Alemania

La variada paleta de Puccini

Juan Carlos Tellechea
La fanciulla del West. Regie de Schmeding
La fanciulla del West. Regie de Schmeding © 2026 by Alvise Predieri
Essen, domingo, 19 de abril de 2026.
Gran sala del Aalto-Musiktheater de Essen. La fanciulla del West, ópera en tres actos (estrenada en la Metropolitan Opera de Nueva York el 10 de diciembre de 1910). Música de Giacomo Puccini. Libreto de Güelfo Civinini y Carlo Zangarini, basado en una pieza de David Belasco. Régie, Dirk Schmeding. Escenografía, Ralf Käselau. Vestuario, Julia Rösler. Vídeo, Johannes Kulz. Dramaturgia, Savina Kationi. Reparto: Minnie (Ilaria Alida Quilico), Jack Rance (Massimo Cavalletti), Dick Johnson (Jorge Puerta), Nick (Ido Beit Halachmi), Ashby (Almas Svilpa), Sonora (Tobias Greenhalgh), Trin (Kammer Sänger Rainer Maria Röhr), Sid (Sono Yu), Harry (Mykhailo Kushlyk), Joe (Zicong Han), Bello (Karel Martin Ludvik), Happy (Baurzhan Anderzhanov), Larkens (Andrei Nicoara), Billy Jackrabbit (Hyeon Joon Ha / Andreas Baronner), Wowkle (Jana Marković), Jake Wallace (Jihoon Kim / Soowon Han), José Castro (Michael Kunze / Swen Westfeld), Postillón (Albrecht Kludszuweit). Coro masculino de la Ópera del Aalto-Musitheater de Essen (preparado por Bernhard Schneider / Alessandro Mendozza). Extras del Aalto-Musiktheater Essen. Orquesta Essener Philharmoniker. Director Andrea Sanguineti. 100% del aforo.
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Dirk Schmeding ha puesto ya un broche de oro a lo que va de la actual temporada de la Ópera del Aalto-Musiktheater de Essen con su imaginativa nueva escenificación de La fanciulla del West de Giacomo Puccini, brillantemente dirigida por el maestro Andrea Sanguineti al frente de la orquesta Essener Philharmoniker.

El público se puso espontáneamente de pie en la platea y las galerías para aclamar y vivar efusivamente a los músicos y a todo el elenco, encabezado por los principales solistas de esta producción: Ilaria Alida Quilico (Mnnie), Jorge Puerta (Dick Johnson) y Massimo Cavalletti (Jack Rance).

Influjos

Si bien esta ópera tiene menos números brillantes de lo que es característico en las obras de Puccini, los espectadores quedaron maravillados por la impresionante orquestación, así como por una partitura que está más integrada melódicamente de lo que es propio en este gran compositor del verismo italiano.

La trama de La fanciulla en la versión de Schmeding transcurre como en la de un western norteamericano. No en vano fue Puccini un visionario en la creación de los conceptos de música que regirían el cine durante el siglo XX. El uso de pasajes modales o recursos politonales, así como la tonalidad o la atonalidad eran asuntos relacionados con los efectos dramáticos que necesitaban las obras. En esta ópera, sin ser una imitación, el influjo de Claude Debussy (Peleas y Melisande) y de Richard Strauss (Salomé) en Puccini es insoslayable.

Referentes

El libreto de Guelfo Civinini y Carlo Zangarini, basado en una pieza de David Belasco, se ambienta en la Fiebre del Oro de California de la década de 1850. Presenta numerosas escenas fragmentadas, con perspectivas cambiantes que recuerdan a los cortes y montajes cinematográficos. El cine, entonces un género nuevo y en auge que interesaba profundamente al compositor, un entusiasta de la tecnología y el progreso, también constituye la base dramatúrgica de la producción de Schmeding.

La régie conserva la ambientación histórica del pueblo minero californiano y no escatima en alusiones a referentes famosos de la pantalla grande, desde la época muda hasta el presente. Al final, Minnie y Dick Johnson, sentados en cómodas butacas de cine, ven una versión fílmica de la historia mientras se adentran en un futuro incierto.

Forajido

No hay grandes arias, sino una orquestación sumamente suntuosa y llena de matices, repleta de leitmotivs, y un estilo vocal más recitativo. Puccini suena aquí más inspirado en Richard Wagner que en Giuseppe Verdi.

Y a no dudarlo, no pocos espectadores sacaron pañuelos de sus bolsillos y carteras para secar las lágrimas que rodaban sobre sus mejillas esta tarde durante los impresionantes pasajes en los que Minnie defiende a toda costa y con gran coraje al amor de su vida, el forajido Dick Johnson (alias Ramerrez) para salvarlo de un linchamiento y de la horca.

Nuevo estilo

Estrenada en 1910 en la Metropolitan Opera de Nueva York, con Emmy Destinn y Enrico Caruso como protagonistas, y dirigida por Arturo Toscanini, La chica del Oeste es el séptimo drama operístico de Puccini, después de Madama Butterfly (basada en el relato homónimo (1898), de John Luther Long, y en el drama Madame Butterfly. A Tragedy of Japan (1900), de David Belasco) y antes de La Rondine.

Esta 'ópera americana' ocupa un lugar único en su obra. No tanto por su argumento dramático, que no ofrece nada particularmente memorable, sino por su contenido musical, que marca el comienzo de un nuevo estilo para el compositor de Tosca.

Cautivado por el tema del Lejano Oeste, los campamentos mineros en busca de oro a mediados del siglo XIX, el destino de una joven aventurera, Minnie. dueña del Polka-Bar -quien aquí desciende del cielo al piso del escenario montada en una estrella, como las del Paseo de la Fama de Hollywood- Puccini establece un exotismo musical sorprendente. Este, sin embargo, es bastante diferente al de Madama Butterfly, ya que reinventa el folclore local, salpicado de melodías (prestadas) y baladas con un aire californiano.

Maternal

A través de una vasta orquesta, Puccini establece una textura instrumental original. El lenguaje armónico es audaz, incluso hasta el punto de la disonancia sin resolver, presagiando el de Turandot. El uso hábil de motivos recurrentes, una especie de leitmotiv, introduce una coherencia que no es necesariamente evidente en los primeros momentos. Y que algunos se han negado a ver, como es el caso de Igor Stravinski, quien llamó a esta ópera un "western oriental".

La exuberancia orquestal es sorprendente por su modernidad, con fuertes ritmos sincopados, lo que no excluye un lirismo omnipresente. La trama gira en torno a un triángulo amoroso: el sheriff, Jack Rance, y el bandido, Dick Johnson, alias Ramerrez, cortejan a la bella Minnie, la dueña del bar del campamento, quien actúa como una madre sustituta para los mineros, enseñándoles el perdón y leyéndoles la Biblia.

Osos que cantan

Si bien los personajes son sencillos y carecen de una psicología profunda, las situaciones dan lugar a escenas de gran impacto dramático. Tal es el caso de una persecución, seguida de una partida de póker durante la cual Minnie arriesga su vida y la de su amante, y, con la ayuda de un engaño, salva a este último. O bien, con un final que dista mucho de ser trágico, basado en el tema de la redención a través del amor, una idea hasta entonces ajena al vocabulario dramático de Puccini: la llegada de Minnie, un deus ex machina, que salva a su amante, un forajido, de la horca.

La producción de la Ópera de Essen evita el cliché de una interpretación directa. La régie de Dirk Schmeding y su equipo (escenografía, Ralf Käselau; vestuario, Julia Rösler; vídeos Johannes Kulz) prescinden del carácter pintoresco de las situaciones, o al menos intentan mostrar lo que revelan: una comunidad de mineros que trabaja en algún lugar de los Montes Nublados (en la realidad, las estribaciones de la Sierra Nevada) de California, en busca de oro. Allí no hay indios, sino (caras pálidas disfrazados con pieles de) osos que cantan y portan carteles (verbigracia, anunciando The Girl of the Golden West).

Puccini, La fanciulla del West. Director musical, Andrea Sanguineti. Dirección escénica, Dirk Schmeding. Essen, Aalto-Musiktheater, abril de 2026. © 2026 by Alvise Predieri /  Aalto-Musiktheater.Puccini, La fanciulla del West. Director musical, Andrea Sanguineti. Dirección escénica, Dirk Schmeding. Essen, Aalto-Musiktheater, abril de 2026. © 2026 by Alvise Predieri / Aalto-Musiktheater.

Pensando en Tosca

La escenografía de Ralf Käselau es decididamente muy realista: en el primer acto una taberna (saloon) de la época, una vía férrea de trocha angosta que lleva a la mina. En el segundo acto la cabaña de Minnie, perdida en el vasto escenario montañoso en el que se vislumbra el pozo minero. El entorno reducido permite una interacción íntima entre Minnie y los dos hombres: primero con el bandido Dick Johnson, a quien se ofrece, luego con el sheriff Rance, cuyos avances rechaza, y finalmente durante el famoso juego de naipes donde se libra hábilmente para salvar a su amante (anunciando el giro de la suerte cae de pronto un telón con la inscripción ''Lucky Strike'')

Un momento intenso de rara fuerza dramática, donde la música introduce un suspense insoportable mediante un redoble de contrabajo intensificado por los timbales. Todo el arte de Puccini se despliega aquí, explotando situaciones cautivadoras. El espectador piensa de inmediato en el frenesí que impregna el segundo acto de Tosca.  

Tensión

El tercer acto, que será el escenario de un intento de linchamiento del forajido, regresa al lugar del comienzo, pero en el siglo XX (Johnson deberá ser ahorcado sobre un Ford California pick up del decenio de 1960), antes del final feliz, el regreso triunfal de Minnie y la continuidad del ''golpe de suerte'': la bella mujer convence a los mineros de su sinceridad y se va a vivir feliz para siempre con su amante, mientras Jack Rance se lamenta de su decepción.

Esta visión es innegablemente elegante y, lejos de disminuir el impacto, le confiere cierta profundidad. Sobre todo, establece un escenario que consolida las diversas facetas del drama y respeta las acotaciones escénicas, aunque mantener la tensión, especialmente a lo largo del extenso primer acto, no siempre resulta fácil.

Pasión

Ese acto ofrece momentos impactantes, como la canción del juglar Jake Wallace (Jihoon Kim) acompañada por el coro de mineros (muy bien preparado por Bernhard Schneider) en un paisaje sonoro que presagia la música de Turandot, o la dramática entrada de Minnie, pistola en mano, anunciando su presencia con un disparo para imponer su autoridad sobre un grupo de mineros rudos e indisciplinados.

La dirección de los actores logra dar vida a las breves escenas que se suceden sin interrupciones, así como a la multitud de personajes de la obra. Esto también se aplica al acto final, aunque el desenlace de la ópera resulte algo predecible. Mientras tanto, el segundo acto presenta a dos personajes masculinos que no son tan artificiales como parecen al principio: un bandido caballeroso con un corazón de oro y un sheriff con un aire decididamente altivo, un jugador astuto, un hombre de honor a pesar de todo y un buen perdedor.

Frente a ellos se encuentra una mujer de carácter fuerte que, abandonando temporalmente su personalidad de chica rebelde, se revela a ratos frágil, apasionadamente enamorada y decidida a rechazar los avances del sheriff.

Puccini, La fanciulla del West. Director musical, Andrea Sanguineti. Dirección escénica, Dirk Schmeding. Essen, Aalto-Musiktheater, abril de 2026. © 2026 by Alvise Predieri /  Aalto-Musiktheater.Puccini, La fanciulla del West. Director musical, Andrea Sanguineti. Dirección escénica, Dirk Schmeding. Essen, Aalto-Musiktheater, abril de 2026. © 2026 by Alvise Predieri / Aalto-Musiktheater.

Pensando en Turandot

Esta interesante visión, que se aleja del significado literal del texto y rechaza el sentimentalismo, se enriquece con una interpretación musical de excepcional calidad. Puccini exige mucho de sus cantantes, llevándoles al límite para lograr un efecto dramático. El verismo siempre está presente, pero se mantiene contenido gracias a la precisión de la interpretación y la ausencia de vulgaridad. El reparto es impecable, sustentado en tres pilares sólidos.

Ilaria Alida Quilico encarna brillantemente el valor del papel principal y la dualidad de una joven sencilla pero a la vez endurecida por su contacto con este mundo de hombres rudos. Su formación como soprano dramática, forjada en el crisol de exigentes papeles verdianos, le proporciona la clave para este protagonismo. La agilidad es evidente, la línea melódica segura y las notas agudas se ejecutan con confianza, anticipando las exigencias vocales extremas de una princesa Turandot.

Voces

Jorge Puerta, si bien carece de la distinción vocal de un Luciano Pavarotti o de un Plácido Domingo en su mejor momento, es un Dick Johnson de considerable talla, que eclipsa sin esfuerzo a la orquesta: un registro agudo brillante y un matiz innegable para un personaje más centrado en el amante desventurado que en los tormentos del dudoso destino de un bandido.

El Jack Rance de Massimo Cavalletti muestra una arrogancia sin caricatura, un espíritu conquistador feroz que sabe retirarse ante la derrota. Y una madurez que hace creíble su pasión por la posadera. Igualmente llamativa es su soltura vocal, la del barítono heroico que no rehúye las potentes notas agudas.

Mineros

Están rodeados por una multitud de comprimarios, que representan a los mineros del campamento, cada uno con una personalidad muy distinta. Algunos hablan brevemente, unidos en una sed de venganza compartida para exigir la cabeza del bandido Ramerrez, mientras que otros muestran una ingenuidad casi infantil al escuchar a Minnie recitar un versículo de la Biblia. Tobias Greenhalgh (Sonora) e Ido Beit Halachmi (Nick) son particularmente destacables.

El coro masculino de la Ópera de Essen, que desempeña un papel crucial y tiene una parte musical significativa, captura a la perfección la naturaleza primitiva de la masa de mineros en busca de oro.

Sonoridades brillantes

La dirección del maestro Andrea Sanguineti es extremadamente atenta a los cantantes, mientras que la línea vocal a menudo se mueve en paralelo con la textura orquestal. Establece la atmósfera a menudo imponente que caracteriza la obra y su vasta instrumentación, con sus repentinos estallidos de fervor, aquí casi atronadores, o sus momentos de languidez, semejantes a un lirismo diáfano, una alianza de ritmo intenso y amplios rangos dinámicos, así como de refinamiento. Magnifica la suntuosidad de la paleta sonora de Puccini y su audacia. Sobre este telón de fondo, la orquesta Essener Philharmoniker descubre sonoridades brillantes, merecidamente ovacionadas por el público que colmaba la sala del Aalto-Musiktheater

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