El Teatro La Fenice de Venecia repuso la ya clásica visión de Calixto Bieito de la ópera Carmen de Georges Bizet, originalmente estrenada en el Festival Castell de Peralada en agosto de 1999, y hace varios años en esa sala. Vista y registrada en diversos formatos en múltiples ciudades del mundo, ya se convirtió en un clásico y si alguna vez provocó estupor o indignación, hoy genera algo de simpatía y un poco de tedio por haberla visitado tantas veces.
Con todo, la puesta continúa sorprendiendo, en el cuarto acto la marcación del coro que avanza hasta el proscenio y contempla un desfile invisible contenidos por una cuerda justo al borde del proscenio, gran golpe de teatro y a la vez permite salir del desfile folclórico de toreros, figurantes y ayudantes varios. También que en ese acto Carmen vea a Don José cuando utiliza un espejo para retocar su maquillaje. En esta ocasión se vio que cuando Frasquita y Mercedes le dicen a Carmen que Don José ronda por las inmediaciones de la plaza de toros en el fondo de la platea se ve al artista que protagoniza al personaje. No sabemos si es un añadido de la reposición -a cargo de Joan Anton Rechi- o algo que subsiste desde la puesta original pero que algunas veces se omite.
La escenografía de Alfons Flores para enmarcar la acción, trasladada a mediados de los años setenta o principios de los ochenta del siglo XX en el territorio de Ceuta, en Marruecos, es simple: en el primer acto un mástil con la bandera española junto a una cabina telefónica, en el segundo un automóvil, en el tercero se ve el Toro que usa como símbolo la marca Osborne junto a varios automóviles que se detienen en ese descampado; mientras que en el cuarto se ve simplemente el ciclorama y se marca un ruedo taurino en el suelo.
Muy apropiada al concepto de la puesta la iluminación de Alberto Rodríguez Vega, repuesta en este caso por Andrea Benetello, y en perfecto estilo y época el vestuario de Mercè Paloma, que por la época en la que se sitúa la acción en esta puesta ya es un vestuario histórico, ya que cualquier menor de 40 años nunca vio a sus familiares o amigos vestidos así.
La versión musical es la que siempre se utiliza en esta puesta que está por cumplir 27 años y que contiene diálogos, pero extremadamente amputados, con algunos cortes en la música y hasta resabios de recitativos. La versión musical que convenía a Bieito para su puesta en escena.
El maestro Francesco Ivan Ciampa logró una versión musical de primera línea y con muy buen estilo francés. Se alejó de los tintes veristas que la obra no tiene o de la sensualidad italiana que no corresponde. Cuidó el balance entre el foso y la escena, logró sutilezas varias y momentos de controlada expansión sonora.
La mezzosoprano Annalisa Stroppa, debutante en un rol escénico en Venecia, revalidó los laureles que la tienen en la actualidad como una de las intérpretes de Carmen de referencia entre las cantantes de nacionalidad italiana. A sus 45 años se evidencia la madurez como artista y la solidez de su arte. Totalmente convincente y creíble tanto en lo escénico como en lo vocal, encara a la gitana con su bello y poderoso registro, con notable estilo, con sutileza y matices, pero también con la fuerza necesaria en los momentos que lo requieren. Sin exageraciones y resaltando una faz belcantística en el personaje, su muy buen francés fue un plus para la excelencia de la noche.
Jean-François Borras es todo lo que esperamos en un tenor francés que encara un personaje galo emblemático. Su Don José evidenció su bello color vocal, sus agudos de acero, sus pianísimos de sueño y su perfecta proyección. Lirismo pleno en cada parte sin exageraciones veristas, pero sin dejar de cantar cada nota. Parco como actor, no brilló en esta fase del rol.
Elisa Balbo compuso una gran Micaela. Hermoso registro lírico, emisión sin fisuras y calidad interpretativa se conjugaron esa noche. Notables su expresividad y sus pianísimos en el dúo del primer acto con Don José.
Alessandro Luongo cumple adecuadamente, sin brillar, con el rol del torero Escamillo, mientras que Armando Noguera se lució como el Dancairo. En el rol mudo de Lillas Pastia, Francesco Mandich cumplió con las históricas indicaciones de la puesta. Correcto sin más y con algún endeble francés el resto del elenco.
El Coro del Teatro La Fenice, dirigido por Alfonso Caiani, se mostró sólido y profesional y fue puntal de la velada; mientras que los Piccoli Cantori Veneziani, dirigidos por Diana D'Alessio, también ofrecieron una actuación esmerada.
En suma: con buena voces y buenas interpretaciones una gran Carmen en la ciudad de los canales.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios