coreografía, sencilla pero espectacular, y la interpretación de Leon de Graaf e Ivy. Aquí, la puesta en escena alcanza su punto culminante.
La Ivy de Maria Joachimstaller baila cada paso como si su vida dependiera de ello. Laura Magdalena Goblirsch es hilarante como Hildy Esterhazy, sobre todo en el número sexualmente voraz de «I Can Cook Too»; y Valerie Luksch eleva el nivel de la comedia como la antropóloga Claire de Loone, quien con vergonzoso abandono deja a su prometido, fuerte y estable, para vivir la vida al máximo durante 24 horas. Incluso la anciana que empuña un paraguas y llama a la policía es un personaje de verdad, con sus brazos y piernas cruzándose por el escenario como cuchillas afiladas.
Las tres parejas acaban siendo detenidas en Coney Island, pero todo acaba bien después de que las historias de las mujeres conmuevan a la policía, que accede a dejarlas marchar y luego escolta a los hombres de vuelta a su barco justo a tiempo para cumplir con el plazo del permiso de salida que vencía a las 6 de la mañana. Como todos cantan, “Nueva York una ciudad increíble”, esta alegre y desenfadada aventura de marineros en tierra concluye de forma increíblemente divertida.
Hinrichs representa a Nueva York como si se viera a través de la lente de una cámara, cuyo diafragma se abre y se cierra constantemente. Paredes móviles crean nuevos espacios sin interrupciones, apoyando a la perfección los rápidos cambios de escena del musical. Al mismo tiempo, este diseño crea metafóricamente una especie de álbum fotográfico con inolvidables instantáneas de este día.
Las grandes proyecciones de vídeo se integran con el decorado real en el escenario, generando un encanto único. Ejemplos significativos son el viaje de Chip en el taxi (Yellow Cab) de Hildy Esterhazy por las calles de Manhattan, y el periplo de Gabey en metro hacia Coney Island. Gabey se queda dormido durante en el trayecto, dando lugar a un ballet onírico del referido parque de diversiones.
Sus amigos se sientan en un vagón de metro situado en el centro del escenario, mientras el tren avanza velozmente por el oscuro túnel, representado por las proyecciones de vídeo. Proske integra con ingenio un elemento atemporal en esta escena: pasajeros que entran y salen del furgón; aunque en una época completamente distinta, utilizan este mismo metro para escapar del bullicio de la ciudad.
El principal desafío de esta puesta radicaba en que la danza tiene mayor importancia que el canto en los papeles principales. Esto no hace sino aumentar la admiración por (Gabey), Julius Störmer (Chip) y Peter Lewys Preston (Ozzie), quienes siempre logran que todo parezca fácil.
Los elogios son mayores aún por Valerie Luksch (Claire de Loone) y, sobre todo, por Laura Magdalena Goblirsch (Hildy Esterhazy), quienes encuentran su propia manera, única y desenfadada, de abordar estos exigentes papeles. Peter Bording (Pitkin) y Morenike Fadayomi (Madame Dilly), complementan el elenco con su carisma, presencia escénica y gran experiencia como cantantes de ópera.
Resultaba encantador ver cómo las mujeres impulsaban la trama y la comedia, la ausencia total de machismo ostentoso y la forma en que la obra presenta a las féminas como seres sensuales en toda la regla. Como observaba Madame Dilly, ya a altas horas de la noche y en avanzado estado etílico, sentada ante la mesa del bar de un club nocturno neoyorquino:
El sexo y el arte no se mezclan. Si lo hicieran, yo ya habría llegado directamente a la cima.
Nueva York, con su población diversa, procedente de todo el mundo, debió de haber causado una profunda impresión al virtuoso Bernstein, a la sazón de 25 años de edad, quien provenía de Lawrence, Massachusetts, una ciudad industrial con poco menos de 100.000 habitantes.
Hijo de inmigrantes judíos ucranianos, Leonard, “Lenny”, ya se había labrado una reputación como pianista, director de orquesta y compositor cuando, en 1943, fue nombrado director asistente de la Orquesta Filarmónica de Nueva York y, sustituyendo a Bruno Walter en el Carnegie Hall, lanzó su carrera internacional de forma espectacular.
La fascinación por la "ciudad que nunca duerme" es palpable en cada compás del relato. El joven equipo arrasó con su debut en Broadway y On the Town se mantuvo en cartelera durante 14 meses (462 funciones) tras su estreno en el Teatro Adelphi el 28 de diciembre de 1944.
La Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) había comprado los derechos incluso antes del estreno y filmó el musical en 1949, pero dejando solo cinco de las canciones originales de Leonard Bernstein e incorporándole otras nuevas. El filme logró gran éxito comercial y en 1950 ganó el Oscar a la mejor Banda Sonora de un Musical otorgado por la Academia Cinematrográfica de Hollywood.
Casi al final del segundo acto y mientras viajaban de regreso en metro en dirección al puerto de Nueva York se cuelan en el vagón algunos manifestantes pacifistas del siglo XX y XXI, portando carteles con consignas como “No more War” o “Get the Hell out of Vietnam”; y otros, con vestidos de rancheros texanos, inconfundiblemente ultraconservadores, sosteniendo en sus manos una gran estampa pseudorreligiosa proclamando: “Trump is Jesus”.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios