Vox nostra resonat

RFG tres décadas compartidas

Una figura distinta dentro de la RFG: el director principal invitado (2007–2024)

Irina Gruia
Real Filharmonía de Galicia Real Filharmonía de Galicia © RFG
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Hoy brindamos una vez más —la novena, para ser precisos— en honor a la Real Filharmonía de Galicia, que celebra treinta años de historia. Treinta años de conciertos, directores, solistas, giras, grabaciones, cambios, aprendizajes y también de vínculos humanos construidos alrededor de la música.

Y, al mirar atrás, aparece una figura que durante quince años formó parte fundamental de la vida artística de la orquesta: la del director principal invitado.

Aunque la figura del director principal invitado ya había existido previamente en la RFG durante la etapa de Maximino Zumalave, a partir de mediados de los años 2000 comenzaría una nueva manera de entender ese rol dentro de la vida artística de la orquesta.

Como muchos de ustedes ya saben, la vida de una orquesta sinfónica no gira únicamente alrededor de su director titular. Cada temporada está también marcada por la llegada constante de directores invitados, que aportan nuevas energías, repertorios y maneras distintas de hacer música.

Pero dentro de ese funcionamiento habitual, el principal director invitado ocupa un lugar algo distinto. No llega solo para una semana aislada: regresa varias veces cada temporada, participa de manera más continuada en la construcción artística del sonido de la orquesta y termina desarrollando una relación mucho más profunda con el conjunto y con el público.

Y fue dentro de esa nueva etapa donde las colaboraciones de Paul Daniel, Christoph König, Jonathan Webb y Joana Carneiro con la RFG adquirirían una continuidad especialmente significativa.

Y para entender cómo comenzó realmente esta nueva etapa, tenemos que volver por un momento a la temporada 2002–2003.

El universo de la joven RFG

La Real Filharmonía de Galicia era entonces una orquesta todavía muy joven —apenas siete años de vida— que atravesaba un momento de plena ascensión artística. Bajo la dirección de Antoni Ros-Marbà, la orquesta empezaba ya a consolidar una personalidad muy reconocible, especialmente en el repertorio clásico, hasta el punto de convertirse poco a poco en una de las referencias españolas en la interpretación del clasicismo. En aquel momento, la RFG afrontaba uno de los grandes proyectos de sus primeros años: la integral de las sinfonías de Beethoven, impulsada por Ros-Marbà.

Y sería precisamente después de aquellos años tan marcados por Beethoven cuando, en 2005, aparecería por primera vez Paul Daniel como director invitado, dirigiendo la Primera Sinfonía de Beethoven. El segundo encuentro llegaría poco después, esta vez en un concierto extraordinario fuera de temporada junto a Barbara Hendricks, donde Paul Daniel volvió a dirigir la Primera Sinfonía. Muchos músicos recuerdan todavía hoy aquel concierto como una auténtica explosión artística y humana dentro de la orquesta. Parecía abrirse una ventana completamente nueva dentro del sonido y la energía de la RFG.

A veces, los contrastes artísticos funcionan casi como un choque de luz. Como un blanco y negro. Y lo curioso es que no siempre aparecen porque falte algo. A veces uno puede sentirse completamente identificado con una manera de trabajar, de hacer música, de entender una orquesta… hasta que llega alguien que muestra otra forma posible de vivir todo eso. No mejor. No peor. Simplemente distinta. Y, de pronto, ambas maneras empiezan a convivir.

El nacimiento de una idea

La conexión artística y humana que comenzó a surgir hizo que el director técnico en aquel entonces, Oriol Roch y Antoni Ros-Marbà empezaran a plantearse la posibilidad de dar continuidad a este tipo de relaciones musicales dentro de la orquesta.

Detrás de aquella idea había también una reflexión muy concreta sobre el propio crecimiento artístico de una orquesta. Recordamos que Oriol Roch nos comentaba que la figura del director principal invitado comenzaba a entenderse como 

Una especie de contrapeso o balance para los músicos: la posibilidad de convivir de manera continuada con dos formas distintas de hacer y entender la música.

La idea no era sustituir la identidad artística del director titular, sino complementarla. Crear un espacio donde la orquesta pudiera respirar también otras energías, otras maneras de construir el sonido, de trabajar el repertorio y de relacionarse con la música, pero con suficiente continuidad como para que esa relación pudiera crecer realmente. Por eso, la intención era que el director principal invitado regresara un mínimo de tres o cuatro semanas por temporada.

Paul Daniel

Temporadas 2007–2008 / 2012–2013

Aquella idea terminaría materializándose oficialmente con el nombramiento de Paul Daniel como principal director invitado de la Real Filharmonía de Galicia.

Al recordar hoy aquella figura, Paul la describe como una oportunidad muy especial para construir una relación más profunda con la orquesta y con el público, pero sin el peso de sostener toda una temporada sobre los hombros.

P.D. Es una responsabilidad… pero sin toda la responsabilidad, resume entre risas. Para él, el director principal invitado nunca debía funcionar como una carta blanca, sino como alguien invitado a entrar en el universo artístico ya construido por el director titular:

No se trata de llegar e imponer tu propio menú. Es más bien como entrar en la cocina del chef principal y aportar nuevas ideas, nuevos sabores, nuevas perspectivas, pero siempre dentro de la visión general del proyecto.

Y quizá una de las reflexiones más interesantes aparece cuando habla de la necesidad de diferencia dentro de una orquesta:

Los músicos a veces necesitan otra energía, otra manera de hacer música, otra mirada distinta de la del titular. Y eso refresca muchísimo un proyecto artístico.

O, como él mismo lo resume con humor futbolístico: 

Es como fichar un nuevo jugador para el equipo. Entra dentro del sistema del entrenador principal… pero todo el mundo quiere descubrir también qué cosas nuevas puede aportar al juego.

Christoph König

Temporadas 2014–2015 / 2015–2016

Después de una temporada sin principal director invitado, la figura regresaría con el nombramiento del director alemán Christoph König.

Cuando le pregunto hoy cómo recuerda a la orquesta en aquellos años, las primeras palabras que utiliza son muy reveladoras: “voluntad”, “flexibilidad”, “adaptabilidad”. Habla de una orquesta “en muy buen estado”, muy profesional, pero también especialmente abierta.

C.K.: Siempre había un toque acogedor, recuerda. Y quizá hay algo todavía más bonito en la forma en la que describe aquella relación:

La sensación de sentirme realmente escuchado. De llegar al ensayo y notar que la orquesta estaba abierta a probar, a construir, a tomarse en serio lo que propongo desde el podio.

Y luego, casi sin respirar, sigue: 

Con muy pocas orquestas existe realmente ese feeling de sentirse a gusto.

Pero König también introduce una reflexión muy sugestiva sobre el delicado equilibrio entre continuidad y cambio dentro de una orquesta. Para él, el trabajo de una orquesta con distintos directores puede aportar nuevas energías y perspectivas, aunque cree también que una identidad artística profunda necesita tiempo para desarrollarse.

Entre los recuerdos que menciona de aquella etapa aparecen programas especialmente intensos y personales, con repertorios que iban desde Mahler o Sibelius hasta propuestas menos habituales como el Concerto Grosso nº3 de Schnittke, interpretado en Santiago en 2011 junto a Gregori Nedobora y Nikolai Velikov, principal y coprincipal de los segundos violines de la orquesta.

Y quizá una de las imágenes que más puede reflejar aquella relación aparece precisamente fuera del protocolo habitual del concierto. König recuerda entre risas cómo, en uno de aquellos encuentros, terminó sentándose al piano para improvisar una pequeña sesión de jazz junto a Nikolai Velikov. Son momentos pequeños, quizás invisibles para el público, pero que dicen mucho sobre el tipo de vínculo que empieza a construirse cuando una colaboración deja de ser puntual y se convierte en algo compartido con naturalidad, confianza y complicidad musical.

Cuando habla hoy de la RFG, no aparece ningún tipo de distancia amarga. Más bien una cierta nostalgia tranquila.

Quiero mucho a la Real Filharmonía 

dice sonriendo. Y añade que le habría gustado reencontrarse de nuevo con la orquesta en estos años, precisamente porque pocas veces ha sentido una conexión tan natural, abierta y humana dentro de una formación sinfónica.

Jonathan Webb

Temporadas 2016–2017 / 2019–2020

Tras la etapa de Christoph König, Jonathan Webb asumiría la figura de principal director invitado. Y aquí merece la pena recuperar una reflexión de Paul Daniel, ya entonces como director titular de la RFG:

Siempre he procurado que esta figura, la del principal invitado, fuese también una elección de los propios músicos. 

Y, efectivamente, los músicos de la orquesta fueron quienes eligieron a Webb para este cargo.

Jonathan ya conocía muy bien a la orquesta antes de asumir oficialmente el puesto. De hecho, recuerda que su primer encuentro con la RFG tuvo lugar en 2007, durante una interpretación de l re pastore de Mozart en el Festival Mozart de A Coruña. Entre los recuerdos de aquella etapa aparecen también varias giras por España junto a la RFG, entre ellas una especialmente recordada en 2014 por Pamplona, Santander y Burgos.

Cuando le pregunto qué significa realmente ser director principal invitado, su respuesta gira constantemente alrededor de una idea: la confianza.

Cuando una orquesta te invita por segunda vez es porque algo positivo ha ocurrido.

Pero para Webb, la verdadera diferencia aparece precisamente en la continuidad. Mientras un director invitado puede regresar una vez cada cierto tiempo, el director principal invitado vuelve varias veces cada temporada. Y eso transforma completamente la relación.

Te permite trabajar de una forma más íntima con la orquesta y escoger repertorio que pueda desarrollar una determinada manera de tocar y de pensar la música.

Aun así, insiste en que siempre entendió esta figura como un apoyo complementario al trabajo del director titular y a la visión artística general de la institución. Y quizá una de las cosas más bonitas de sus palabras es la forma en la que describe emocionalmente su llegada a Santiago.

Cada vez que volvía, sentía que regresaba a casa.

Habla de la vida itinerante de los directores, de hoteles, aeropuertos y ciudades que terminan mezclándose unas con otras. Y precisamente por eso, explica, existen lugares que terminan convirtiéndose en algo diferente: 

La calidez que sentía por parte de la orquesta hacía que Santiago fuese uno de esos lugares donde me sentía más un insider que un intruso; quizá más un peregrino que un turista.

La imagen no puede ser más compostelana.

Durante aquellos años, Webb dirigió numerosos conciertos con la RFG dentro y fuera de Galicia. Y aunque reconoce que cada vez disfruta menos de los viajes, recuerda con especial cariño las giras junto a la orquesta y esa sensación de responsabilidad compartida cuando una formación representa su identidad fuera de casa.

Pero el recuerdo más profundo que conserva no tiene que ver con grandes éxitos ni con programas espectaculares. Tiene que ver con un instante.

Durante una interpretación de la Suite para cuerda de Janáček, en el quinto movimiento, apareció un solo de violonchelo que Webb todavía hoy recuerda con emoción. Y, casi como una confidencia final escrita al margen del correo, termina revelando que la chelista, Barbara Switalska, la coprincipal de la sección de chelos de la RFG:

Fue tan increíblemente hermoso que el tiempo se detuvo.

Y entonces añade una de las reflexiones más conmovedoras de toda esta serie de conversaciones: 

Estoy convencido de que en aquel momento todos nuestros corazones latían como uno solo.

Para Webb, precisamente ahí reside la esencia más profunda de la música: esos pequeños instantes imposibles de prever donde una orquesta, un director y el público dejan de ser individuos separados y comparten una emoción irrepetible.

Joana Carneiro

Temporadas 2020–2021 / 2023–2024

Hasta la actualidad, la directora principal invitada más reciente de la Real Filharmonía de Galicia ha sido la directora portuguesa Joana Carneiro, nombrada en 2020.

Al mirar hoy hacia aquella etapa, Joana describe esta figura a través de ideas de conexión, continuidad y crecimiento artístico compartido:

Es diferente en la manera en la que conectamos más con la orquesta, creando una relación artística a largo plazo, en el sonido y en la programación.

Y cuando habla de lo que significó personalmente para ella la colaboración con la RFG, sus palabras transmiten una calidez muy especial:

Realmente me permitió crecer como músico. Encontré en la RFG un grupo precioso y acogedor de músicos que siempre querían alcanzar la excelencia. Eso era inspirador.

Entre los proyectos de aquellos años, hay uno que parece seguir especialmente cerca de ella. En 2024 dirigió junto a la RFG La Passion de Simone de Kaija Saariaho, presentada en Santiago junto a la Asociación de Amigos de la Ópera y convertida además en el estreno de la obra en España.

Quizá el último, La Passion de Simone, porque fue mi despedida de la orquesta como directora principal invitada, la compositora Kaija Saariaho acababa de fallecer y además estaba allí su marido. Fue algo muy especial.

Las palabras con las que terminó nuestra conversación quizá resumían mejor que ninguna otra cosa el tipo de relación que llegó a construir con la orquesta:

Echo muchísimo de menos a la orquesta.

Por un momento, ya no sonaba como una entrevista, sino como una despedida.

Después de aquella frase, el propio artículo parecía quedar en silencio.

Realmente, ya no hacía falta decir nada más.

Nota de redacción. La publicación de la serie RFG tres décadas compartidas es una iniciativa exclusiva del diario Mundoclasico.com, independiente de la Real Filharmonía de Galicia y del Consorcio de Santiago y no autorizada por estas instituciones públicas.
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