Vox nostra resonat

Historias, gin tonic, y tal…

Theodor Smeu Stermin
Baldur Brönnimann Baldur Brönnimann © 2025 by Real Filharmonía de Galicia
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En la entrevista con Baldur Aurel Brönnimann el director titular de la Real Filharmonía de Galicia, publicada en El Correo Gallego del 14 de junio de 2026destaca una declaración que no debería pasar inadvertida:

Veo mucha gente en Santiago a la que le interesa el proyecto de la Real Filharmonía y siento que ahí estamos en el mismo barco y tal... 
En eso influye también la imagen que uno proyecta de la orquesta, a veces uno habla tan serio y tan rígido sobre música, que un poco más de gin tonic hace falta.

Ese «y tal» lo dice todo. El proyecto y tal, la ciudad y tal, la orquesta y tal, la música y tal, la responsabilidad y tal, el liderazgo y tal.

“Y tal” sirve para todo. Cuando no hay una idea, cuando no hay un argumento.

Ese «y tal» es la navaja suiza del pensamiento contemporáneo y tal.

Antes, los directores de orquesta hablaban de repertorio, sonido, estilo, articulación, fraseo y carisma. Ahora, basta con hablar de la gente y tal, de la energía y tal, de las sinergias y tal, del barco y tal.

Cuando en el discurso de un director de orquesta aparece un «y tal», esto poco futuro tiene ya. En plan, ¿sabes? Eso ya no da pa' más. No queda otra. Es lo que hay. Nos mole o no, la movida tiene tela. Que venga Bad Bunny y lo arregle, colega. Es que es todo muy: vibra y tal. Conectar con la gente y tal. Buen rollito y tal. Todo bastante random, la verdad. En serio.

Y tú pensando: vale, pero ¿cuál es la idea?

Pero nada. Chill. Todo tranqui. Todo fresh. Todo increíble. ¿Sabes? Todo espectacular. Todo brutal neno.

Verás bro… verás director, esto te ocurre cuando quieres ser chachi pero no llegas ni a piruli. Y tal.

Y hablando de «y tal»… ¿Qué tal si leemos la temporada Historias en cifras? A ver si se nos pasa la tontería:

La Real Filharmonía de Galicia ha bautizado su temporada 2025/26 con el título de Historias. Pocas temporadas recientes cuentan una historia tan singular sobre qué entiende hoy una orquesta pública por equilibrio entre tradición y contemporaneidad.

Voy a comenzar con lo peor:

La temporada reunió aproximadamente 70 compositores distintos.

De ellos:

  • 16 compositores del siglo XXI.
  • 26 compositores del siglo XX.
  • 14 compositores del siglo XIX.
  • 13 compositores del siglo XVIII.
  • 1 compositor del siglo XVII.

Traducido a porcentajes:

  • 40 % de los compositores están vivos.
  • Cerca del 35 % pertenecen a generaciones nacidas después de 1950.
  • Casi una cuarta parte corresponde a compositores plenamente asociados al siglo XXI.

La joya de la corona ha sido el proyecto Cometas, que ha aportado:

  • 16 estrenos absolutos.
  • 22 estrenos en total si se suman los estrenos en España.

Una cifra difícil de encontrar incluso en Donaueschinger Musiktage.

También llama la atención otro dato: entre los dieciséis compositores de Cometas no encontramos nombres con una presencia claramente consolidada en los grandes circuitos internacionales. La mayoría desarrolla carreras regionales perfectamente respetables, pero muy lejos del reducido grupo de autores que hoy marcan la agenda musical mundial.

La programación de la RFG 2026/27 ha sido una auténtica y lamentable terapia de choque. Se ha producido una anomalía histórica sin precedentes, sustituyendo obras que habían sobrevivido centenares de años por partituras cuya principal virtud era haber sido escritas anteayer, incorporando poliésteres, piedras de río y demás técnicas mixtas. Más que mixtas, son promiscuas: han confundido la fusión de lenguajes con la abolición de cualquier criterio. Ni pertenecen a la música ni terminan de emanciparse del departamento de materiales de una ferretería. Lo más triste no es que eso ocurra, sino la docilidad con que se acepta esa deriva. Músicos formados durante una vida para servir a la música obedecen ya propuestas ajenas a su oficio: no por convicción, sino por cansancio y por prudencia. Y ahí empieza la derrota: cuando los músicos dejan de discutir su destino y se limitan a lamentarlo.

Más de uno se ha preguntado si la pasión por la música actual respondió a una convicción artística profunda o a una solución del programador: las partituras actuales tienen la indiscutible ventaja de que nadie puede compararlas con interpretaciones legendarias. Una estrategia cómoda por parte de Brönnimann: si el público sale desconcertado, siempre se le puede echar la culpa de que no estaba preparado para comprender su propuesta.

Cuando se le pregunta cómo valora la temporada, el director responde: 

No puedo valorarlo mucho desde dentro pero hay cosas que funcionaron muy bien.

Si alguien debería estar en condiciones de valorar una temporada es precisamente quien la ha diseñado, dirigido y defendido públicamente durante meses. La valoración posterior forma parte esencial del trabajo de cualquier responsable artístico. Analizar aciertos, reconocer errores y extraer conclusiones constituye la base de toda programación seria. Si no puede valorarla desde dentro y tampoco parece dispuesto a escuchar las valoraciones que llegan desde fuera, ¿quién evalúa entonces el resultado de su gestión? Y si, además, deja de convocar la asamblea de abonados y espectadores —gesto vergonzoso, por cierto—, no organiza sondeos de opinión ni habilita cauces reales para recibir opiniones externas, ¿en qué se basa exactamente su análisis?

En la entrevista, Brönnimann se reconoce en los chavales de 20 años:

Yo era como ellos, alguien con un montón de ganas de aprender, de conocer gente, de conocer música porque este es un mundo muy rico y ahí, una vez que entras, descubres que es algo muy muy chulo.

Chulo sí. Muy chulo. Aunque, entre tanta simpatía generacional, sigue sin aclararse un detalle modesto pero revelador: cuál es exactamente la formación instrumental de quien hoy dirige una orquesta profesional.

Lo que sí nos quedó claro, en cambio, es que ha eliminado la figura del principal director invitado mientras la estructura artística incorpora ya dos directores asistentes. Uno que ya no está, el otro que acaba de llegar. Hay directores que dirigen orquestas; otros que no saben vivir sin asistentes. Brönnimann afirma que

A mí no me interesa mucho hacer lo que otras orquestas hacen.

Pues mire usted: si el propósito es no parecerse a nadie, si estamos ante el genio que ha encontrado por fin la verdad de la música, limpie su garaje, reúna allí a sus seguidores, golpee las piedras de río y espere el milagro. La historia conoce experimentos nacidos en márgenes modestos que acabaron cambiando el mundo.

Por eso conviene distinguir entre el experimento y la institución. Una cosa es probar en el garaje propio; otra muy distinta, convertir una orquesta pública en banco de ensayo permanente. Cuando encuentre la fórmula, preséntela. Tal vez incluso la compremos. Mientras tanto, no la financie con el dinero de todos ni la ensaye sobre una plantilla que no fue creada para ejercer de cobaya.

En esa misma entrevista, el periodista introduce la cuestión final sobre la continuidad de Brönnimann frente a la RFG. A la que el suizo tras una risa suave responde que:

Mi contrato termina en el año 2027, al final del año 2027. Más allá de esa fecha no pienso porque tengo el contrato que tengo.

Y yo tengo la pregunta que tengo:

¿Habla usted en serio, director?

Su contrato es de cinco años, pero tras los dos primeros, la continuidad queda sujeta a renovaciones anuales. Precisamente por eso sorprende la seguridad con la que habla de 2027 como si se tratara de un destino ya escrito. Como si las renovaciones fueran un mero trámite.

En una orquesta sostenida con dinero público, la continuidad del titular no debería descansar en la inercia, sino en la evaluación periódica de sus resultados.

¿Y lo mejor?

Lo mejor es que la temporada ha acabado.

Estimado Brönnimann: tal vez la verdadera modernidad nunca consistió en esconder a los gigantes del pasado, sino en demostrar que todavía se es capaz de caminar a su lado.

Recoja sus batutas y váyase. Brahms seguirá aquí mucho después de que esta temporada y su nombre sean olvidados. Por suerte, el gin tonic hará su parte para ayudarnos a olvidar esta pesadilla y tal…

Comentarios
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Eduardo Aperio López
18/6/2026 17:03:27

En el mismo barco y tal....

Muy buen artículo, no se puede reflejar mejor la mediocridad del personaje. Pero, si me permite, Sr. Smeu, a pesar de que suscribo casi al 100% lo que Ud escribe, me parece que tiene la mira telescópica ligeramente desviada: a este director, que ni existe en el circuito de élite de las orquestas europeas, lo ha traído alguien, una directora técnica que nadie sabe de dónde ha salido y que nunca trabajó, a nivel profesional, con o en una orquesta de prestigio, en fin, una señora que pasaba por ahí y a la que le tocó la lotería de gestionar una orquesta profesional y sentirse importante. El declive de la RFG se inicia, a mi modo de ver, desde la llegada de esta directora técnica, que ha tomado decisiones artísticas que están mucho más allá de sus competencias y de sus capacidades. Para ser claros: mientras la RFG siga teniendo este contrapeso, poco bueno podremos esperar los abonados. Ahora habría que ver quién le pone el cascabel al gato. De los músicos jóvenes de la nueva hornada, poco se puede esperar: no han conocido nada más que la peor época de la RFG y no tienen ni idea de lo que era la RFG hace veinticinco años, y de los más viejos tampoco se puede esperar mucho: lo han dado todo, y, supongo, esperan pacientemente soportar los años que les queden hasta la jubilación, y no los veo dispuestos a dejarse la piel y la salud nadando contra corriente. Saludos cordiales.

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