Gea, la diosa mitológica de la Tierra, es evocada en este álbum del destacado violonchelista Gautier Capuçon (sello Erato / Warner Classics) con deliciosas novedades musicales, inspiradas en su belleza, fragilidad y fuerza, e interpretadas excelsamente junto a Jacques (piano), Ayanna Witter-Johnson (violonchelo, voz), Frank (piano), Olivia (piano), Abel (violonchelo, voz), Sarah (voz) y el Capucelli Cello Ensemble.
, a quien se vio recientemente en una gira europea con la orquesta Berliner Philharmoniker dirigida por Kirill Petrenko, afirma que:
El álbum es también un llamamiento, un himno a esta belleza amenazada, una plegaria por las generaciones venideras.
Gautier , nacido en Chambéry el 3 de septiembre de 1981, es un violonchelista nato y un auténtico saboyano que creció en y con las montañas. Ya en álbumes anteriores se dejó fotografiar en los glaciares con el violonchelo, el atril y las partituras, vestido con esmoquin, para demostrar así su unión con la naturaleza, con el hielo eterno y la cordillera. Esta vez lleva al extremo su bienestar, puesto de manifiesto en los sublimes mundos alpinos.
Las espectaculares fotos del violonchelista para la cubierta del álbum y el folleto que lo acompaña se tomaron todas en el macizo del Mont Blanc, más concretamente en la cuenca glaciar de La Vallée Blanche, cerca de Chamonix, en el glaciar Combe Maudite, en el glaciar más grande de Francia, el Mer de Glace, en la Aiguille du Midi, de 3842 m de altura, y en la vertiginosa cresta Arête des Cosmiques; hielos amenazados de desaparición por el vertiginoso aumento de la temperatura en el planeta.
En esta grabación toca a lo alto en el sentido más literal del término. Su proyecto, bautizado como Gaïa (Gea), diosa primigenia de la Tierra en la mitología griega, se remonta a la íntima relación del artista con la naturaleza, con las montañas, con el paisaje de su infancia y juventud. Toda la música del álbum ha sido compuesta especialmente a petición y por encargo de Gautier Capuçon y se graba aquí por primera vez.
Entre ellos se encuentran nombres tan ilustres como , Joe , Ludovico , o Nico . Como creadores de las piezas, de entre tres y casi seis minutos de duración, figuran además Bryce (dos veces), JB , Ayanna Witter-Johnson, Armand , Olivia , Xavier , Jasmine , Quenton , Abel , Missy y Michael /Wladimir Pariente.
En consecuencia, las composiciones, que abordan en su totalidad el tema de la «Tierra», presentan una gran variedad y diversidad estilística. Capuçon afirma sobre las 17 composiciones reunidas en su álbum:
Cada pieza da al violonchelo su propia voz y nos sumerge en la fuerza y la profundidad de la naturaleza y de la Tierra, la fuente de la vida.
La mayoría de ellas no son propiamente música programática, sino invenciones sonoras destiladas de emociones y pensamientos muy personales. Así lo explica el compositor Max Richter, refiriéndose a su Sequence for Gaia para violonchelo y piano, que cuando escribió la música tenía en mente una cita de tras la ascensión a una cima. Al fin y al cabo, sí que hay una diferencia entre subir una montaña a pie o dejarse llevar por el teleférico. No en la vista objetiva del valle, sino en la sensación subjetiva, en la euforia del esfuerzo.
Por su parte, el compositor y guitarrista estadounidense Bryce Dessner reflexiona en sus dos piezas para violonchelo solo, Towards the Forest y Towards the Light, sobre la naturaleza a través de patrones cinéticos circulares, inspirándose concretamente en los paisajes de Edward Munch del Museo Munch de Oslo. El músico francés Jean-Benoît Dunckel-Barbier se inspiró para componer Wake, para violonchelo y conjunto de violonchelos, en el «canto» del bosque, en los diferentes estados de ánimo según la estación del año y el tiempo.
Air, de Ludovico Einaudi, por el contrario, no necesita programa ni traducción de su contenido poético. El oyente disfruta de una melodía etérea para violonchelo, una canción que no necesita palabras. Joe Hisaishi ha compuesto su Prélude para Gautier con una maravillosa ligereza y aire. El violonchelo y el piano se entrelazan en una especie de arpegios con ritmos que contrastan de forma variable. Música minimalista en todo su encanto armónico y cambiante.
El compositor francés de bandas sonoras Armand Amara, quien entre otras obras, compuso la música de la película El concierto, dirigida por Radu Mihăileanu, hace referencia en «Boreas» al dios del viento del norte invernal. Esta pieza, con una opulenta instrumentación de violonchelo, piano y conjunto de violonchelos, también se inscribe estilísticamente en los patrones repetitivos de la música minimalista. Amara sabe seguir los pasos de Rameau de forma fascinante con acentos salvajes y el furor implacable de los elementos. Quizá una de las piezas favoritas de muchos oyentes.
La compositora y pianista neoclásica italiana Olivia Belli plasma en Tàmâr Mĕtūshelāḥ su fe en la resiliencia y la vitalidad de la naturaleza mediante armonías sencillas. Prueba de ello es una palmera datilera que brotó de una semilla de 2000 años de antigüedad. El contrabajista estadounidense Xavier Foley interpreta en Ambition una ronda jazzística y juguetona con violonchelo y piano, en el campo de tensión entre la determinación y la vulnerabilidad.
Con melodías de amplio alcance, Sur le lac du Bourget de Gabriela Montero, un homenaje al romanticismo lacustre envuelto en los universos sonoros del impresionismo francés a través de la lente del cine del decenio de 1960, cautiva al oyente. Jasmine Barnes, de Baltimore, evoca en Life in Sunshine, con recursos expresivos del neo-soul, el gospel y el jazz para violonchelo y conjunto de violonchelos, un momento de desenfado, como los que se dan de vez en cuando en la infancia.
El compositor y pianista estadounidense Nico Muhly experimenta en Side Piece de forma suavemente onomatopéyica con la consistencia de lo líquido, sin renunciar a interesantes efectos de distanciamiento. El violonchelista y compositor Quenton Blache, originario de Los Ángeles, sitúa en Of Wind and Rain los desestresantes sonidos del viento y la lluvia en el centro de su inspiración. Escrita para violonchelo y conjunto de violonchelos, la obra del joven músico destaca por su gran temperamento y su refinamiento compositivo.
El violonchelista, cantante y compositor sudafricano afincado en el Reino Unido Abel Selaocoe expresa en Toro Tsa Kwa, para violonchelo y voces rituales y furiosas, su chispeante gratitud por haber nacido y por el cuidado de la tierra que nos alimenta. Missy Mazzoli, pianista, compositora y profesora universitaria estadounidense, intenta en The Usual Illusion iluminar musicalmente el fenómeno del espejismo o de la ilusión óptica denominada «fata morgana». Lo que en el horizonte de los desiertos y las regiones polares resulta ser una ilusión ha alimentado desde siempre historias de sirenas, barcos fantasma y continentes perdidos.
El álbum se cierra con la chanson Never Say Never, de Michael Canitrot y Sarah Rebecca, un arreglo emotivo en el que la voz ronca de Sarah Rebecca y el sonido sensual y contundente del violonchelo de Gautier Capuçon se mezclan de la forma más conmovedora. En otras palabras, aquí tampoco se puede prescindir del todo del kitsch.
Todas estas composiciones están impregnadas de una convicción inquebrantable. Gautier Capuçon combina una expresividad profunda, una entonación delicada, brillantez en los pasajes más agitados y un dominio absoluto de toda la gama expresiva. Los músicos y vocalistgas que le acompañan ofrecen interpretaciones soberbias, abarcando con igual maestria todas las exigencias de los textos. Es esta una verdadera colaboración.
La grabación del ingeniero de sonido Jin Choi en el palacio de Elmau, en la localidad de Krün (Baviera, Alemania), ofrece un sonido perfectamente natural, capturado en una atmósfera lo suficientemente etérera como para lograr un equilibrio ideal entre todas las voces.
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