Alemania

Universen

Juan Carlos Tellechea
Cristian Măcelaru
Cristian Măcelaru © 2026 by WDR Sinfonieorchester
Colonia, sábado, 27 de junio de 2026.
Gran sala auditorio de la Filarmónica de Colonia. Dmitri Shostakovich, Concierto nº 2 en do sostenido menor para violín y orquesta, op 129. George Enescu, Sinfonía nº 3 en do mayor, op 21. Bis de la solista: Nicola Matteis, Fantasía en do menor (“Con discretione”). Solista Isabelle Faust (violín). WDR Rundfunkchor, preparado por Philipp Ahmann, WDR Sinfonieorchester. Director Cristian Măcelaru. 100% del aforo.
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Ni bien ingresaron los músicos de la WDR Sinfonieorchester al escenario de la Filarmónica de Colonia, el público prorrumpió en efusivos y prolongados aplausos. Esta tarde se despedía el director Cristian Măcelaru y lo hacía con un concierto, titulado Universos, junto con la violinista Isabelle Faust.

Faust, artista residente de la orquesta, toca una de sus obras favoritas, el Concierto nº 2 en do sostenido menor para violín y orquesta, op 129 de Dmitri Shostakovich. No es de extrañar, ya que su interpretación única aúna, por un lado, la perfección y el brillo y, por otro, una profundidad extraordinaria.

Sobriedad

La segunda parte del recital estuvo íntegramente consagrada a George Enescu, compositor compatriota de Măcelaru, con la Sinfonía nº 3 en do mayor, op 21, cuya opulenta instrumentación para orquesta y coro, cautiva por su fuerza y potencia.

Shostakovich dedicó sus dos conciertos para violín a su amigo David Oistrakh. El primero, escrito en 1947, vivió una odisea propia de la opresión reinante en la Unión Soviética (la infame doctrina Zhdanov). El segundo, fue compuesto en 1967 para celebrar el 60º cumpleaños del célebre violinista, que en realidad fue un año después. Este concierto comparte similitudes con el primero, tanto temáticamente como en su constante tensión. Pero también presenta diferencias en la parte del violín, es menos inusual, y más sobrio en su orquestación.

Firmeza

No obstante, la pieza se centra más en el/la solista, en este caso Isabelle Faust, a quien se le conceden tres cadencias. El Moderato comenzó con un pedal de bajo de las cuerdas, del que emergió la solista. Esto inició un largo y melancólico viaje que culminó en una curiosa interacción con el flautín sobre un fondo de trompas. El violín en pizzicato dialogó con las trompas en un marcado ritmo que se volvió cada vez más errático, contrastando con toda la sección de viento madera y luego con la orquesta completa.

La cadencia se desarrolló en un tono íntimo, y la repetición con un solo de trompa condujo a un final sereno en un cautivador pianissimo. El Adagio fue pura contemplación, eminentemente melódico, trascendiendo la melancolía, especialmente en el volumen contenido que proporcionaron los intérpretes. La solista parecía estar hondamente sumida en sus pensamientos, solo las discretas intervenciones de la maderas lo resaltaban sutilmente. Además, la cadencia destacó por su firmeza.

El final retomó un ritmo vibrante, con la solista elevándose sobre una alegre textura orquestal, cuya energía fluyó libremente en las secciones de percusión. La tercera cadencia fue apasionada e igualmente exigente desde el punto de vista técnico en sus diversos modos y tempos.

Profundidad

Isabelle Faust y Cristian Măcelaru al frente de la WDR Sinfonieorchester ofrecieron una interpretación estimulante de esta obra, gracias al exquisito refinamiento tanto de la parte solista como de la dirección de la orquesta. Una vez más, el tono sostenido de la violinista en el pianissimo más delicado, así como la dulzura en los registros medio y grave, refinaron un estilo de violín (Stradivarius “Bella Durmiente”, 1704) que anhelaba liberarse de todo patetismo.

La Orquesta Sinfónica de la WDR y Măcelaru construyeron un sonido incandescente, ligero y vibrante en este vasto espacio acústico, perfectamente controlado, de la Filarmónica de Colonia. El equilibrio entre la solista y la orquesta fue ideal, con Isabelle Faust ubicada en una perspectiva natural.

El logro más notable residió en haber preservado el relieve de los pasajes en pianissimo, a menudo preferido por los intérpretes, asegurando así la perfecta coherencia de la atmósfera sonora. La estratificación del escenario sonoro ofreció una hermosa profundidad, especialmente cuando la masa orquestal se unió a la percusión, tan importante en la música de Shostakovich.

A los bises, tras la eclosión de aplausos y exclamaciones de aprobación, así como el ramo de flores que recibió, Isabelle Faust agradeció al público tanta efusividad con la Fantasía en do menor (“Con discretione”) de Nicola Matteis interpretada con peculiar emotividad.

Nostalgia

Cristian Măcelaru posee, naturalmente, el lenguaje sumamente original de su héroe personal, George Enescu, y como pocos en la actualidad, capta las dos facetas de su genio musical: la sensibilidad folclórica rumana y la profunda melancolía presente en toda su obra. En este sentido, obtiene de la WDR Sinfonieorchester, con la que ha forjado una auténtica relación, sonidos a menudo cautivadores, especialmente de la sección de viento-madera, donde los músicos tienen pocos rivales. En esta Tercera Sinfonía persiste una tendencia a favorecer los tempos lentos, acentuando esa nostalgia en su compatriota, algo que él mismo reconoce.

Fue esta una interpretación significativa de la Sinfonía en do mayor de Enescu, un género a menudo eclipsado por su música de cámara y su ópera Edipo, a cargo de un director rumano al frente de una de las más destacadas orquestas de Alemania. Este op 21 ofrece un ejemplo perfecto del desarrollo artístico de uno de los más grandes artistas del siglo XX.

Universalidad

La música orquestal de Enescu se nutre profundamente de sus raíces rumanas, con melodías y ritmos extraídos de la música folclórica. El lenguaje de este compositor comparte varios elementos distintivos, como el uso de formas cíclicas y un flujo melódico que emplea variaciones sobre motivos temáticos meticulosamente elaborados, constantemente modificados y transformados mediante una gran fluidez rítmica y una completa libertad armónica.

Introducida por las cuerdas, combina un motivo nostálgico con un ritmo épico. La orquestación presenta bellos solos de flauta y fagot, diálogos encantadores y enérgicos pasajes de tutti. La obra merece una atención más detenida porque también se nutre del espíritu francés, lo que le confiere cierta universalidad.

Singularidad

La Sinfonía nº 3, de 1916, una obra fundamental en la tradición de las grandes sinfonías posrománticas, es muy diferente a las otras que compuso Enescu. La Tercera ha sido descrita como dantesca, dada la magnitud de su instrumentación, además de la inclusión del coro en el final (WDR Rundfunkchor). Esto también se refleja en el mensaje que transmite: el del destino, que Enescu triunfaría más tarde en la ópera Edipo.

Los tres movimientos de la sinfonía —lento-rápido-lento— desarrollan este tema en una progresión cuyo programa podría describirse como: Purgatorio, Infierno, Paraíso. El Moderato un poco maestoso, primer movimiento, comenzó de manera sombría, casi tenebrosa, de la que emergió un primer tema lleno de energía que condujo a otro, casi como una canción de cuna. En la sección de desarrollo, la fluidez del discurso musical llevó a una ampliación del espectro sonoro.

Ovaciones

Esta riqueza alcanzó su clímax en la coda, no exenta de un toque de nostalgia. Como el fin de una era. El Vivace ma non troppo central es una especie de scherzo muy agitado que yuxtapone un tema nocturno con otro en forma de marcha siniestra. La tensión se acumuló, creando una atmósfera apocalíptica dominada por los metales y la percusión. Un caos sonoro singular.

El Lento ma non troppo final comenzó con calma. El mensaje se volvió claro: el de la luz que finalmente aparece en el horizonte, la etapa final del viaje iniciático emprendido antes. Un uso sofisticado de los diversos timbres de la orquesta, combinado con el canto vocalizado del WDR Rundfunkchor (excelentemente preparado por Philipp Ahmann), transformó el espectro sonoro. Una atmósfera radiante se instaló enseguida con las intervenciones del órgano, las campanillas y los cencerros.

La sinfonía concluye casi en silencio, con lo que sin duda parece ser una notable declaración de fe en la capacidad del alma humana para el bien, frente a una evidencia casi abrumadora en sentido contrario. Cuando todo parece incierto...permanecen la fe, la esperanza y el amor...

El público puesto espontáneamente de pie prorrumpió en una larga ovación para despedir a Cristian Măcelaru, muy querido y apreciado en Colonia. Una velada sumamente inolvidable, y no solo por las altas temperaturas récord (para toda Alemania) que reinaban fuera de la Filarmónica de Colonia.

El concierto, que podía ser seguido en livestream por youtube.com/@ARDKlassik y en la página de internet de la Orquesta Sinfónica de la WDR, podrá ser escuchado el 8 de julio a las 20:03 horas (del centro de Europa) en el programa Konzert de la emisora de radio WDR 3.

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