Alemania

Agente de libre albedrío

Juan Carlos Tellechea
Andrew Norman y Klaus Mäkelä con la Berliner Philharmoniker
Andrew Norman y Klaus Mäkelä con la Berliner Philharmoniker © 2026 by Berliner Philharmoniker
Berlín, jueves, 14 de mayo de 2026.
Gran sala auditorio de la Filarmónica de Berlín. Andrew Norman, “Play” para orquesta (estreno en Alemania). Igor Stravinski, “El pájaro de fuego”. Orquesta Berliner Philharmoniker. Director Klaus Mäkelä. 100% del aforo.
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La corporeidad es una de las cualidades más llamativas de la música de Andrew Norman, quien se centra en el gesto físico y la energía como una forma de empoderar a los intérpretes y reconocer su humanidad en el escenario. Su obra Play, para orquesta, estrenada esta tarde en Alemania por la Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la égida de Klaus Mäkelä, (el compositor acudió personalmente a presenciar el concierto) es una sinfonía en toda la regla que ya ha causado sensación desde su estreno en 2013 por la Boston Modern Orchestra, dirigida por Gil Rose, y en 2016, en su versión revisada, por la Filarmónica de Los Ángeles, con dirección de Gustavo Dudamel.

Ingenio y agudeza

Durante la segunda parte de esta misma velada Mäkelä, director titular de la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam y de la Orquesta Sinfónica de Chicago, dirigió también El pájaro de fuego, del joven Igor Stravinski, a la sazón de 27 años, quien mediante una inusual fusión de música folclórica rusa con brillantes timbres y potentes ritmos revolucionaría la danza teatro.

Mäkelä yuxtapone la obra de Stravinski con Play de Andrew Norman. En esta pieza de tres movimientos (“Level I”, “Level II”, “Level III”) y 45 minutos de duración, el compositor explora la capacidad de atención de los oyentes/espectadores en la era digital y las reglas de los videojuegos complejos (su afición). Y lo hace con un lenguaje musical que oscila entre el ingenio y la agudeza, como se puede apreciar en la plataforma Digital Concert Hall de la Berliner Philharmoniker.

Elementos clave

A sus 30 años recién cumplidos Klaus Mäkelä se ha labrado ya un gran nombre como director de orquesta y aquí aborda una de las obras fundamentales de Stravinski, escrita para los Ballets Rusos de Serguei Diaghilev. El pájaro de fuego, estrenada en 1910, que dio fama internacional al compositor.

Así como esta obra es un conte dansé (cuento danzado), Play es una aventura y narración, con ruido y una maraña de sonidos que solo se revelan al prestar atención a la historia. Es una obra de intrincada planificación que aborda temas como el control, el libre albedrío, los mensajes ocultos y, por supuesto, la alegría. Los elementos clave de Play son la fisicidad, el uso de la forma para crear una narrativa y el interés por la experiencia de la interpretación en vivo.

Sonido mínimo

La música de Norman es emocionante experimentarla en directo por la abundancia de sonidos inusuales que emanan del escenario. De ellos surge una narrativa lírica, lenta e increíble que el autor teje a lo largo de la pieza. El recorrido de cada línea instrumental en esta narración se despliega gradualmente, manipulada por las reglas del juego sinfónico y difuminada por técnicas extendidas de gran intensidad física que desafían los conceptos tradicionales de belleza.

En Play, el compositor distorsiona la viola para que suene como una guitarra eléctrica, lo que Norman denomina:

 presión fuerte del arco con trémolo ligero.

Otra técnica extendida utilizada en Play es el scratch bounce (msp, molto sul ponticello; muy cerca del puente), que suena como una serie de breves arañazos sobre una placa discográfica de vinilo (en el Río de la Plata los compositores de tango lo denominan chicharra). Otros sonidos físicamente muy activos son casi inaudibles, como el rebote sin tono y el cambio ruidoso; así como el de rebote con mucho scratch y sin tono.

A veces hay una correlación directa entre un gesto físico y el tipo de sonido que produce; verbigracia, un gesto amplio y dramático genera un sonido de igual amplitud y dramatismo. Pero también ocurre lo contrario, una desconexión entre lo que se ve y lo que se oye, cuando un movimiento amplio produce un sonido mínimo, o viceversa.

Level I

Timbres inusuales como estos, bellos por su franqueza o por su sutil intimidad, recontextualizan la interpretación ordinaria. Como espectador esto implica estar abierto a escuchar estos sonidos diversos en una misma obra y encontrar la manera de aceptar sus contradicciones y yuxtaposiciones.

En el Level I, se produce un desafío sonoro que se sitúa al borde de la ininteligibilidad; es un juego para el oyente, para dar sentido a este universo delirante, al menos al principio, y esa es parte de la diversión. Es solo a través de la escucha activa y la memoria que comienzan a emerger patrones, trayectorias e incluso personajes musicales distintivos.

Escala mayor

Aquí, el personaje más evidente que emerge es el de la trompeta. En un momento dado, la acción se detiene y este instrumento queda solo en una amplia séptima mayor descendente, un intervalo que recorre la sinfonía y que pone fin a toda la pieza. Este solo de trompeta se mueve en una forma melódica de cuña que se contrae, buscando concentrar la energía hacia adentro. Finalmente lo logra al término de este movimiento.

Esta llamada de trompeta invita al público a cruzar el umbral hacia el Level II y se abre paso lentamente a través de todo el movimiento central. En este segundo movimiento, el oboe emerge como uno de los protagonistas principales. Intenta completar la acción de tocar una melodía descendente; sin embargo, se desvía constantemente.

El ensayo y error de la idea musical del oboe —movimiento melódico descendente por tono o semitono— es representativo de su trayectoria narrativa. Este hilo expositivo solo se resuelve en el Level III, cuando el oboe finalmente encuentra lo que siempre buscó: una escala mayor descendente ininterrumpida.

Idea fija

Las narrativas de la trompeta, el oboe y otros instrumentos de la orquesta están inextricablemente unidas por una cuña melódica que solo se revela por completo en este tercer movimiento. Andrew Norman se refiere a esta cuña como una idée fixe, un motivo que regresa obsesivamente en diversas transformaciones a lo largo de la obra.

El término idée fixe hace referencia a una idea pionera en la Sinfonía fantástica de Hector Berlioz, en la que un tema melódico que representa un interés amoroso se entrelaza a lo largo de toda la obra y se transforma al reaparecer en cada movimiento o escena.

La cuña constituye el núcleo de la narrativa de Play: comienza en la nota do y se despliega hacia afuera en una melodía alegre y en constante expansión. Sin embargo, a diferencia de una idée fixe común, este tema no se presenta al principio de la sinfonía. En cambio, según Norman:

crece, a través de indicios y fragmentos, a lo largo de la obra, alcanzando su forma completa solo muy cerca del final de la pieza.

Percusión

Esta lucha —entre el deseo de alcanzar la cuña y los elementos de control percusivo— no es, por lo tanto, solo un elemento compositivo, sino también un arco narrativo y un conflicto esencial en la pieza. Los elementos de la cuña se van acomodando lentamente, sin coincidir constantemente entre sí en los movimientos 1 y 2 debido a acciones erróneas y pasos en falso al responder al control de la percusión. Norman utiliza la percusión para resaltar la forma en que una orquesta funciona como un conjunto de controles y sumisiones jerárquicas (desde la partitura, pasando por el director, al concertino, y a cada sección instrumental).

Una de las trayectorias imaginadas por Norman en Play fue la de la orquesta perdiendo gradualmente su libre albedrío a lo largo de los “Level I” y “Level II”. Los músicos se convierten cada vez más en marionetas o autómatas que son simplemente manipulados por los percusionistas de maneras cada vez más frenéticas y absurdas.

Libre albedrío

Es solo cuando el sistema de controles de percusión colapsa al final del “Level II” que la orquesta despierta como “agente de libre albedrío” en el “Level III”, al encontrar finalmente sus verdaderas trayectorias melódicas sin interrupciones y uniendo las piezas.

La idea del compositor es la de que al final del "Level III", eventualmente alguna orquesta podría hacerlo sin ser dirigida; e incluso el director dejaría de ser un agente de control hasta cierto punto, y entonces realmente serían los músicos los que toman las decisiones y tocan.

El estreno de “Play” en la gran sala auditorio de la Filarmónica de Berlín fue recibido con estruendosas ovaciones y exclamaciones altisonantes de aprobación durante prolongados minutos. Klaus Mäkelä salió y entró varias veces al escenario para agradecer a los excepcionales músicos de la Berliner Philharmoniker por la interpretación y al público por la acogida brindada.

El pájaro de fuego

En la segunda parte del concierto, el director se aseguró de que la «Introducción» estuviera llena de un suspense silencioso, dando paso al brillo rimskiano en la primera aparición del “Pájaro de Fuego”. Es admirable la ligereza rítmica y de la textura que Mäkelä y la Orquesta Filarmónica de Berlín aportan a la «Danse de L’Oiseau de feu».

Inmediatamente después, cuando el Pájaro de Fuego es perseguido y capturado por el príncipe Iván, se perciben claramente los esfuerzos asustados del ave por escapar y su fracaso al intentarlo. «Les Supplications de L’Oiseau de feu» está maravillosamente caracterizada aquí, lo que permite apreciar al máximo la seductora partitura de Stravinski.

Fagot

Un poco más tarde, hay una admirable alegría y ligereza en la interpretación de «Le Jeu de princesses avec les pommes d’or». Pero, por supuesto, el ballet tiene otra faceta y Mäkelä aporta toda la amenaza necesaria a «L’entrée de Kascheï l’Immortel», mientras que la famosa «Danse infernale de tous les sujets de Kascheï» está llena de energía malévola.

A partir de este momento, la mayor parte de la música es, al igual que la muy conocida «Danse infernale» de la suite. La «Berceuse de L’Oiseau de feu» es hipnóticamente relajante, a un tempo ajustadamente lento. En este episodio se admira mucho el hermoso y flexible solo de fagot. Al cabo de unos instantes, ese intérprete y sus colegas del coro de fagotes se escuchan bajo una luz muy diferente, ya que hacen que el despertar de Kascheï sea tan siniestro como debe ser.

Fabulosamente colorida

La sección tras la muerte de Kascheï lleva el título de «Profonde obscurité» y eso es exactamente lo que transmite esta interpretación, con una ejecución maravillosamente silenciosa y cargada de tensión. Mäkelä se adentra de forma mágica en el cuadro final; la apertura, es una maravilla en su tranquilidad, florece gradualmente hasta alcanzar la magnificencia festiva del final del ballet.

Fue esta una bellísima interpretación de El pájaro de fuego. Hay un gran sentido narrativo a lo largo de toda la obra y el público se deleitó con la orquestación, fabulosamente colorida, con ecos brillantes y sutiles matices. La presentación fue un gran logro, llena de energía y atención al detalle. 

Largas y más largas ovaciones cerraron esta magnífica velada que puede verse en la Digital Concert Hall de la orquesta Berliner Philharmoniker con una calidad de imagen y sonido de muy elevado nivel.

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