Una jirafa en Copenhague

Qué escriben Carmen Bengoechea Bernal y Rais Busom

Omar Jerez
Carmen Bengoechea Bernal y Rais Busom Carmen Bengoechea Bernal y Rais Busom © 2026 by Carmen Bengoechea Bernal y Rais Busom
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El acto de escribir ha sido definido, a lo largo de los siglos, como un refugio, una condena o un testamento. Sin embargo, cuando nos asomamos a las reflexiones de Carmen Bengoechea Bernal y Rais Busom, descubrimos que la literatura es, ante todo, un territorio de tensiones donde la libertad y el anonimato libran una batalla necesaria.

Para Carmen Bengoechea, la escritura es un ejercicio de soberanía. Partiendo de la premisa de que "tú escribes como eres", Bengoechea construye un sistema donde la filosofía y la creación literaria son indisolubles. Para ella, el texto es un "tejido" (urdimbre y trama) que protege la esencia humana frente al "librecidio". Su propuesta es una invitación al orden, a la clarificación de motivos y a la "polinización conceptual", donde el autor asume la responsabilidad total de sus palabras para cuidar su propia libertad y la de su comunidad. Escribir es, en su mundo, un acto de presencia absoluta.

En el extremo opuesto, Rais Busom nos propone una provocación: el autor que no escribe. Para Busom, la obra no pertenece a quien la firma, sino a quien la habita a través de la lectura. Si para Bengoechea la escritura es registro y método, para Busom es un "martillazo" que abre el futuro, una renuncia a la memoria en favor de la creatividad pura. Su visión despoja al escritor de su identidad para convertirlo en un sembrador de incertidumbres, donde lo que importa no es el pasado del autor, sino el significado que el lector logre rescatar entre líneas.

Estas dos visiones nos sitúan ante una pregunta fundamental: ¿escribimos para encontrarnos o para desaparecer? Al leer estos textos, no solo asistimos a una lección de teoría literaria, sino a un diálogo vibrante sobre el propósito mismo de nuestra existencia.

¿Crees que esta versión logra equilibrar bien el peso de ambas filosofías?

 ¿Qué escribe Carmen Bengoechea Bernal?

Si la Filosofía es la inevitable necesidad de libertad, la creación literaria se convierte en el ejercicio de tu libertad gracias a la aplicación de tu sistema filosófico. Cada ser humano posee su propia filosofía que le hace ser y estar de una manera única en el mundo; con la escritura ocurre lo mismo. Tú escribes como eres y como existes para no olvidarte y que no te olviden.

Para responder a la cuestión “qué escribo”te propongo una clarificación conceptual a través de cuatro preguntas:

·Para qué escribo, responde la finalidad.
·Por qué escribo, responden las razones y los motivos.
·Qué escribo, respoden los contenidos.
·Cómo escribo, responde el método.

Todo texto tiene una finalidad, la mía es cuidar la libertad propia y ajena. Recuerda que texto significa tejido y cada persona es autora de su vida y vivir. Si todo tejido está compuesto por urdimbre y trama; la urdimbre es la vida humana y la trama son la forma de vivir y de relatarse.

La libertad es la piel de la Humanidad. Si el librecida despelleja a la persona libre se queda sin esencia, sin libertad. El librecidio nos convierte en esclavos o animales obedientes. Sólo la persona libre se viste con su libertad todos los días.

Las razones son las explicaciones o justificaciones de tus decisiones que comunicas, es decir, son públicas. Sin embargo, los motivos son privados porque sólo tú los conoces para explicarte o justificarte en tus elecciones. Escribo porque mis razones y motivos me empujan inexorablemente a ello. Las razones son la formación, asesoramiento y divulgación de la Filosofía y la autoedición para la comunidad lectora. Respecto a mis motivos para escribir son las respuestas a mis instintos: alimentación y reproducción; escribo para alimentarme y escribo para masturbar a mis neuronas que se reproducen gracias a la polinización conceptual.

El qué escribo responde a los contenidos que me preocupan y ocupan en mi creación literaria. Mis libros se nutren de: la aclaración conceptual, la utilidad de la Filosofía, las ramas de la Filosofía (Antropología, Metafísica, Ética, Política, Estética, Epistemología y Estética), las “D” filosóficas (decisiones, dudas, dificultades, deseos, deleites, dolores y duelos), los rasgos de la Filosofía (problematización, radicalidad, metacognición y metafectividad), el método filosófico (propósito, pasos y resultados), los beneficios filosóficos (autoconocimiento, autocuidado, autoestima y autocorrección), la gastronomía, la sexualidad, el emprendimiento, la educación, la libertad, la autoedición y cualquier temática que obsesione a la comunidad de filopensantes.

Por último, el cómo escribo muestra el método que he diseñado para crear mis criaturas filosóficas. Todo método se compone de un propósito, pasos y resultados. Mi método de creación literaria consiste en guiarme de mi propósito (cuidar la libertad propia y ajena); los pasos que sigo son escuchar/observar a la comunidad lectora y crear una respuesta a su inquietud, con el índice-mapa oriento y limito el tipo de respuesta, posteriormente desarrollo cada punto del índice con aclaraciones conceptuales y sugerencias de aplicación a tu vida.

Respecto a los resultados de mi método se basan en criterios económicos (¿puedo vivir de mis libros?) y criterios de impacto positivo (¿la comunidad lectora y filopensante se ha beneficiado con mis libros? ¿por qué?¿cómo?). Escribir es un acto de libertad y una orden de mis instintos.

Escribir es mi contradicción ¿cuál es la tuya?

 Qué escribe Rais Busom

Rais Busom no escribe. Nunca ha escrito. Sus páginas de juventud ocultas en un baúl son tan solo un misterio. Sus primeras poesías y relatos no han podido encontrarse en ninguna biblioteca. Su obra magna no ha aparecido por ningún lado. Sus profesores han confesado en repetidas ocasiones que nunca lo vieron escribir. Veían los exámenes ya redactados. Quizás fuera algún otro alumno quien los hiciera. Sus hijos no recuerdan haberle visto nunca con un bolígrafo en la mano, ni con un lápiz en el bolsillo, como Paul Auster. Y su mujer desconoce por qué pasaba tantas horas ante el ordenador.

Se diría que alguien ha escrito sus libros. Una sensación que muchos escritores tienen, como si escribieran al dictado de algo o alguien que es mejor y más grande que ellos.

Pero sus libros están en Amazon y en las librerías: ensayos como Aprende a pensar como un gurú o Posglobalismo, guías para escritores como Mamá he escrito una novela o The Unapologetic Art of Writing and Publishing, novelas como La espía que soñaba o La amenaza del León Negro. Quizás los haya escrito uno de esos escritores fantasma que en secreto escriben para los que no escriben y firman. Nadie puede estar seguro de quien escribe en este mundo de la escritura. Así que lo único que importa es la lectura.

La experiencia de la lectura. Qué importa quién es el padre.

Entonces veamos lo que no escribe Rais Busom. Sus palabras dormidas, sus frases borrosas, sus libros no empezados. Acerquémonos al significado donde lo importante es lo que permanece más allá de lo escrito, aquella parte no escrita que existe entre las palabras y las líneas, como si fuera su propio subconsciente y nos remite siempre a aquello por escribir.

En consecuencia, la escritura no es el registro del presente que leemos como pasado sino la promesa de un significado futuro. Escribir no es tomar nota, no es reflejar el presente, es abrir el futuro a martillazos. Es diferir el significado a un lector futuro que lo hará suyo anulando al autor. No podemos encerrar el sentido dentro de las tapas de un libro.

Por eso, no es importante lo que yo haya escrito o haya dejado de escribir, sino lo que está por escribir. Lo que deseo escribir, por qué escribir también es esa obsesión, no tanto por decir, sino por desdecir, predecir y redecir, a la que no nos podemos resistir.

Impulsados por la necesidad de diseminar la palabra, dejamos semillas que florecen en el lector. Esa es mi tarea principal y la tarea de todos: sembrar el horizonte de la humanidad. No se trata de predecir el futuro, sino de crearlo, de escribirlo, pero para eso hay que correr el riesgo de no llegarlo a escribir. Hay que compartir ese riesgo con el lector. Si ya sabemos lo que vamos a escribir, estamos repitiendo el pasado, reducimos la escritura a memoria, mientras que la escritura es imaginación, creatividad pura. De lo contrario, ¿qué valor tiene la literatura. Y ese es uno de los problemas de nuestros días.

¿Estamos ante el fin de la literatura? ¿Y si ya no hay arte, ni palabra? Tan solo skills y tokens.

Sin embargo, soy optimista. Porque lo importante es la lectura. No importa la escritura si la escritura tiene que importar, si se hace con la IA o sin, colaborando o no con ella, porqué el que juzga es el lector. El autor debe estar al servicio de su obra y no al revés.

Si repetimos no hay futuro. Si buscamos la diferencia lo encontraremos.

Si te gusta ese escribir cómo no se debe escribir, procura leer como no se debe leer y entenderás lo que no puede entenderse.

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