A medida que su
nombre ganaba fama y ella se consolidaba como una de las pianistas más
destacadas de su generación, Alba Ventura se iba transformando, a los ojos del
público y de la crítica, en la heredera de la tradición pianística española, y,
en consecuencia, de la gran Alicia de Larrocha, a buen seguro la intérprete
española más conocida internacionalmente durante la segunda mitad del siglo XX.
Y esto es cierto, sin duda, y también es un honor. Pero lo que quizás mucha
gente no sabe es que Alba Ventura posee además una formación que le viene
directamente de la escuela rusa, a través de figuras como Dimitri Bashkirov,
Vladimir Ashkenazy e Irina Zaritskaya, lo cual le permitió consolidar una
fortaleza técnica de alto nivel y triunfar en repertorios tan difíciles y
atiborrados de competencia como los de Mozart, Chopin y Rahmáninov,…
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