Aunque esta obra fundamental de la literatura operística ha
entrado en el repertorio ‘estable’ de los teatros no es que ninguno la
frecuente mucho y son pocos los que apuestan de verdad por ella. Es raro así
haber tenido la oportunidad de verla dos veces en menos de un año en dos
teatros principales y en uno de ellos con nueva producción después de veinte
años de ausencia (se dice pronto).
El único punto en común era -y eso también dice mucho- el
Golaud de Simon Keenlyside, que de nuevo fue lo mejor e incluso el único
totalmente adecuado por voz, dicción, fraseo y actuación. No importa en qué
producción tenga que actuar (lo he visto en tres distintas en la misma parte,
más otras dos anteriores como Pelléas) , como ya ocurría por ejemplo con
Wozzeck, Papageno, Posa, el Conde, o Don Giovanni, siempre resulta ideal,
siempre logra añadir…
Comentarios