Alemania

Relations

Juan Carlos Tellechea
Relations
Relations © 2026 by Aalto Ballett Essen
Essen, sábado, 18 de abril de 2026.
Gran sala del Aalto-Musiktheater de Essen. “Relations”, tríptico de danza de Jiří Kylián y Johan Inger por la compañía Aalto Ballett de Essen con música (banda sonora) de Benjamin Britten, Dirk Haubrich según Wolfgang Amadé Mozart, Arvo Pärt y Maurice Ravel. Dramaturgia Patricia Knebel. 100% del aforo.
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El segundo estreno de la temporada de la compañía Aalto Ballett de Essen fue una espectacular velada de danza en tres partes, titulada Relations, con obras de primer nivel de los aclamados coreógrafos Jiří Kylián y de Johan Inger, quien vino personalmente para asistir al estreno este sábado 18 de abril. Los directores del Aalto Ballett Essen, Marek Tůma y Armen Hakobyan mantienen excelentes relaciones desde hace años con Kylián e Inger.

Entre las ovaciones, vivas y altisonantes exclamaciones de aprobación del público presente en el Aalto-Musiktheater de Essen, este tríptico de danza clásica y moderna, con técnicas de ballet innovadoras, mostró la versatilidad y el espléndido estado físico y emocional de las bailarinas y los bailarines del Aalto Ballett.

Metamorfosis

Relations fue por momentos vibrante y enérgica, pero en otros pasajes tranquila y delicada, invitando a los espectadores a vivir y sentir las relaciones con los demás, consigo mismos y con la danza. Las piezas del tríptico exploraron las relaciones desde diferentes perspectivas: emocionales, interpersonales, mentales, físicas y filosóficas.

La primera parte fue dedicada a Forgotten Land (Tierra olvidada) de Kylián (escenografía y vestuario John F. Macfarlane; iluminación Hans-Joachim Haas / Kees Tjebbes, 2005), estrenada mundialmente en Stuttgart en 1981, con música de la evocadora Sinfonia da Requiem de Benjamin Britten, que explora de forma abstracta la relación entre el Hombre y la naturaleza, adentrándose en metamorfosis geográficas y humanas.*

Anhelos y miedos

Sleepless (Insomne), estrenada en La Haya en 2004, también de Kylián, con la etérea pero poderosa composición de Dirk Haubrich, basada en el Adagio de Wolfgang Amadé Mozart, para armónica de cristal y cuarteto, examina la relación entre la vigilia y el sueño, revelando las increíbles dimensiones del subconsciente.*

Walking Mad, (Loca de remate), coreografía de Inger estrenada en 2001 en La Haya, con el mundialmente famoso Boléro de Maurice Ravel y la composición para piano purista Para Alina de Arvo Pärt, traza las relaciones interpersonales en diversas formas y situaciones. Aquí, la danza llevó al espectador a un periplo por su propio interior, para desnudar anhelos y miedos, pero también descubrir la ligereza del ser.*

Tierra olvidada

«Forgotten Land» de Jiří Kylián. © 2026 by Bettina Stoess.«Forgotten Land» de Jiří Kylián. © 2026 by Bettina Stoess.

Forgotten Land, de Jiří Kylián, es una obra fascinante. La música de Britten, compuesta en 1940, es un homenaje, pero mucho más que un lamento. A veces suena a Bernstein, llena de teatralidad, oleadas, crescendos y síncopas. Kylián se inspiró en los cuadros de Edvard Munch, pero en realidad está en perfecta sintonía con la partitura de Britten, estrechamente ligada a la música.

La partitura de Britten, es la que define al ballet: drama, instrumentación de metales, gran influjo. Y Kylián sabe aprovecharla muy bien. Ofrece momentos dramáticos, sin caer en el melodrama, que se perciben como sofisticados, discretos y a la vez poderosos.

Azote del viento

Otro tanto puede decirse de la propia compañía de ballet. Le sienta todo muy bien. Sus integrantes aprovechan su delicadeza técnica clásica y la potencian mediante movimientos densos y llenos de angustia. Las tres parejas principales tienen pas de deux prolongados. Kylián se centra en la madurez, el poder y el amor.

La escenografía (John F. Macfarlane) hace que la danza parezca desarrollarse en una remota playa del mar del Norte azotada por el viento (Kylián observó en aquellos años que la propia tierra natal de Britten, las Islas Británicas, estaban siendo consumidas por el avance del mar).

Soledad

La pieza comienza con los bailarines de espaldas al público en un motivo de marcha, el giro de cabeza de uno de ellos para mirar hacia atrás por encima de su hombro izquierdo marcó el tono melancólico del ballet. Esta obra de Kylián parece propia de su época (en el mejor sentido del término), observándola a través del prisma del tiempo y la experiencia.

Por muy seria que resulte ser Forgotten Land, hay en ella la inocencia de aquel entonces y, probablemente, si fuera creada hoy el resultado no sería el mismo. La pieza, quizá intencionadamente, hace sentir solo y ensimismado al espectador, como si estuviera contemplando, en su intimidad, algo de su pasado.

Extraordinarios requerimientos

Mariya Tyurina se entrega por completo a la coreografía; su pas de deux con su pareja, Kieren Bofinger, es elegante pero inquietante, como una tormenta que se avecina; ambos son majestuosos. Tyurina confirma su presencia en esta primera obra con autoridad: es una bailarina brillante con una técnica impecable y una expresión elegante. Posee instinto dramático, mas todo eso ya está presente en la partitura: el esfuerzo, el anhelo, el duelo, así como la forma y el impulso sobrecogedores, sin necesidad de una narrativa literal.

Su pas tiene un motivo que se ve a menudo: “giro-tirón” o “balanceo-tirón”. Parece reduccionista en esos términos descriptivos simples, pero en el movimiento es muy efectivo. Hay energía contenida en una suspensión liberada que funciona muy bien visualmente con dos cuerpos oponiéndose.

Velocidad

El elenco entero estuvo a la altura de los extraordinarios requerimientos de la obra. La pareja de rojo, Yanelis Rodríguez, Matheus Barboza de Jesus, tiene una dinámica diferente: enérgica, articulada y desplazándose constantemente por el espacio. Ambos son brillantes y destacan por igual.

Todos los bailarines están coordinados (Yuki Kishimoto, Enrico Vanroose; Sena Shirae, Joel Dichter; Maria Horianski, Dale Rhodes), pero algunos más que otros, y ese algo extra tiende a traducirse en una facilidad de movimiento, transiciones fluidas y una aparente serenidad incluso cuando se desplazan ágilmente a gran velocidad.

Angustia

La pareja de blanco (Carla Colonna, Artem Sorochan), cambió un poco el ambiente: todo se volvió más ligero, tanto visual como emocionalmente. El público apreció plenamente ese ligero cambio. Forgotten Land es una buena obra, muy lograda en cuanto a estructura y contenido, y resume ese momento de la danza de la década de 1980 en el que lo que realmente importaba era el baile. Y ello despertó prolongados aplausos de la platea. Tal vez la intención de Kylián fue la de rendir homenaje al poder avasallante del océano a lo largo de la obra, pero más bien hizo sentir en grande la angustia al estilo de Edvard Munch, aunque no haya sido su propósito.

Insomne

«Sleepless», coreografía de Jiří Kylián. © 2026 by Bettina Stoess.«Sleepless», coreografía de Jiří Kylián. © 2026 by Bettina Stoess.

Sleepless, el segundo y más breve de los tres ballets de esta velada, con coreografía y escenografía de Jiří Kylián (vestuario Joke Visser e iluminación Kees Tjebbes, supervisión técnica de iluminación y escenografía Joost Biegelaar) está dominado por un lienzo blanco tajeado, inspirado en los cuadros de Lucio Fontana (“un arte para la era espacial”), que recorre el escenario en diagonal.

Las aberturas verticales permiten a los bailarines entrar y salir del telón, así como diseccionar sus cuerpos. Así aparecen cabezas sin torsos en lugares inesperados, manos extrañas que surgen de la nada para recibir a una bailarina o a un bailarín frente al telón...todo resulta muy lúdico, travieso y serio a la vez.

Pas de deux con su sombra

Hay tres parejas (de verde: Anna Maria Papaiakovou, Kieren Bofinger; de lila: Paola de Oliveira Rihan, Joel Dichter; y de borgoña: Julia Schalitz, David McMillan Mikkelsen) aunque el ballet comienza y termina con una bailarina, realizando un pas de deux con su sombra, y también hay importantes turnos de solistas.

En el referido pas de deux, la coreografía hace otro uso ingenioso de las personas que se encuentran detrás del lienzo: en dos ocasiones, la sombra de la referida bailarina proyectada sobre él telón parece abrirlo para que pueda atravesarlo.

Naturaleza ambigua

Los movimientos son duros y cortantes. La música de Dirk Haubrich también lo es, una especie de deconstrucción de otra obra de Mozart, hasta el punto de que suena como música para un ritual budista. Sleepless es una obra tensa y enigmática, pero se suaviza gracias a la belleza física de las bailarinas y los bailarines, así como a la perfección de las construcciones de Kylián, cuyo arte es tan intuitivo como premeditado.

Ese tono juguetón provocó a la vez sorpresa y sonrisas en la platea, como era lógico de esperar, pero hay una seriedad subyacente, en particular en los dúos masculinos/femeninos, que insinúa la naturaleza ambigua de las relaciones, en las que incluso el acto de alejarse de alguien implica un contrapeso que atrae hacia sí.

Loca de remate

«Walking Mad», coreografía de Johan Inger. © 2026 by Bettina Stoess.«Walking Mad», coreografía de Johan Inger. © 2026 by Bettina Stoess.

La actuación más sugerente de esta tarde fue quizá la obra del coreógrafo sueco Johan Inger, titulada Walking Mad. ¿Qué ocurre en el camino hacia la locura? ¿Qué ocurre cuando ya se está allí? (Cualquier semejanza con la realidad actual y ciertos casos de patologías psíquicas que influyen negativamente en la política internacional no es pura casualidad).

Inger captura extraordinarias convoluciones del cuerpo y la mente: la angustia, la liberación, la fantasía de una huida, la violenta sensación de ruptura, el desmoronamiento de las convenciones dentro del yo y entre los yos, la sensación de yos alternativos. ¿Qué sombrero, qué ropa ponerse?

Atuendo

Aquí se utilizaron sombreros, pero como algo más que simples sombreros, y la ropa como algo más que vestimentas: estos objetos revelan la forma en que habitamos y nos despojamos de diferentes personalidades. También había una valla de tablas de madera omnipresente, a lo largo de la cual, por encima de ella y contra ella se desarrollaba la danza. El vallado se mueve, se abre, se golpea, se choca contra él, se tienden puentes, se derrumba, se salta por encima...

La cerca simboliza muchas cosas, y la textura de la reflexión a la que invita su presencia (y su movimiento) es profunda. Si la puesta en escena fue sumamente eficaz, también lo fue la danza apasionada y físicamente exploratoria, en solos, en parejas y en grupos interpretadas por William Emilio Castro Hechavarría, Matheus Barboza de Jesus, David McMillan Mikkelsen, Maria Papaiakovou, Francesco Piccinin, Dale Rhodes, Sena Shirae, Mariya Tyurina, Enrico Vanroose: un flujo constante de patrones y posibilidades.

Sombras

El atletismo era visible en los músculos fibrosos y el desorden emocional en la violenta conjunción de cuerpos en el espacio. Y de estas disyunciones y este desorden surgió una cierta lógica propia: la de la autenticidad emocional. Ahora se estaba muy lejos de algo simplemente recargado o bonito, y se necesitaba estar en ese espacio incómodo para explorar los lados más oscuros de la mente humana.

Y qué otra música podía haber sido la más adecuada que la del hipnótico Bolero de Maurice Ravel; interrumpido dramáticamente en un momento de gran tensión para revelar a una mujer sola en la esquina de la valla que ahora parecía envolverla; sola con las sombras, las suyas propias. El estremecimiento existencial que siguió fue escalofriante, y cuando la música volvió a sonar suavemente, se le unió un compañero, cuya sombra era más grande que la de ella y amenazante.

Caparazón

La danza de las sombras que siguió, mientras los vigilantes focos se elevaban desde atrás, fue un espectáculo estimulante. Una vez que el Bolero y el episodio de locura llegaron a su fin, hubo un dúo largo y anticlímax con la música de Arvo Pärt. Quizá esa gradación descendente fue precisamente el objetivo: después de caminar como una loca, lo lógico era volver a deslizarse dentro del «caparazón» de normalidad, ahora frágil. El ocaso que llega indefectiblemente.

Esta poderosa e inquietante obra fue tal vez la más cautivadora de la impresionante y fascinante velada. Los espectadores estallaron al final en ovaciones, vivas y exclamaciones de aprobación de las más diversas longitudes de onda, que se incrementaron aún más cuando Johan Inger en persona subió al escenario, junto con la compañía, para agradecer tanto fervor.

Notas

1. “Forgotten Land” (Tierra olvidada). Estreno mundial 12.4.1981, Ballett Stuttgart, Staatstheater Stuttgart, Alemania. Coreografía Jiří Kylián.. Ensayo Stefan Zeromski.. Escenario y vestuario John F. Macfarlane. Iluminación Hans-Joachim Haas / Kees Tjebbes (2995). Colaboración en el diseño de iluminación Kees Tjebbes. Supervisión técnica Joost Biegelaar. Reparto: Pareja negra: Mariya Tyurina, Kieren Bofinger. Pareja blanca: Carla Colonna, Artem Sorochan. Pareja gris: Yuki Kishimoto, Enrico Vanroose. Pareja roja: Yanelis Rodríguez, Matheus Barboza de Jesus. Pareja pink: Sena Shirae, Joel Dichter. Pareja beige: Maria Horianski, Dale Rhodes

2. “Sleeples” (Insomne). Estreno mundial 11.11.2004, Nederlands Dans Theater II, Lucent Danstheater, La Haya, Países Bajos. Coreografía Jiří Kylián. Ensayo Aurélie Cayla. Música Dirk Haubrich. Escenografía Jiří Kylián. Vestuario Broma Visser. Iluminación Kees Tjebbes. Supervisión técnica Joost Biegelaar. Reparto: Pareja verde: Anna Maria Papaiacovou, Kieren Bofinger. Pareja lila: Paola de Oliveira Rihan, Joel Dichter. Pareja borgoña: Julia Schalitz, David Mcmillan Mikkelsen

3. “Walking Mad” (Loca de remate). Estreno mundial 17.5.2001, Nederlands Dans Theater I, Lucent Danstheater, La Haya, Países Bajos. Coreografía Johan Inger. Ensayo Yvan Dubreuil. Escenario y vestuario Johan Inger. Iluminación Erik Berglund. Reparto: William Emilio Castro Hechavarría, Matheus Barboza de Jesus, David McMillan Mikkelsen, Anna Maria Papaiacovou, Francesco Piccinin, Dale Rhodes, Sena Shirae, Mariya Tyurina, y Enrico Vanroose.

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