Italia

¡Viva Verdi!

Jorge Binaghi
Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Regie de Carrasco
Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Regie de Carrasco © 2026 by M. Monasta / Maggio Musicale Fiorentino
Florencia, domingo, 24 de mayo de 2026.
Teatro del Maggio Musicale. Un ballo in maschera (Roma, Teatro Apollo, 17 de febrero de 1859), libreto de A. Ghislanzoni y música de G. Verdi. Puesta en escena: Valentina Carrasco. Escenografía: Andrea Belli. Vestuario: Silvia Aymonino. Iluminación: Marco Filibeck. Vídeo: Max Volpini. Intérpretes: Antonio Poli (Riccardo), Chiara Isotton (Amelia), Bogdan Baciu (Renato), Ksenia Dudnikova (Ulrica), Lavinia Bini (Oscar), Mattia Denti (Samuel), Adriano Gramigni (Tom), Janusz Nosek (Silvano), y otros. Coro (preparado por Lorenzo Fratini) y Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino. Dirección: Emmanuel Tjeknavorian.
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Hacía ya tiempo que no volvía a Florencia y en época de su Maggio Fiorentino, aunque ahora el teatro se llame así y de alguna manera todo el año sea mayo. Pero en esta ocasión sí se trataba de un espectáculo de la ‘vieja tradición’ del Festival del Maggio. Los resultados también estuvieron relativamente a la altura de los viejos tiempos aunque, para no perder la costumbre, la nueva presentación escénica (la obra no se representaba hace mucho, y menos en forma teatral) despertó polémica y el primer día protestas. Yo asistí, en cambio, a la última y, salvo alguna risita o comentario en voz más o menos baja, no hubo conmoción.

Valentina Carrasco no es ciertamente santo de mi devoción y hay cosas que no me han gustado nada, aunque sí por ejemplo su Aida de hace pocos años en Macerata. Al menos se ha independizado de ‘La Fura dels Baus’ y ahora asume la responsabilidad en solitario. Aquí ha querido llevarnos a los EEUU de 1960 con los Kennedy y sus problemas entre público y privado, los problemas raciales, las drogas, y ya ni me acuerdo de si también estaba Vietnam, ya que la secretaria (Oscar en la ópera) del presidente (Riccardo, ídem) hacía recordar un poco en sus posiciones de la primera canción del ‘paje’ a la historia de Clinton en el Despacho Oval, etc.

Demasiado junto, como en el preludio del segundo acto donde obviamente el ‘orrido campo’ es un lugar de despacho ilegal de drogas y prostitución (aunque no masculina, gran diferencia con la ‘famosa’ puesta en escena de Bieito en el Liceu, nunca retomada), y Amelia se encierra en una cabina telefónica donde antes se ha pinchado un drogata cuando se asusta, cuando llegan los conjurados, y no me acuerdo si durante el dúo de amor durante el que el protagonista, pese a lo que dice y la música que lo acompaña, intenta penetrarla.

Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Dirección: Emmanuel Tjeknavorian. Puesta en escena: Valentina Carrasco. Florencia, Teatro del Maggio Musicale, mayo de 2026. © 2026 by Michele Monasta / Teatro del Maggio Musicale Fiorentino.Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Dirección: Emmanuel Tjeknavorian. Puesta en escena: Valentina Carrasco. Florencia, Teatro del Maggio Musicale, mayo de 2026. © 2026 by Michele Monasta / Teatro del Maggio Musicale Fiorentino.

Como no hay John Fitzgerald sin Jacqueline y los hijos (ella en el famoso Chanel rosa del atentado) aparecen en el primer acto sin casi más razón que las fotos y en el tercero para asistir a su muerte. Para que no falte nada en el baile hay una figura que es la de Marilyn (no parece que la sexualidad de Kennedy y Gustavo Adolfo o Riccardo fueran las mismas, pero qué importan) en la que, en la mejor tradición de las grandes kermesses yanquis, la gente pone su cara en lugar de la de la estrella para inmortalizarse (me parece recordar que era indiferente el sexo -perdón, género- porque no estamos para pamplinas o minucias de ese tipo). El disfraz de Oscar en el último acto es ir vestida de bandera de los Estados Unidos de Norteamérica. Lástima que no apareció Trump, pero todo se andará.

Los artistas estaban bien dirigidos -para estos parámetros- y aunque no me parece que sea del personaje de Renato moler a hostias a su mujer entre el final del segundo acto y el principio del tercero -donde lleva la pobre Amelia vistosas marcas de maltrato- está bien conseguida la solidaridad femenina entre Oscar y Amelia cuando el primero (la primera) advierte el estado de la cara de la dueña de casa.

Musicalmente las cosas no se prestaron a controversia. Fue un buen Ballo, a veces muy bueno. Qué suerte: entre otros estaban presentes Anna Netrebko, que dos días después cancelaba una función en Milán, y Alexander Köpeczi.

Primero, la dirección. Comenzar una carrera como director de ópera siendo un joven pero respetado director sinfónico con Un ballo in maschera, ópera dificilísima de concertar, no parecía aconsejable. Pero Emmanuel Tjeknavorian es algo más que un joven y respetado director (ha renovado con el Auditorium de Milán hasta 2029): es muy buen director, y punto.

Nunca he entendido demasiado (más allá de especializaciones por gustos o afinidades ‘electivas’) esa diferencia entre dirigir una ópera y un concierto, aparte del hecho que en la primera hay mucho más que tener en cuenta aunque la parte puramente orquestal haya quien pueda considerarla más fácil o menos gratificante.

El caso es que lo hizo muy bien… a partir del segundo acto. En el primero, y ya desde el preludio, hubo algún tiempo extraño (la balada ‘Di’ tu se fedele’ fue un aburrimiento, seguramente por no poner en apuros al solista) y alguna opacidad o pequeño desencuentro, además de que en el difícil juego entre diversión y malicia y el drama pasional se prefirió el segundo.

Desde el gran preludio del segundo acto en adelante hubo teatralidad, urgencia, pasión, y los pocos momentos -pero muy acentuados- de ‘broma’ resultaron también muy acertados. Casi nunca (el ‘casi’ va por el quinteto del primer cuadro del tercer acto) la potencia de una orquesta en espléndida forma cubrió las voces, y hubo matices (como en la dirección de las dos arias seguidas al principio del tercer acto) notabilísimos, aunque, como es lógico, el maestro domina sobre todo la expresión del pathos.

Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Dirección: Emmanuel Tjeknavorian. Puesta en escena: Valentina Carrasco. Florencia, Teatro del Maggio Musicale, mayo de 2026. © 2026 by Michele Monasta / Teatro del Maggio Musicale Fiorentino.Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Dirección: Emmanuel Tjeknavorian. Puesta en escena: Valentina Carrasco. Florencia, Teatro del Maggio Musicale, mayo de 2026. © 2026 by Michele Monasta / Teatro del Maggio Musicale Fiorentino.

Destaquemos en primer lugar a la sección femenina del reparto. Chiara Isotton, además de paciencia e idoneidad para representar su papel como se le pide aquí, pareció estar a sus anchas en un papel tremendo como lo es el de Amelia. Seguramente la famosa ‘entrada’ (‘pace, svellermi dal core’) con el trío del primer acto es tremebunda y no fue su mejor momento (ni en los discos suele serlo; Verdi no es como Strauss con sus tenores pero a veces se le aproxima), aunque inmediatamente se tranquilizó y estabilizó. El tremendo recitativo y el aria inicial del segundo acto fueron memorables, como lo fue la del inicio del tercero y su actuación en los números de conjunto, en el duettino que precede al final y en el gran dúo de amor (¿el mejor que escribió Verdi?) del segundo acto, en el que, pese a posturas incómodas, llevó la voz cantante (y nunca mejor dicho).

Lavinia Bini pareció a sus anchas en Oscar, se divirtió, se asustó, se acongojó, y fue mucho más que una soubrette, no sólo porque la voz ha cobrado mayor entidad y porque sus agudos siguen siendo frescos pero más potentes. El brío de su actuación y de su canto revela su gran amor por el género lírico, como es también el caso de Isotton.

Creo que de todos modos esa pasión por la profesión estuvo presente en todos los componentes del reparto, aunque los resultados no fueran siempre tan relevantes. Para terminar con el trío de señoras, fue la primera vez en que Ksenia Dudnikova, una muy buena cantante sin duda, me convenció plenamente en un papel de ópera italiana. Y Ulrica será corto por duración, pero nada fácil y fundamental para la trama. Esta vez (esta pobre ópera azuza a los directores de escena de imaginación febril) apareció como Luther King (aunque no parece que el gran luchador y mártir de los afroamericanos pueda haber invocado nunca al diablo) y pese a ese hecho cantó no sólo bien sino con total convicción.

Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Dirección: Emmanuel Tjeknavorian. Puesta en escena: Valentina Carrasco. Florencia, Teatro del Maggio Musicale, mayo de 2026. © 2026 by Michele Monasta / Teatro del Maggio Musicale Fiorentino.Verdi, ‘Un ballo in maschera’. Dirección: Emmanuel Tjeknavorian. Puesta en escena: Valentina Carrasco. Florencia, Teatro del Maggio Musicale, mayo de 2026. © 2026 by Michele Monasta / Teatro del Maggio Musicale Fiorentino.

El protagonista de Antonio Poli (tal vez el papel para tenor más complejo y completo de Verdi) tuvo a su favor la belleza del timbre, especialmente cálido y brillante en el agudo, aunque tuvo que utilizarlo hasta el extremo, y a veces le faltó volumen y /o fuerza (el caso más evidente fue en el dúo del segundo acto). Su centro y su grave no son tan importantes o interesantes y por eso su balada fue el momento deslucido en su actuación. Se movió bien, de acuerdo con lo marcado (que es lo contrario de lo que es el personaje) y tuvo sus momentos más destacados en el tercer acto, en su gran aria y en la escena final.

Bogdan Baciu se incorporó más tarde a la producción porque su antecesor desapareció al parecer por obra y gracia de agentes externos. Es un buen cantante, poco personal como timbre y como actor, pero cumplió con más que profesionalidad con las dificultades de Renato. Tal vez no sea para el recuerdo, pero no empañó el buen resultado, y eso es ya tantísimo.

También los conspiradores estuvieron muy bien resueltos. La voz de Adriano Gramigni es más timbrada que la de Mattia Denti, pero ambos cumplieron muy bien con dos papeles que no dan mucha satisfacción pero que necesitan de reales voces de bajo (todavía me río cuando recuerdo que en la grabación con Gigli estaban Tancredi Pasero e Italo Tajo, a quienes no les pasaba por la cabeza rechazar estos roles por ‘secundarios’). Fue correcto sin mucho más en el tan importante como breve papel de Silvano Janusz Nosek, y creo que por primera vez he oído una voz de tenor joven y entera en el papel del juez del primer acto gracias a Francesco Congiu.

El teatro es, en mi opinión, muy grande, así que es difícil verlo al completo, pero presentaba una muy buena entrada y un público entregado y cálido (un señor cerca de mí además de bravear con nombre de pila a sus preferidos de vez en cuando gritaba ‘¡Viva Verdi!’, y cuánta razón que llevaba y lleva).

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