Espero (probablemente mal) que alguien recuerde la
expresión, si no exactamente el mito. Digamos que Rossini estuvo ya en vida
expuesto, e irónicamente resignado, a que le enmendaran la plana, por entonces
los cantantes, y en particular las damas. Justo en esta ópera tan popular
pasamos de la mezzo original a sopranos de coloratura que insertaban agilidades
terroríficas o que, en la escena de la lección, cantaban cualquier otra pieza
(muy en particular el famoso ‘Carnaval de Venecia’). Después volvimos al rigor
filológico que permitió incluso redescubrir Il
viaggio a Reims.
Hoy la última palabra la tienen los directores de escena
que en este caso han suprimido a su placer los recitativos que consideraban
innecesarios (imagino que el director -que no era el previsto o la prevista,
pero sí el responsable musical de la casa- no tuvo…
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