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Echo Rising Stars 2026 (4): Suspendida en un murmullo

Valerie Fritz
Valerie Fritz © 2026 by Fábio Poço / Casa da Música
Oporto, domingo, 24 de mayo de 2026.
Casa da Música. Sala 2. Learn to Unlearn. Valerie Fritz, violonchelo. Thomas Wegner, diseño de sonido. Georges Aperghis, Récitation II, de Quatre Récitations para violonchelo solo. Johann Sebastian Bach, Prelúdio y Courante, de la Suite para violonchelo solo nº 2 en re menor BWV 1008. Jennifer Walshe, The Sheer Task of Being Alive, para violonchelo y voz. Benjamin Britten, Lento (introducción), de la Suite para violonchelo nº 3. George Crumb, Toccata de la Sonata para violoncelo solo. Valerie Fritz, Additional value, para arco de violonchelo y electrónica en tiempo real. Peter Eötvös, Two Poems to Polly, para violonchelo y voz. Birgitta von Schweden (arreglo, Josef Haller), Latuit, para violonchelo y electrónica. Michael Gordon, Industry, para violonchelo amplificado y electrónica. Echo Rising Stars 2026
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Es inevitable, cuando uno se enfrenta a cinco conciertos casi seguidos de jóvenes solistas, entrar en el juego de cuál es mejor y peor. Pero en esta edición los conciertos han sido tan variados, que es difícil juzgarlos. Estamos por decir que el de la violonchelista Valerie Fritz (Tirol, Austria, 1997) ha sido el mejor, o por lo menos uno de los mejores. 

En primer lugar por lo ágil y desenfadado de su propuesta que titula Aprender a desaprender. Según se indica en el programa de mano del concierto, se trata de

un recital que desafía los límites de su instrumento. Libre del peso de la tradición, Fritz fusiona partituras como el Preludio de Bach con obras de interpretación contemporánea, combinando electrónica y voz. El programa incluye un nuevo encargo para Jennifer Walshe, considerada «la voz compositiva más original de Irlanda en los últimos 20 años». Gracias a este diálogo constante entre el canon y la vanguardia, la violonchelista se ha consolidado en importantes festivales europeos, obteniendo premios como el Premio de Berlín para Jóvenes Artistas.

Es quizá exagerado afirmar que Fritz "desafía los límites de su instrumento", pero sin duda su concierto se situó en el centro del jardín de los senderos que se bifurcan, que ha sido el territorio en el que se ha desarrollado la actual convocatoria de los ECHO Rising Star 2025/26. Si los saxos del Maat Quartet caminan por el acercamiento al público, y Nagy y Hovárth difuminan las fronteras entre los géneros, Valerie Fritz y Thomas Wegner, el responsable del diseño de sonido, niegan las jerarquías entre el instrumento y el diseño de sonido, recogiendo tradiciones muy asentadas en otros estilos musicales, especialmente en el tecnopunk, con el que la expresividad de este concierto de Fritz y Wegner está estrechamente vinculado. 

La obra de estreno, un encargo de la Elbphilharmonie Hamburg, Bozar Brussels, Casa da Música de Porto, Kölner Philharmonie y Konzerthaus Dortmund, se encomendó a Jennifer Walshe (Dublín, 1974). The Sheer Task of Being Alive [La pura tarea de estar vivo] es descrita por Walsh como: 

The Sheer Task of Being AliveEsta pieza es para violonchelo, pero la intérprete también utiliza su voz y su cuerpo. Se recomienda amplificar la pieza, preferiblemente con auriculares para captar los sonidos vocales. El estilo vocal es delicado e íntimo: la intérprete se sumerge en el murmullo interior de un astronauta flotando en gravedad cero durante una caminata espacial. La pieza forma parte de una serie de obras sobre Marte y el espacio; las líneas iniciales provienen de las observaciones de un comentarista de la NASA durante el lanzamiento del vehículo Perseverance a Marte el 30 de julio de 2020. 

The Sheer Task of Being Alive fue ejecutada como eje central de cuatro obras para violonchelo solo, interpretadas en parejas en attacca, lo que permitió percibir la íntima relación retórica y de procedimientos entre Aperghis y Bach por un lado, y entre Britten y Crumb por el otro. 

La calma interior de la magnífica obra de Walsh enlaza con los Two Poems to Polly, para violonchelo y voz, de Peter Eötvös, y con Latuit de Birgitta von Schweden (1303-1373) en el arreglo para violonchelo y electrónica de Josef Haller, una monodia del Trecento que se disuelve en un paisaje sonoro generado digitalmente. Estas obras de Eötvös y von Schweden están enmarcadas por dos propuestas de especial singularidad y sensibilidad: Additional value (2019), para arco de violonchelo y electrónica en tiempo real escrita por la propia Valerie Fritz, e Industry (1993), para violonchelo amplificado y electrónica de Michael Gordon (Miami Beach, 1956). La primera se nos asemeja una heredera de la delicada poética paisajística de Erik Satie, Pauline Oliveros o Brian Eno; y la segunda es estrictamente contemporánea del nacimiento del brutalismo sonoro del grupo finés Apocalyptica (y según explicó Fritz, un homenaje a la Suite para violonchelo nº 3 de Britten, cuyo 'Preludio' había tocado antes).  

Nos ha llamado la atención que en un momento en que la técnica de todos estos instrumentistas que hemos ido escuchando en la Casa da Música es de altísima calidad, de repente el virtuosismo no parece interesarles. ¿Es una alternativa más o menos encubierta a los instrumentistas orientales, especialmente chinos y coreanos, que acaparan los concursos de los distintos instrumentos? ¿Es que no aprecian todo el tiempo y sacrificios realizados en adquirir esta técnica que en realidad ya no es necesaria, porque el sonido se construye artificialmente y el virtuosismo es sólo una cuestión de conciertos en directo y para un público distinto al de hace cincuenta años que no lo aprecia igual? ¿Es una influencia más del punk en la música clásica, al igual que está ocurriendo en la ópera desde el siglo XXI?

En cualquier caso, es indudable que la experiencia de ver y escuchar a estos jóvenes del ECHO Rising Star 2025/26 nos ayuda a asumir lo obsoleto de muchas de nuestras perspectivas, asunción que nos abre a comprender e intentar compartir sus ilusiones, sentimientos, y concepto del decoro y de la belleza. Y, por supuesto, a envidiar su relación no traumática con la historia del arte y de la música. Son unos jóvenes desprejuiciados que para crear arte no necesitan convertir la estética en un campo de batalla moral. 

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