Italia

‘Ce n’ést pas ma faute …ce n’est pas ma faute !’

Jorge Binaghi
Debussy, Pelléas et Mélisande. Regie de Castellucci
Debussy, Pelléas et Mélisande. Regie de Castellucci © 2026 by Monika Rittershaus / Teatro alla Scala
Milán, domingo, 26 de abril de 2026.
Teatro alla Scala. Pelléas et Mélisande (París, Opéra Comique, 30 de abril de 1902 ). Libro de Maurice Maeterlinck, y música de C. Debussy. Puesta en escena, escenografía , vestuario y luces: Romeo Castellucci. Intérpretes: John Relyea (Arkel), Marie-Nicole Lemieux (Geneviève), Bernard Richter (Pelléas), Simon Keenlyside (Golaud), Sara Blanch (Mélisande), Allegra Maifredi (Yniold), Zhibin Zhang (Médico), y Geunwha Lee (Pastor). Coro (preparado por Giorgio Martano) y Orquesta del Teatro. Director: Maxime Pascal
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Aunque esta obra fundamental de la literatura operística ha entrado en el repertorio ‘estable’ de los teatros no es que ninguno la frecuente mucho y son pocos los que apuestan de verdad por ella. Es raro así haber tenido la oportunidad de verla dos veces en menos de un año en dos teatros principales y en uno de ellos con nueva producción después de veinte años de ausencia (se dice pronto).

El único punto en común era -y eso también dice mucho- el Golaud de Simon Keenlyside, que de nuevo fue lo mejor e incluso el único totalmente adecuado por voz, dicción, fraseo y actuación. No importa en qué producción tenga que actuar (lo he visto en tres distintas en la misma parte, más otras dos anteriores como Pelléas) , como ya ocurría por ejemplo con Wozzeck, Papageno, Posa, el Conde, o Don Giovanni, siempre resulta ideal, siempre logra añadir matices y transmitir ‘todavía más’. Por ejemplo en esa frase ‘banal’ (como pasa tantas veces en Maeterlinck) que se repite casi al final de la obra que he puesto por título como respuesta a la reconvención de Arkel de no saber qué es el alma (¿y quién lo sabe?). Esta vez la angustia de ese último acto resultó tan insoportable como la escena de los celos en el final del tercero y en la mitad del cuarto.

Debutaba en el teatro el famoso Castellucci, que por lo que hace al teatro es una especie de ‘factotum’. Algún detalle ‘estético’ puede ser bonito, algún color (como el de un paisaje otoñal rojizo al final del tercer acto) sensacional, lo gris y lo sombrío pueden a veces resultar eficaces, pero no obsesivamente, y tampoco el momento de mayor luz puede coincidir con la medianoche del cuarto acto. Sí un magnífico efecto con láser (creo) para la cabellera de Mélisande. Después, pajarillos y vagidos de recién nacido antes de empezar la obra pero ya abierto el telón, objetos diversos (en particular unas naranjas que estarían más justificadas en la ópera de Prokofiev quizá), varios de ellos en vitrinas de cristal, una de las cuales acoge a la moribunda protagonista, despliegues de estandartes con números romanos, intérpretes en posiciones difíciles (espero que bien seguros, porque en el reparto recibió incluso Yniold), poca marcación de personajes… Francamente…

Debussy, Pelléas et Mélisande. Director musical: Maxime Pascal. Puesta en escena: Romeo Castellucci. Milán, Teatro alla Scala, abril de 2026. © 2026 by Monika Rittershaus / Teatro alla Scala.Debussy, Pelléas et Mélisande. Director musical: Maxime Pascal. Puesta en escena: Romeo Castellucci. Milán, Teatro alla Scala, abril de 2026. © 2026 by Monika Rittershaus / Teatro alla Scala.

En el foso debutaba (en ópera) el joven y muy alabado Maxime Pascal. Nunca lo había visto ni oído/escuchado antes, pero tampoco en este caso me pareció ir más allá de una dirección poco diferenciada, más bien fuerte, y que la orquesta sonara bien no creo que haya que imputarlo a su buen hacer. Es cierto que tendría que haber dirigido Daniele Gatti que desistió herido en su amor propio por no haber sido designado director musical de la Scala para suceder a Chailly (la soberbia no es buena consejera). Pero sin ir más allá resulta mucho más interesante y trabajada la lectura de Altinoglu.

La breve labor del coro fue correcta. También los alumnos de la Academia de la Scala (parece estar copada por orientales) lo hicieron bien, más interesante el médico (por tener un papel más destacado) de Zhibin Zhang que el pastor de Geunwha Lee.

Para el rol del pequeño Yniold el autor pedía una voz blanca, y así fue esta vez. La niña Allegra Maifredi (también del coro de voces blancas) estuvo correcta, aunque yo siga prefiriendo una soubrette o coloratura para la parte. Muy buena intérprete ya que tuvo que estar en más escenas y en alguna resultar bastante irritante.

Debussy, Pelléas et Mélisande. Director musical: Maxime Pascal. Puesta en escena: Romeo Castellucci. Milán, Teatro alla Scala, abril de 2026. © 2026 by Monika Rittershaus / Teatro alla Scala .Debussy, Pelléas et Mélisande. Director musical: Maxime Pascal. Puesta en escena: Romeo Castellucci. Milán, Teatro alla Scala, abril de 2026. © 2026 by Monika Rittershaus / Teatro alla Scala .

Marie-Nicole Lemieux no se esforzó mucho en ningún aspecto como Geneviève y sabemos bien lo que ella puede dar si la parte le interesa y le cae bien.

John Relyea fue Arkel: su voz oscura y engolada fue más aceptable que en el repertorio italiano, pero distó de ser ideal, además de que él también daba la impresión de pasar por casualidad en aquel momento.

Bernard Richter es un tenor con un timbre claro y bonito, y se mueve bien. Aunque sería más aconsejable, tal vez, un barítono ‘Martin’, el problema residió en que pareció estar cantando un tenor de ópera romántica francesa (de todos modos, a distancias siderales del último Pelléas que me tocó sufrir).

Debussy, Pelléas et Mélisande. Director musical: Maxime Pascal. Puesta en escena: Romeo Castellucci. Milán, Teatro alla Scala, abril de 2026. © 2026 by Monika Rittershaus / Teatro alla Scala.Debussy, Pelléas et Mélisande. Director musical: Maxime Pascal. Puesta en escena: Romeo Castellucci. Milán, Teatro alla Scala, abril de 2026. © 2026 by Monika Rittershaus / Teatro alla Scala.

Tampoco Mélisande parece un papel ideal para Sara Blanch, que brilla en papeles burbujeantes y donde puede exhibir su desenvoltura y el sector agudo y sobreagudo de su voz. Aquí resultó desteñida de color y con un grave bastante artificial y poco agradable. Tampoco destacó por su actuación.

Había mucho público (raro) y hubo muy poca deserción (raro) en el único intervalo. Es cierto que hacer cuatro pausas puede hoy resultar exagerado, pero ya se sabe lo que cuesta hoy la concentración incluso en un Puccini de hora y media: proponer al público que sigue sin conocer mucho este título 95 minutos seguidos (toda La Bohème con tiempos no muy rápidos para entendernos) es osado. No hubo sonidos de móviles, pero sí toses y objetos que caían al suelo con resonancia cuando menos falta hacían. Al final hubo un buen aplauso a toda la compañía, pero no duró más de una cortina.

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