Alemania

Tag und Nacht

Juan Carlos Tellechea
Leonard Elschenbroich dirigiendo la Deutsche Kammerakademie Neuss am Rhein
Leonard Elschenbroich dirigiendo la Deutsche Kammerakademie Neuss am Rhein © 2026 by Alexander Schneider
Neuss, domingo, 26 de abril de 2026.
Gran sala auditorio de la Zeughaus (armería) de Neuss am Rhein. Velada musical “Tag und Nacht” (Día y noche). Arvo Pärt, Si Bach hubiera criado abejas…. Arthur Honegger, Pastorale d’été H. 31. Richard Wagner, Idilio de Sigfrido WWV 103. Arnold Schönberg, Noche transfigurada op. 4. Orquesta Deutsche Kammerakademie Neuss am Rhein. Director Leonard Elschenbroich. 80% del aforo.
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Una programa apasionante ofreció esta tarde la Deutsche Kammerakademie Neuss con el director Leonard Elschenbroich en la gran sala auditorio de la Zeughaus (armería) de Neuss a orillas del Rin. Obras poco interpretadas -y menos aún en tan contrastada constelación- de Arvo Pärt, Arthur Honneger, Richard Wagner y Arnold Schoenberg, inundaron este concierto titulado Tag und Nacht (Día y noche).

Durante el intervalo, las autoridades de Cultura de la ciudad, presentes en la velada, entregaron el Premio al Fomento de las Artes de Neuss am Rhein a la joven violinista y becaria Anna Isabell Haas, integrante de la orquesta. Según el jurado que otorgó la distinción, Anna Isabell Haas «destaca por su virtuosismo interpretativo y su postura social reflexiva. Demuestra cómo el arte puede poner de relieve temas de actualidad y adquirir relevancia social». El premio, dotado con 2 000 euros, se entrega anual y alternativamente a artistas de diversos géneros: música y artes dramáticas, así como artes visuales y plásticas.

Iberoamérica

El director Leonard Elschenbroich, también un prestigioso violonchelista, fue cofundador en 2012, junto con Miguel Salazar, de la Orquesta Filarmónica de Bolivia, la primera formación musical en la historia del país andino que interpretó una sinfonía de Gustav Mahler. El director, que ahora está al frente de la Orchestra at the Reform de Londres, sigue visitando regularmente Bolivia y otros países iberoamericanos para realizar conciertos y proyectos de formación musical.

Sus compromisos como director invitado le llevan a importantes escenarios de todo el mundo, al frente de las orquestas London Symphony Orchestra, la Netherlands Chamber Orchestra en el Concertgebouw de Amsterdam y la Konzerthausorchester de Berlín, entre otras.

Arvo Pärt

La velada se inauguró con una pieza de tono áspero de Arvo Pärt, titulada con humor Wenn Bach Bienen gezüchtet hätte... [Si Bach hubiera criado abejas (o Si Bach hubiera sido apicultor)]. La composición, de seis o siete minutos de duración, es brillante, hermosa, especulativa, permite vislumbrar muchas de las cualidades de la música de Pärt en la actualidad. Al escuchar sus complejas texturas, también se pueden percibir las trazas del título original propuesto por el compositor: Retrato de un musicólogo con un nido de avispas de fondo.

Codificación

La Deutsche Kammerakademie Neuss interpretó la pieza con pasión y un oído excepcional bajo la diestra égida de Elschenbroich. Pärt hace que las cuerdas imiten el zumbido de un enjambre de abejas, intercalado con algunos pasajes escritos en el lenguaje musical de Johann Sebastian Bach.

Terminada en 1976 (Estonia bajo dominio soviético), esta obra hasta cierto punto enigmática de Pärt marca el inicio de su estilo meditativo tintinnabuli, influenciado por la música coral, llamado así por sus efectos siderales, a menudo similares a campanas, que parecen doblar el tiempo y el espacio al escucharlos. El compositor, profundo conocedor de los procedimientos seriales, combina de esta forma un sonido futurista con técnicas tradicionales; en este caso, estructura su composición en torno a un código musical que rinde homenaje a Bach basándose en las letras B-A-C-H (en la notación musical alemana, B: si bemol, A: la, C: do, H: si).

Con trémolos de cuerda que imitan el zumbido de las abejas, las violas tocan si bemol, la, do y si natural; los violonchelos tocan la, sol sostenido, re bemol y do; los primeros violines, do, si natural, re y do sostenido; y los segundos violines, si natural, la sostenido, re bemol y do. Lo que se oye es un enjambre de insectos que deletrean el nombre de Bach bajo esta codificación.

Suave fusión

El pulso rítmico de la parte de piano que acompaña consiste en acordes en si bemol, la, do y si menor. La obra culmina en una coda que presenta la música del preludio en si menor de J.S. Bach, del libro 1 de El clave bien temperado. La primera mitad del Preludio en si menor de Bach, de ritmo lento, que aquí se presenta a media velocidad, ofrece un contraste con la música previamente tensa y de tonalidad inestable.

Sin embargo, el preludio a tres voces de Bach no se presenta aquí como una cita pura, sino que cada una de las tres voces del preludio se complementa con una voz “tintinnabuli” a modo de comentario. Con su sonido neutro y delicado, estas parecen dar una nueva dimensión a la música. Se logra una ligereza esperanzadora mediante un método muy característico de la música barroca: resolver la cadencia de manera que el acorde final no se toque en el modo menor original, sino en el modo mayor de la misma tonalidad. Mucho más tarde, Pärt también utilizaría esta suave “fusión” con la obra de otro compositor en su Mozart-Adagio (1992/2005).

Arthur Honegger

La siguiente pieza en el programa fue la Pastorale d'été de Arthur Honegger (H. 31, agosto de 1920), un poema sinfónico impresionista y evocador para orquesta de cámara, inspirado en un verano en (Wengen) los Alpes suizos, en torno a Berna. Es una composición encantadora que, pese a las inevitables comparaciones con el fauno de Debussy, no es tan sensual ni cautivadora.

Aún así, la interpretación de los instrumentos de viento es fresca y vivaz, con una trompa preciosa y suave, en un arco musical que se apoya en pilares de quietud. La pieza, de unos ocho minutos de duración, con una estructura A-B-A, destaca bajo la dirección de Elschenbroich al frente de la Deutsche Kammerakademie Neuss por sus tranquilos instrumentos de viento / madera, sus sutiles timbres, una atmósfera agridulce y una sección central más animada, casi danzante, que finalmente vuelve a la calma inicial, exquisita e idílica.

Dejarse llevar por los sonidos

La composición, probablemente la más interpretada de Honegger en la actualidad por su atractivo, es un ejemplo temprano, pero magistral, de su capacidad para crear atmósferas mediante sutiles armonías y timbres; muy apreciada en el repertorio de comienzos del siglo XX. Las delicadas líneas de las maderas se entrelazan a menudo sobre un tapiz de cuerdas, subrayando el carácter pastoral.

Este recital de la Deutsche Kammerakademie Neuss bajo la batuta de Leonard Elschenbroich dio al público una oportunidad única para escuchar una destacada pieza del grupo de Les Six (Los seis), con sus sutiles cambios de tonalidad, colores contrastantes y sentido de lo sublime. Hubo momentos durante la velada en los que los espectadores deseaban acurrucarse y dejarse llevar por el sonido.

Ensoñación

Los músicos, estimulados por el director, lograron evocar un mundo idílico de calma y tranquilidad que difícilmente se consigue hoy en día en las salas de concierto. Lo lograron de una manera realmente notable; Honegger, en su faceta más gentil y modesta, como si se tratara de música ambiental.

La música no progresaba tanto; más bien parecía girar lentamente sobre su eje, creando una atmósfera armónica de estasis con permutaciones de ideas en constante cambio. En este contexto, el episodio central de la obra sirvió como una excursión lúdica, más tangible y vívida, antes de regresar al amplio y envolvente ambiente de quietud y ensoñación eterna.

Similar a la sinfonía de Louis Spohr, la Pastorale d'été está más cerca de la música del pasado (Debussy y el lenguaje melódico del siglo XIX) que del desapego irónico que predicaban los miembros de Les Six. La pieza, que comienza con un solo de trompa onírico y termina con cantos de pájaros evocados por la flauta y el clarinete, se caracteriza por una orquestación particularmente ingeniosa que Elschenbroich subrayó con diafanidad y claridad.

Richard Wagner

El Idilio de Sigfrido (WWV 103), en un solo movimiento y basada en motivos de la tercera parte del ciclo del Anillo del Nibelungo de Richard Wagner, cerró la primera parte de este concierto. La pieza publicada en 1878, había sido compuesta por Wagner ocho años antes como una serenata de cumpleaños dedicada a su segunda esposa, Cosima, para expresar su sincera gratitud por el nacimiento de su hijo, Sigfrido.

Franz Liszt escribía a su yerno tras estudiar la partitura publicada poco antes que la obra: “es la glorificación más sincera, ideal y encantadora del culto familiar”: Así de extasiado quedó también el público asistentes al escuchar la interpretación de la Deutsche Kammerakademie Neuss dirigida por Leonard Elschenbroich.

Duerme, pequeño, duerme

La composición se estrenó frente a la casa de la familia Wagner en Triebschen, Lucerna, Suiza, el día del cumpleaños de Cosima. La versión orquestal que se conoce hoy fue precedida por esta versión original para conjunto de cámara, que se interpretó en el concierto de esta tarde. No solo es una glorificación del culto a la familia, sino de la juventud y sus ideales.

Escrita poco después de la finalización de Siegfried, la pieza, al igual que en el preludio de “Los maestros cantores de Nuremberg”, incorpora cuatro motivos de la ópera: la llamada «melodía de la paz» (“Eternamente fui, eternamente soy”), el motivo del tesoro del mundo (“Oh Siegfried, glorioso tesoro del mundo”), el tema de la resolución del amor (“Eres eterno para mí”) y una figura de acompañamiento de la canción de amor de Siegfried, que aparece solo brevemente. A este material temático se le añade la canción popular «Duerme, pequeño, duerme» (con una melodía diferente a la que se usa hoy).

Arnold Schönberg

Tras el intervalo, la segunda parte del recital fue íntegramente dedicada a Arnold Schönberg y su Verklärte Nacht (Noche transfigurada), Op. 4, perteneciente a su etapa tonal temprana. Escrita originalmente en 1899 para sexteto de cuerdas, es una de sus primeras obras maestras. Se basa en un poema de Richard Dehmel en el que una pareja camina de noche por el bosque, y una difícil confesión conduce a la reconciliación. La mujer le revela a su amante que está embarazada de otro hombre, pero en lugar de rechazarla, él la abraza con su amor incondicional. Una historia casi demasiado bonita como para ser real.

Schönberg transforma este giro emocional en una narrativa musical profundamente conmovedora. La versión de 1943 para cuerdas despliega una riqueza sonora aún más opulenta, manteniendo un equilibrio magistral entre intimidad y grandeza orquestal. La pieza revela una gama casi ilimitada de matices. La Deutsche Kammerakademie Neuss exhibe un sonido de cuerdas impresionante, exuberante, cálido y a la vez suave. Leonard Elschenbroich moldea magistralmente la agitación interior de los personajes y su eventual redención en un magnífico arco de tensión.

Serenidad

Musicalmente comienza de forma muy contenida, con un inicio muy delicado de las cuerdas. El director las deja sonar...más bien las escucha. Solo tras unos minutos perfila claramente los diálogos de ambos personajes, la desesperación de la mujer, que deseaba tener un hijo a toda costa y ahora teme perder a su nueva pareja. La voz del hombre es más tranquila, pero el final positivo lleva su tiempo. Aunque en algún momento resplandece en tono mayor, vuelve a dar paso a los sentimientos de miedo. Muy hermoso, hacia el final se escucha el pizzicato de los contrabajos, que se une al brillante sonido de los violines. La noche clara y fría descrita en el poema se ha convertido en otra, transfigurada de hecho por el amor.

Los timbres de las cuerdas brillan en todas sus facetas, desde tonos oscuros y sombríos hasta una claridad radiante. Emerge una sensación de intimidad que revela las profundas capas emocionales de la obra sin caer en sentimentalismos. Particularmente en los momentos líricos, la orquesta muestra una delicadeza conmovedora que conecta directamente con el espectador. Resultó también gratificante que Elschenbroich dirigiera la obra a un tempo muy sereno.

Conmovedor

Schönberg crea colores sorprendentes con el grupo de instrumentos de cuerda. Algunas ideas melódicas recuerdan a Wagner. Esta obra de estilo romántico tardío sonó deliciosa. El comienzo fue místico, como salido de la nada. Y luego Elschenbroich tendió una línea de tensión que parecía interminable e indestructible. La música resultaba casi dramática y se percibía que la orquesta la vivía de forma intensa. Las cuerdas deleitaron con su sonido pleno y exuberante.

La Deutsche Kammerakademie Neuss también supo ganarse al público en los diversos solos. Fue maravillosa la compenetración y la interacción enérgica. Así se hizo muy palpable el diálogo entre los amantes. La intensidad del sonido orquestal alcanzó además pianíssimos casi inaudibles y conmovedores.

Leonard Elschenbroich no solo entregó una fascinante visión del período romántico tardío de Arnold Schönberg, sino que demostró también que el supuestamente complejo compositor es emocionalmente accesible en las obras de ese período inicial. Director y orquesta envolvieron a los espectadores en un paisaje sonoro que cautivó por su transparencia y calidez, haciendo palpables de inmediato las emociones que Schönberg deja traslucir en esta composición.

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