La Cenicienta de Jean Christoph Maillot es, por encima de todo, un “producto” francés, de esa Francia de las exquisiteces culinarias, la moda parisina, el champaña, los perfumes, los intelectuales extravagantes, las vacaciones en la Costa Azul y, por supuesto, el ballet... Es decir, la Francia que Balanchine evocaba en la primera parte de su ballet Joyas, la titulada Esmeraldas. Esto no quiere decir que entre ambas obras haya nexos estilísticos o conceptuales. La una es una evocación subjetiva de un determinado ambiente; la otra, un producto de éste. Allí terminan las semejanzas. Maillot trabaja con un lenguaje ecléctico, en el que no es difícil descubrir huellas, y aun citas casi textuales, de coreógrafos tan diversos como Petipa, Fokin y Graham, entre otros (uno llega a sospechar que hasta Pina Bausch está presente), así como ciertos…
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