Una jirafa en Copenhague

Qué leen Joaquín Arroyo y Emei Kael

Omar Jerez
 Joaquín Arroyo y Emei Kael Joaquín Arroyo y Emei Kael © by Dominio público
0,0004679

Continuando con nuestra serie sobre el placer de leer, esta semana he querido hacer un recorido diferente en la intimidad del proceso creativo. Si hace unos días buscábamos la esencia de la motivación juvenil, en esta ocasión he invitado a los escritores Joaquín Arroyo y Emei Kael a que nos abran, de par en par, las puertas de sus bibliotecas y de esas lecturas que elevaron su vida en un acto de sublimidad. El objetivo es sencillo pero pedagógico: que nos cuenten qué libros habitan en ellos y qué sentido vital han tenido en sus trayectorias, tanto en su faceta pública como autores como en su biografía más personal.

Para Joaquín y Emei, leer y escribir no son actos aislados, sino dos caras de la misma moneda. En un mundo donde, curiosamente, no todos los autores mantienen vivo el hábito de la lectura, ellos formalizan ambos mundos en una misma línea de coherencia. Verlos presentar sus libros es ser testigo de un humanismo y una empatía que desbordan la página; una inteligencia y un sentido del humor que parecen nacer del ecosistema de afectos que los rodea: sus amigos, sus familiares y ese círculo íntimo que apoya cada uno de sus pasos. Los admiro con todo mi amor como escritores, pero sobre todo por la verdad que imprimen a todo lo que hacen. Es un honor compartir su microcosmos con vosotros.

¿Qué leo yo, Joaquín Arroyo?

Buena pregunta, sí señor.

A ver, me considero un lector voraz, un «ratón de biblioteca» que lee prácticamente de todo. ¿Pero qué vas a esperar de un tío que con doce años ya se había leído La Eneida, La Odisea, La Ilíada, Éxodo o El Quijote? Pues eso: o que era un niño muy «rarito» (que también) o que era un lector «voraz» (que podría ser).

En aquel entonces leía cuanto caía en mis manos, desde Astérix, Mortadelo y Filemón y Tintín, hasta Dossier Negro, Creepy o Vampus; desde las vidas de los Santos y Camino, de Escrivá de Balaguer, hasta Bakunin, el As y el Marca. Me encantaba Stephen King, mi escritor favorito durante muchos años. También, las biografías. Y de los personajes más variopintos.

Hoy en día, lo que más leo son novelas de autores «independientes», con los que me identifico plenamente. Hay muchos de ellos que no tienen nada que envidiar a los autores más o menos «consagrados». Lo digo en serio. Me gusta mucho la novela histórica (mi autor favorito es Santiago Posteguillo, con su obra maestra, la trilogía de Escipión el Africano); también la novela policiaca (en especial J. D. Barker); la de terror (Poe y W. W. Jacobs) y … todo.

Me gusta leer de todo. Esa es la conclusión final.

Últimamente, también leo poesía: Follas Novas, de Rosalía de Castro, y Martín Fierro, de José Hernández, y, por supuesto, leo a don Antonio Machado. A quien más admiro es a Eduardo Mendoza. Un genio. Sin noticias de Gurb es una obra de arte. Y ahora os voy a contar lo que estoy leyendo en la actualidad:

— Los tres libros de 1Q84, de Haruki Murakami (un tío que parece que apunta buenas maneras).
Tacones rojos para una diosa, de mi buena amiga Marta Muñoz.
El alarido del silencio, de mi amigo Javier Vilar.
Sapiens, de Yuval Harari.
Y cada uno «de su padre y de su madre».

La gente me dice: «Jopé, Joaquín, qué capacidad tienes para leer tantos libros a la vez y tal y tal». Y yo sonrío, orgulloso, al pensar que me pasa un poco lo que a Miguel Gila con su viaje aquel en el que visitó «17 países en 11 días», pues al final, como él, también puedo hablar con propiedad de El Generalife de Tenerife y de la Torre Inclinada de Londres.

Un fuerte abrazo.

¿Qué lee Emei Kael?

Comencemos del revés. No recuerdo haber abierto por motu proprio un libro de ciencia ficción. En todo caso, era muy chico. Algún vago recuerdo me viene de las historias de Julio Verne, que me apasionaron. Admiro, por no decir envidio, a quienes disfrutan de este género, a esos que realmente dejan volar su imaginación.

Tampoco comulgo con la novela romántica, a pesar de ser uno de los géneros más deliciosos y disfrutables. No me termina de enganchar, ni siquiera los bestsellers de los bestsellers, esos de los que todo el mundo habla. Quizá debería acudir más a menudo a un club de lectura, aunque, por no mentir, debería al menos acudir una vez en la vida. No lo termino de visualizar, pero podría ser una buena manera de iniciarse a la fuerza.

Así, hablando de narrativa en general, a mí lo que en particular me va es lo hiperreal, lo cañero. Por ejemplo, el siempre controvertido género de realismo sucio. Toma nota: Charles Bukowski y su predecesor, Henry Miller. Nunca los leí en castellano; sin embargo, saber apenas algo de inglés basta para entenderse con ellos, con ese estilo directo, que entra como cuchillo en mantequilla. La esquiva pulcritud del detallismo unida al desparpajo a la hora de narrar los acontecimientos, muchas veces vividos y muchas más autoficcionados, es, sin duda alguna, lo que más me gusta leer. Aclarando también: en esta etapa de mi vida y durante el día claro, pues no son libros altamente recomendables para conciliar el sueño, no.

Por comparar o acercar algún título local, digamos Historias del Kronen, de nuestro José Ángel Mañas.

Volviendo al timing de lectura, para la noche, para dormir mejor y, sobre todo, más temprano, la lamparita y el papel no fallan, oponiéndose firmemente al uso de pantallas dopaminoactivas a deshoras. Claro, ahí vamos a elegir otro tipo de lecturas. Una buena tila y un ensayito de filosofía no dan cancha al innecesario y desequilibrador trasnoche. Tampoco está mal acompañar la infusión con algo de bienestar y desarrollo personal o, si me apuras mucho, se tira de novela histórica y no hay insomnio que se resista. Por cierto, ahora estoy con El hombre de titanio y la historia de superación personal del gran, gran Paul Montiel.

Nunca es tarde para empezar. Lo digo en serio: mi padre empezó a leer después de los 70 años, y ahora se baja un par de libros al mes. Tampoco es algo empedernido, pero ahí va el señor, con su disfrute adquirido, a su ritmo.

Hay libros, y libros, y libros; incluso buenos los hay. Eso, cada uno con su cadaunada, con sus gustos y sus momentos. Sabiéndolos encontrar, gozaremos de este hermoso hábito, y, como con muchos hábitos, por no ser determinista y decir que con todos y cada uno, la cosa es empezar.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.
🎂 Mundoclasico.com cumple 30 años el 1 de mayo de 2026

Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.

Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.

🙌 Registrarse ahora