En la historia de la música se dan conjunciones milagrosas. El encuentro entre Carl Maria von Weber y Heinrich Joseph Baermann, el genio del clarinete de su época, dio como resultado varias obras maestras. Este compositor, sin duda subestimado, salvo por su ópera Der Freischütz (El cazador furtivo), quien entendía y amaba el clarinete como quizá solo Wolfgang Amadé Mozart lo había hecho, poseía un virtuosismo nunca vacío, sino siempre inspirado e imbuido de un poderoso drama.
La colaboración entre Weber y Baermann dio como resultado, por un lado, tres conciertos para clarinete y, por otro, varias piezas de música de cámara. Entre los primeros, el Grand Duo Concertante para clarinete y piano, op 48 (1815), en si bemol mayor, que cierra este álbum, posee una innegable cualidad concertante y un virtuosismo exuberante, como se puede apreciar…
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