Alemania

¡este cuerpo no se toca! ¡basta! ¡no más! ¡no!

Juan Carlos Tellechea
Gustavo Dudamel y Gabriela Ortiz con la BPO
Gustavo Dudamel y Gabriela Ortiz con la BPO © 2026 by Berliner Philharmoniker
Berlín, lunes, 22 de junio de 2026.
Gran sala auditorio de la Filarmónica de Berlín. Gabriela Ortiz, Revolución Diamantina (2023), ballet para ocho voces y orquesta (versión orquestal). Ludwig van Beethoven, Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op 55, “Heroica”. Voces femeninas del Rundfunkchor Berlin (Coro de la Radio de Berlín), preparado por Justus Barleben. Orquesta Berliner Philharmoniker. Director Gustavo Dudamel. 100% del aforo.
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Fue un magnificente esplendor sonoro el desplegado esta tarde en la brillante e impactante interpretación de Revolución diamantina (2023), de la compositora Gabriela Ortiz, por la Orquesta Berliner Philharmoniker, dirigida por Gustavo Dudamel, y ocho voces femeninas del Rundfunkchor Berlin, muy bien preparadas por Justus Barleben. Gabriela Ortiz asistió personalmente a la presentación y fue aclamada de pie por el millar de asistentes que colmaba la gran sala auditorio de la Filarmónica de Berlín.

Esas fulgurantes sonoridades se deslizaron primero sutilmente para luego surgir, impulsarse y clamar, con abundante colorido y cautivador dramatismo en los oídos de un público hipnotizado, casi en trance que seguía atentamente la actuación sobre el escenario. La obra se divide en seis actos (I. Los sonidos que hacen los gatos, II. No nos amamos, III. Fronteras y cuerpos, IV. Decir lo indecible, V. Purpurina rosa, VI. Todas), pero ya en el cuarto y en el quinto actos los espectadores no pudieron esperar más hasta que llegara el final y prorrumpieron en efusivos aplausos por la excelente interpretación.

Valentía

Revolución diamantina, cuyo título se inspira en el coraje y heroísmo mostrado por las mujeres en la denominada Revolución Glitter, que tuvo lugar en México el 16 de agosto de 2019, es una obra arrolladora: dinámica, con un ritmo irresistible (como suele ser característico de esta excepcional narradora que es Gabriela Ortiz) y una auténtica proeza orquestal. Los músicos de la Orquesta Berliner Philharmoniker, conocida por su excelencia y perfeccionismo, disfrutaron sobremanera con la difícil ejecución.

La composición es un ballet en seis actos, interpretado aquí en versión de concierto, para orquesta y ocho voces femeninas. No es por casualidad que durante el presente Campeonato Mundial de Fútbol se acompañen los acontecimientos con las protestas por los asesinatos, desapariciones y abusos de los que son víctimas las mujeres en México.

Impunidad

Gabriela Ortiz, Gustavo Dudamel y la Orquesta Filarmónica de Berlín creen en la necesidad de expresar su indignación ante la violencia contra las mujeres, tan generalizada en la actualidad, también en Europa y en Alemania.

La opinión pública internacional se vió conmovida por los hechos acaecidos en Ciudad de México aquel viernes de agosto de 2019 durante la denominada Marcha del Glitter, en la que los manifestantes lanzaron purpurina rosa al jefe de la policía para denunciar la impunidad de los hombres a su cargo, tras agredir sexualmente a una mujer inocente.

Casi tres años más tarde, el martes 8 de marzo de 2022, un contingente de mujeres policías de México marchó en solidaridad con otros grupos feministas en el Día Internacional de la Mujer, coreando al unísono:

Mujer escucha, esta es tu lucha

Brillo

Estos antecedentes históricos impregnan la dirección y el enfoque de la partitura de Ortiz. En muchos momentos, el efecto resulta abiertamente dramático, con ritmos insistentes, vocalizaciones gritadas y coreadas, así como una poderosa sensación de invencibilidad. En este sentido, las voces de las mujeres del Coro de la Radio de Berlín fueron especialmente conmovedoras:

“(…) ¡este cuerpo no se toca (…) basta...no más (…) no (…)!

La interpretación de Revolución diamantina fue ovacionada y vivada con gritos de “¡bravo, bravo, bravo!, a su término. Tres veces tuvo que subir al escenario Gabriela Ortiz para agradecer a Gustavo Dudamel, a los músicos de la Orquesta Filarmónica de Berlín y a los espectadores por su efusiva aprobación.

Gustavo Dudamel transmitió con claridad y confianza todas las complejidades y retos que exige esta obra tan variada, echando solo de vez en cuando un vistazo a la partitura que tenía delante sobre el atril. La sección de percusión, compuesta por cinco miembros, brilló con especial intensidad: la partitura enumera más de 82 instrumentos a su cargo (incluidas dos pequeñas piedras sostenidas en las manos de uno de los músicos y golpeadas entre sí).

Opresión

El director y la orquesta decidieron interpretar la obra de Ortiz junto a la Tercera Sinfonía (“Heroica”) de Ludwig van Beethoven, por haber sido el genial compositor de Bonn un valiente luchador por la libertad a través de su música.

Es este un tema de actualidad por la opresión de las mujeres en todo el mundo; incluso en Estados Unidos, otra de las tres sedes (junto con Canadá) del Mundial de Fútbol 2026, tras los asesinatos a sangre fría y los atropellos perpetrados por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, US Immigration and Customs Enforcement).

La Orquesta Filarmónica de Berlín apoya y promueve decididamente además las ayudas a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Beethoven

La segunda parte del concierto fue íntegramente dedicada a la Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op 55, “Heroica” de Beethoven, interpretada desde su inicio de forma sobria y elegante por la Orquesta Berliner Philharmoniker bajo la égida de Gustavo Dudamel. De proporciones colosales para su época, esta obra refleja las simpatías que Beethoven tenía hacia la Revolución Francesa.

En una entrevista con el trompista principal de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Stefan Dohr, Dudamel expresó su convicción de que después del estreno de la Tercera Sinfonía de Beethoven (entre 1804 y 1805 en Viena):

(…) cambió la música para siempre.

Al enterarse de la autoproclamación de Napoleón como emperador, Beethoven abandonó sus planes de dedicar la llamada Sinfonía "Heroica" al hombre que había considerado hasta entonces su libertador. Según una conocida leyenda, Beethoven exclamó furioso:

Ahora también pisoteará todos los derechos humanos, solo para satisfacer su ambición; ¡ahora se colocará por encima de todos los demás, se convertirá en un tirano!

y a continuación, borró la dedicatoria original. 

Lo cierto es que Beethoven juzgó a Napoleón a lo largo de toda su vida con una mezcla de admiración y escepticismo. Los ideales revolucionarios y los éxitos del corso resultaban atractivos para Beethoven, mientras que su arrogancia le repugnaba.

Avance

Más allá de la cuestión de la dedicatoria, la historia de la creación de la Heroica no es fácil de reconstruir: algunos bocetos tempranos datan ya del otoño de 1802; es posible que su único propósito fuera plasmar ideas sueltas, sin referencia concreta a una sinfonía. Beethoven realizó los últimos cambios, añadidos y revisiones a principios de 1804.

La Heroica supone, en comparación con las dos sinfonías anteriores, un claro avance en el género: en estilo, estructura e instrumentación. Sobre todo, Beethoven logra crear una gran composición a partir de un material muy limitado, una característica general de su obra.

Descripción

El primer movimiento, por ejemplo, se basa en una única y sencilla idea musical, compuesta por dos acordes que introducen el tema cantabile. Mientras que en la “Marcia funebre” Beethoven utiliza el esquema formal y motivos de diversas marchas fúnebres revolucionarias, en el Scherzo compone un movimiento de dimensiones épicas.

Algo así no se había visto hasta entonces. El movimiento final se basa en el conciso tema de una antigua contradanza, que Beethoven ya había utilizado de forma pegadiza en su ballet Las criaturas de Prometeo. De ahí surge ahora un final de más de 400 compases con variaciones y elementos de fuga.

Ferocidad visceral

El comienzo del Allegro con brio dejó claro de inmediato el poder y la energía del colectivo musical que tiene Dudamel ante sí. La interpretación fue excelente, con un equilibrio orquestal cuidadosamente gestionado y los vientos bien destacados. El director y sus músicos prestaron mucha atención a la articulación y a las indicaciones dinámicas.

Su sonido fue impresionantemente refinado y la lectura poseyó ligereza y exquisitez, eludiendo por momentos los aspectos más oscuros y obsesivos de la música de Beethoven. Dudamel se empeñó en que las trompetas no dominaran nunca las texturas. Los Filarmónicos de Berlín y el director lograron plasmar de forma completa la ferocidad visceral de esta música.

Maestría

La interpretación de la “Marcia fúnebre”. Adagio assai fue contundente, pero el tempo le permitió a Dudamel pintar con un espectro orquestal más variado, creando una atmósfera más oscura y desolada. Aquí también se apreció una atención escrupulosa a la dinámica y la articulación, al igual que el esmerado cuidado puesto en clarificar las texturas contrapuntísticas de Beethoven. Además, la orquesta tocó con un compromiso emocional palpable. La fragmentación del tema al final se manejó con maestría, y los últimos compases resultaron profundamente conmovedores. A ojos vistas, Dudamel disfrutaba enormemente de la interpretación entregada por los Filarmónicos de Berlín bajo su conducción.

Fascinación

La interpretación sobria y elegante que se escuchó en el primer movimiento reapareció en el Scherzo. Allegro. Los aspectos más disruptivos de la música volvieron a quedar en un segundo plano, pero el colorido descarado de las trompas en la sección del trío resultó emocionante. El Finale. Allegro molto respondió muy favorablemente a la postura interpretativa de Dudamel, y cada deslumbrante variación se ejecutó con una delicadeza técnica y un brío cautivador que celebró la brillantez de Beethoven. La variación interpretada por cuerdas solistas, resultó fascinante; el director volvió a controlar con minucia cada acorde de cuerda, lo que prestó intensidad a muchos momentos culminantes.

Sunámico

El tempo de la Coda permitió una mayor claridad (las trompas articularon con nitidez sus fabulosas líneas) y una conclusión grandiosamente noble. Dudamel abrazó el desenfreno “sunámico” de esta música y su sensación de júbilo, dejando eufóricos a los espectadores, sin duda como pretendía también Beethoven. El público se puso otra vez espontáneamente de pie para ovacionar y vivar a Gustavo Dudamel y su interpretación al frente de la Berliner Philharmoniker. 

La grabación en vídeo puede ser admirada ahora en la plataforma Digital Concert Hall de la orquesta.

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