Alemania

Yago no es más que un crítico

Juan Carlos Tellechea
Otello, régie de Roland Schwab
Otello, régie de Roland Schwab © 2022 by Thilo Beu
Essen, viernes, 12 de junio de 2026.
Gran sala del Aalto-Musiktheater Essen. Otelo, ópera en cuatro actos con música de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Arrigo Boito, a partir de la obra Otelo, el moro de Venecia de William Shakespeare, estrenada en el Teatro de La Scala de Milán el 5 de febrero de 1887. En italiano con sobretítulos en alemán. Reposición. Régie Roland Schwab. Escenografía Piero Vinciguerra. Vestuario Gabrielle Rupprecht. Iluminación Manfred Kirst. Dramaturgia Christian Schröder. Reparto: Otelo, moro, general de la armada veneciana (Jorge Puerta), Desdémona, su esposa (Astrik Khanamiryan), Yago, alférez de Otelo (Simone Piazzola, por enfermedad de Heiko Trinsinger) Emilia, su esposa (Rosamond Thomas, del Opernstudio Renania del Norte-Westfalia), Lodovico/Ludovico, embajador de Venecia (Andrei Nicoara), Heraldo (Karel Martin Ludvik), Cassio, capitán (Alejandro del Ángel), Rodrigo, caballero veneciano (Mykhailo Kushlyk), Montano, predecesor de Otelo en el gobierno de Chipre (Baurzhan Anderzhanoy), Soldados, cortesanos, pueblo de Chipre: Coro de la ópera y coro extra del Aalto-Theater, preparados por Bernhard Schneider; Extras del Aalto-Theater. Orquesta Essener Philharmoniker. Director Paolo Carignani. 90% del aforo.
0,0007153

El júbilo por la victoria es falso e insípido. Puede ser que el altivo moro (Jorge Puerta) yazga destrozado en el fondo del mar. Pero el hombre al que las tropas de camuflaje verde arrastran hasta allí es todo menos un vencedor rebosante de fuerza. Es un hombre marcado por la guerra: Otelo, semidesnudo, apenas capaz de mantenerse en pie, grita un débil “Esultate” y se aleja cojeando del escenario. Un general radiante tiene otro aspecto.

¿Y el otro, el alférez Yago (Simone Piazzola, en sustitución por enfermedad de Heiko Trinsinger), al que tanto le hubiera gustado ser capitán, pero frente al cual Otelo prefirió a otro (Cassio, Alejandro del Ángel)? En la reposición de la producción de Roland Schwab de la penúltima ópera de Giuseppe Verdi en el Aalto-Theater de Essen, este primero llena de humo el escenario. Luego rompe una bandera negra y agujereada: ¿será esta el estandarte de la revuelta, de la perdición?

Letargo funesto

Yago chasquea los dedos y se desata el infierno. Él es, como deja claro Schwab desde el principio, el hacedor del mal, el villano. Su principio:

No soy más que un crítico.

Él es el espíritu de la contradicción, el que siempre niega todo... Los “fuegos de la alegría” sumergen la escena en un tono naranja fantasmal. Más tarde, en el austero escenario oscuro de Piero Vinciguerra, surge una selva al fondo. Cassio se tambalea hacia el rojo tras las palmeras; fuego de napalm o fuego del infierno, encendido por Yago. (Saludos del Apocalypse Now de Francis Ford Coppola, o de La chaqueta metálica, de Stanley Kubrick).

A Roland Schwab no le interesan tanto las sutiles ramificaciones psicológicas de unos celos que clavan sus pálidos hilos en el alma de Otelo, ni tampoco el terrible mecanismo con el que el nihilista Yago teje su mortal trama. No muestra a un guerrero en la cima de su éxito que luego es derribado por una confabulación tan delicada como el pañuelo (“fazzoletto”) de su Desdémona (Astrik Khanamiryan). En su versión, Otelo es una doble víctima: la de su terrible trauma, avivado por un adversario igualmente terrible. La ópera es un vertiginoso relato de la decadencia, que se intensifica de acto en acto para acabar sumida en un letargo funesto en un sillón de diseño.

Nieblas tóxicas

El amor, los celos, el marginado que ha encontrado en su mujer un punto de apoyo en el mundo: estos motivos pasan a un segundo plano en el Aalto-Theater Essen. En primer plano se sitúan las consecuencias psíquicas del horror que acosa al veterano guerrero. Este atrapa en persianas venecianas (de lamas metálicas, celosías de frío brillo, una asociación con la palabra francesa jalousie, celos) el alma de Otelo, encerrándole entre los barrotes de una prisión interior.

Detrás de ella, la sociedad se hace visible en imágenes kitsch que se difuminan en la penumbra. Esta retrocede temerosa cuando Otelo se arrastra a lo largo del entramado como un animal de zoológico neurótico. Entonces, las rejillas dejan al descubierto cuerpos resplandecientes de sangre que se retuercen y se contorsionan en los desesperados impulsos repetitivos de almas enfermas: Otelo, multiplicado por varios de sus guerreros. Iconos de la depravación psíquica, sumergidos en destellos de locura. Una luz demoníacamente clara (Manfred Kirst y su equipo de iluminación hacen un trabajo magnífico) y nieblas tóxicas se suceden unas a otras.

Asqueante violación

¿Y Desdémona? Astrik Khanamiryan lleva un traje de novia tremendamente cursi cuando aparece, como por casualidad, en el fondo del escenario, justo cuando la orquesta entona la maravillosa introducción de violonchelo del dúo “Già nella notte densa”. Gabriele Rupprecht (vestuario) no pretende denunciar al personaje con este atuendo, sino caracterizarlo como una proyección: una figura solo aparentemente real, en la que se resume todo lo que el macho espera del objeto de su deseo, del lienzo en el que proyecta sus fantasías.

Cuando “Venus brilla”, Desdémona se agacha como un íncubo sobre el Otelo tendido, una imagen de mal gusto que, precisamente en ese momento, cobra un significado inquietante: el hombre de las victorias sucumbe al poder de sus representaciones inconscientes. El acto de violación es asqueante.

Diabólico azufre

La voz de Khanamiryan, que en el piano es halagadora y melosa, encaja con esta Desdémona muy erótica. Las linternas con las que aparecen los venecianos en el tercer acto no son, por una vez, un recurso teatral manido, sino que presagian la catástrofe en la que Otelo, agitando los brazos con furia, se precipita. Desdémona, su último cliché ideal, único apoyo en el rincón vulnerable de su alma endurecida, queda atrapada en el cuarto acto entre las lamas de frío plateado de las persianas que se cierran con un chasquido.

El asesinato no es un hecho de la realidad exterior: ocurre de forma invisible bajo la luz deslumbrante de los focos dirigidos hacia el público. Después, un hombre destrozado se encoge en el espantoso vacío de su existencia: “Otello fu”. Ya no existe. Y Yago deja tras de sí, con cinismo, un rastro diabólico de vapor de azufre.

Espectacular dirección orquestal

En su versión de Otelo, Roland Schwab continúa con congruente coherencia la metáfora bélica que ya ha empleado en otras puestas en escena (verbigracia, la poco representada Dalibor de Bedřich Smetana). Aquí en el Aalto-Theater de Essen el “fazzoletto” de Desdémona también desempeña su papel, como cínica señal que aviva el febril y delirante mundo de Otelo hasta que comienza la desintegración final.

El Aalto-Theateer vivió esta tarde una reposición espectacular con la interpretación del director Paolo Carignani al frente de la orquesta Essener Philharmoniker. Su batuta agudiza el dramatismo de Verdi hasta convertirlo en un vívido cuadro de la vida real, desde el inicial y contundente golpe orquestal al comienzo de la obra. Los piani son amenazantes, el fortissimo contiene agitación y presagia la catástrofe. La articulación de la orquesta es firme y plena de apasionada emoción.

Criminal curtido

El cambio entre el impulso tenso y la relajación peligrosamente amenazante tiene mucho mordiente. Los momentos entusiastas, anhelantes, impetuosos y luminosos del dúo Otelo-Desdémona en el primer acto, están llenos de brío y compromiso. Desde el foso sube una precisión vigorosa al tiempo que se desatan potentes imágenes sobre el escenario. A ello se sumó el regio sonido del Coro de la Ópera del Aalto-Theater y del Coro extra, muy bien preparados por Bernhard Schneider. La interpretación apasionada de Verdi de Carignani (formado primero en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán) convenció sobremanera a la platea.

Entre los protagonistas masculinos, el Yago de Simone Piazzola se aseguró el triunfo también en lo vocal: su barítono enérgico se basó en un apoyo seguro, sin recurrir a trucos de respiración, conservó redondez y plenitud en los agudos y brilló en los graves con un color intenso y peligroso. Los dúos con Otelo rebosaron fuerza sin que el sonido resultara forzado. Este hombre no conoce la duda atenuada por sfumature; también su “Credo” es una confesión sin matices. Este Yago no es una figura filosófica, sino un criminal duro y curtido.

Sin fuerzas

Jorge Puerta, en cambio, tiene que hacer muchos esfuerzos para mantener la energía y la intensidad en los arrebatos en los que su realidad se desplaza cada vez más inexorablemente hacia el final (termina fumigado como un mosquito). Pero su papel (este no es necesariamente el suyo; ha estado mucho mejor encarnando a Dick Johnson en La fanciulla del West) necesita los momentos quebrados, el espectro de colores emocionales que va desde el recuerdo de la paz interior de antaño, pasando por el ardor incontrolable, hasta el agotamiento sin voz del final.

Está visto que el rol de Otelo no es para todo tenor. Faltaron los matices del sarcasmo en el sólido registro medio; allí parpadeó el lirismo del dúo con Desdémona; allí faltaron en “Dio! Mi potevi scagliar…” los tonos de dolor por la pérdida del equilibrio interior.

Alejandro del Ángel llamó la atención con un timbre radiante y una emisión presente; su Cassio fue un personaje logrado. La Emilia de la mezzosoprano Rosamond Thomas suena muy agradable al oído; su elegante presencia en el escenario es la de una afable compañera, compasiva e inocente. Completaron el elenco Mykhailo Kushlyk como Rodrigo, Andrei Nicoara como Lodovico (embajador de Venecia), Baurzhan Anderzhanov como un Montano de lujo y Karel Martin Ludvik como el heraldo.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.
🎂 Mundoclasico.com cumple 30 años el 1 de mayo de 2026

Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.

Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.

🙌 Registrarse ahora