De forma significativa, las obras reunidas aquí, Lagrime di San Pietro (Múnich, 1594) y Le lagrime del peccatore son las últimas de Orlando di Lasso y Lodovico Agostini, respectivamente. Ambas son composiciones de arrepentimiento, reflexión y culminación artística. El hecho de que Denis Raisin Dadre eligiera nada menos que esta música para la última grabación de su vida confiere al CD un aura casi sobrenatural. Lo que se escucha no es solo música del siglo XVI; es una despedida.
Dadre, dirigió la producción de este disco desde el principio al fin y en el folleto que lo acompaña escribía:
Tanto Lagrime di San Pietro como Lagrime del peccatore tratan de un tema poco habitual en la música: la negación de Jesús por parte de Pedro. Además, ambas obras son el canto del cisne de sus compositores. Múnich, 1594. En el últim año de su vida, Orlando di compuso su obra maestra, la cumbre del contrapunto renacentista y de la expresividad musical. Ferrara, 1586. Lodovico i publicó su última obra, cuyo lenguaje tenía como objetivo principal conmover y abrumar al oyente, utilizando todos los recursos ya barrocos de la cromaticidad y la disonancia.
A lo largo de sus casi 40 años de existencia, ha publicado 20 álbumes de música, principalmente del siglo XVI. A diferencia de muchos conjuntos similares, este cuenta con un grupo de cantantes y de instrumentos de viento, principalmente chirimías, dulzainas, cornetas y sacabuches, utilizados en el presente CD. Denis Raisin tuvo el mérito de haber revitalizado la música antigua con una mezcla de rigor intelectual y calidez sensual.
Algunas producciones discográficas surgen como signadas por el destino. Esta es una de ellas. Realizada en la venerable serenidad de la abadía fundada en 1136 (hoy museo), con su programa, centrado en las Lagrimas de San Pedro, resuena desde el primer instante una metafísica que trasciende la mera interpretación de la música de Orlando di Lasso y de Lodovico Agostini.
La Lagrime di San Pietro, la gloriosa última obra de Orlando di Lasso, pone música a 20 poemas de Luigi Tansillo, todos a siete voces. Estos han sido grabados en múltiples oportunidades. Pero Denis Raisin Dadre combina aquí voces e instrumentos de la época, y uno de los temas es solo instrumental.
La gran novedad de este álbum es Le lagrime del peccatore, a seis voces y sobre 21 poemas, op 12, postrer obra publicada del no tan famoso Ludovico Agostini, quien se desempeñaba en la corte de Ferrara. No se conoce hasta la fecha ninguna edición moderna ni grabación anterior de Agostini y las piezas aquí presentadas son testimonio contundente de que fue un compositor de gran talento.
No se explica en el folleto el porqué de las dos laudes polifónicas añadidas al principio y al final ni sobre el otro motete instrumental de Orlando di Lasso que abre la placa. El álbum intercala sucesivamente partes de Lagrime di San Pietro y de Le lagrime del peccatore para destacar su similitud estilística, evitando su efecto acumulativo.
San Pedro es la figura central de identificación en esta grabación. La roca que se desmoronó; el discípulo que juró tres veces no conocer a su Señor antes de que cantara el gallo. La musicalización de este dilema moral por Orlando di Lasso es la cumbre de la maestría contrapuntística. Quien crea que la polifonía renacentista es un asunto frío y matemático se verá desmentido en esta versión. En los fragmentos presentados por Doulce Mémoire, se despliega una hondura psicológica que recuerda a las grandes novelas de la literatura universal.
Una mirada al madrigal "Il magnanimo Pietro" lo deja claro. El conjunto permite que las siete voces —un número inextricablemente ligado en el cristianismo al dolor y sufrimiento de María— fluyan con tal transparencia que casi se pueden oír las lágrimas brillando entre las disonancias.
La instrumentación está ingeniosamente elegida: algunas veces puramente vocal, otras veces acompañada por el timbre característico de instrumentos históricos de sonido áspero pero cálido y nunca pretencioso. Doulce Mémoire no busca un sonido pulido y sofisticado, sino una calidez humana que también reconoce la fragilidad de la existencia.
En contraste, Le lagrime del peccatore de Agostini, apenas conocida, ofrece una perspectiva diferente. Mientras que Lasso despliega una vez más toda su complejidad polifónica, la interpretación de Agostini ya insinúa la inminente era barroca a través de los muros del monasterio medieval. Su lenguaje es más directo, más cargado de emoción. Aquí, se trata menos de la intrincada y artística textura y más del impacto emocional inmediato. Cuando el conjunto se lanza a interpretar "La morte è morta" de Lodovico Agostini, se percibe el impulso hacia el cromatismo, hacia el doloroso semitono que desarma al oyente. Es una música que busca no solo complacer, sino abrumar.
Particularmente conmovedor es el momento en que se escucha "Vide homo" de Lasso. Es la última pieza del ciclo que completó di Lasso. Es un testamento musical que mira directamente al oyente y pregunta:
Mira, Hombre, el sufrimiento que te causo.
El hecho de que ahora se escuche esto, sabiendo que poco después Denis Raisin Dadre también abandonó su puesto de director para siempre, hace inevitable que el oyente se estremezca. Entre los grandes ciclos, la grabación permite momentos de ensimismamiento a través de composiciones anónimas como Al pie del duro sasso. Estos interludios actúan como pequeñas capillas (o estaciones) a lo largo del recorrido de una gran procesión; alivian la presión de los madrigales sumamente complejos y fundamentan el programa en una sencilla piedad.
Es una grabación para momentos de tranquilidad, en los que el oyente quiere rehuir las grandes cuestiones. En un contexto puramente académico, se podría discutir por qué solo se eligieron fragmentos de los ciclos. Pero la dramaturgia de la secuencia —la interacción entre el austero di Lasso y el emotivo Agostini— justifica plenamente este enfoque.
Se trata de una excelente grabación del ingeniero de sonido Jean-Marc Laisné que destaca el superlativo nivel vocal e instrumental, la expresividad de la interpretación y el conocimiento de las obras. Para escuchar este CD hay que tomarse tiempo, para respirar, quizá llorar y maravillarse ante la belleza atemporal del Renacimiento.
Doulce Mémoire ha erigido un monumento pleno de estremecimientos a su fundador. Un canto de cisne que resonará mucho más allá de que la última nota de "O sacro santo legno" (también anónimo), se haya difuminado en el silencio de la abadía de Noirlac.
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