Bar Avni, ganadora del Concurso La Maestra 2024, es una de las más brillantes figuras de la dirección orquestal surgidas tras la pandemia. Apadrinada por Yoav Talmi y Barbara Hannigan, ha desarrollado su hasta ahora breve carrera en el ámbito centroeuropeo y actualmente es artista en residencia de Villa Albertine (los centros de difusión de la cultura francesa en EEUU). Su concierto de debut con la Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música nos proporcionó la primera oportunidad de escucharla en un programa muy coherente en el que nos ofreció una inmersión en las modernidades musicales occidentales de las cuatro décadas entre el final de la Primera Guerra Mundial y los inicios de la Guerra Fría.
Le preceden elogios de su "presencia dinámica y musicalidad refinada", a los que se puede añadir que -como otros muchos músicos de su generación- Avni diseña programas destinados a convertirse en experiencias felices para los músicos y el público, a la interpretación lúdica de músicas hermosas que -con independencia de su fecha de composición- son músicas de 2026.
La música de Joly Braga Santos (1924-1988) merece ser considerada un paradigma de la elegancia portuguesa y de una alegría de vivir mediterránea que se me antoja pareja a la de Xavier Montsalvatge. Su Obertura sinfónica nº 3, compuesta a los 30 años, parece la puerta de entrada a su estilo maduro en el cual adopta, con desenfado, los procedimientos de Malipiero, que hace convivir con los de Copland gracias a una melodía del Alentejo portugués que conforma durante casi quince minutos el paisaje emocional de la Obertura.
La interpretación de la Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música fue luminosa e hizo plena justicia a la espléndida orquestación de Braga Santos. Sin duda la orquesta conoce la obra, pero nos pareció que además Bar Avni se la tomó muy en serio, dió variedad y contraste a los distintos temas, y consiguió un final muy brillante, casi excesivo, mimando los ff y crescendos.
El Concierto para piano y trompeta nº 1 de Dmitri Shostacovich es casi contemporáneo de los dos conciertos de Maurice Ravel, con los que comparte el poliestilismo y la vitalidad, las explosiones de humor y los momentos de melancolía, así como la búsqueda de la complicidad por parte de los dos solistas. Búsqueda que en esta ocasión redundó en un éxito rotundo, pues Marie-Ange Nguci (Albania, 1997) y Sergio Pacheco exhibieron una rotunda complicidad que pareció arrastrar tras de ellos a toda la orquesta.
Esta complicidad fue alimentada y mantenida por la dirección clara, diáfana y sensible de Avni, una directora de gesto bastante amplio que -como otras directoras- evoca más los brazos de una bailarina que los de un oficial del ejército dando órdenes. En el primer movimiento planteó un tempo más bien rápido y un notable contraste entre los dos temas, reforzando la dureza y casi agresividad del primero frente a la libertad y el aire cabaretero del segundo tema. El segundo movimiento, el 'Lento', fue especialmente lírico, casi celestial, hasta el punto de que no sonaba a Shostakovich, y Nguci se lució, sobre todo al final del movimiento, con una gradación dinámica impecable.
El tercer movimiento mostró esa gran libertad que sólo se consigue con unos ensayos bien llevados, Nguci planteó un sonido casi de Debussy (lógicamente no en el estilo) y Pacheco encontró muchos momentos de lucimiento que aprovechó, convirtiendo por momentos a la pianista en una simple acompañante de sus solos. El cuarto movimiento sólo reforzó lo que para entonces ya estaba claro: que Nguci es una gran pianista, potente y con un sonido muy equilibrado, que se conjugó perfectamente con el cuidado e incluso mimo que Pacheco imprime a su sonido, de modo que incluso en el celestial segundo movimiento consiguieron encajarse, y por supuesto se 'desbordaron' en el final del Concierto op 35.
Como bis Nguci y Pacheco interpretaron una obra de Bernstein, el mismo compositor que cerraba el concierto. El Rondo for Lifey (1959), que forma parte de una suite para metales (aquí se hizo la versión para trompeta y piano) escrita pensando en músicos concretos de la New York Philharmonic, está dedicado a su hermano Burt Bernstein ... y a Lifey, el skye terrier de la actriz Judy Holliday, buena amiga de Bernstein. Es una obra brevísima que dió muchas oportunidades de lucimiento a Pacheco, que es el principal de la Orquesta de Porto Casa da Música, un lujo que comparte con otros músicos, que seguramente por su origen portugués han elegido tocar en esta orquesta, como es el caso del gran tubista Sérgio Carolino.
Tras el intervalo, Nguci se sentó en la sala a escuchar el resto del concierto, mientras Pacheco volvía a su puesto de trompeta principal. Y nosotros nos dispusimos a disfrutar de un concierto que había empezado tan bien.
Ciertamente Avni acertó en su consideración de Le boeuf sur le toit como una farsa dadaísta, no surrealista, a la que aplicó los contrastes y guiños que con tanta fortuna había aplicado al Concierto de Shostakovich. Y su fraseo, organización dinámica, cuidado del sonido resultaban correctos.
Pero yerra al considerar el universo de Milhaud como una obra francesa. Le boeuf sur le toit es música brasileña y hay que aplicarle la tradición interpretativa de los compases de amalgama caribeños, y no los bartokianos. Este error de perspectiva indujo momentos esporádicos de desconcierto, especialmente entre los percusionistas, acostumbrados a tocar este tipo de música de otro modo. Y en general la versión fue mala, con rigideces incomprensibles de una directora que se formó inicialmente como percusionista, con tempi poco ajustados, con una orquesta por momentos despistada.
Le boeuf sur le toit es una explosión de alegría tras los espantos de la Gran Guerra. Su función terapéutica es suficiente para explicar el éxito de una obra provocativamente absurda e irreverente. Fancy free y su consecuente On the Town fueron compuestos y estrenados tres años después de la entrada de EEUU en la 2ª Guerra Mundial, cuando en Europa ya se veía el final de la guerra. Los tres marineros protagonistas de On the town no son felices, su estancia en Nueva York es frenética porque al día siguiente vuelven al frente y pueden morir. Es una explosión de vitalidad, no de felicidad, por eso las obras de Milhaud y Bernstein son radicalmente distintas. En On the Town, al contrario que en Le boeuf, la emoción y el sentimentalismo ocupan todo el paisaje afectivo, y la música refleja todos estas ilusiones, cambios afectivos y melancolía de los tres protagonistas y nos permite percibir la sombra de sus parejas.
Bar Avni, despistada en Milhaud, pareció transfigurarse en Bernstein, rezumando una energía que trasmitió a la Orquesta Sinfónica do Porto y ofreciendo una lectura en la que el frenesí no invisibilizó la tristeza subyacente: en ese sentido 'Times Square 1944' fue modélico. Orquesta y directora obtuvieron un gran éxito dejando bien probada su calidad, y en lo que a nosotros respecta nos hizo anotar el nombre de Bar Avni como una directora a seguir. Por lo que se refiere a la Orquesta de Oporto seguiremos acudiendo periódicamente a escucharla, aunque ya en la próxima temporada.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios