Es bien conocida la
estrecha relación del Festival d’Aix-en-Provence con la obra mozartiana desde
su arranque en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. Todos los veranos se
representa alguna de las óperas del salzburgués, y en esta edición se presentaba
una nueva producción de La Flauta Mágica. Es difícil nombrar La
Flauta Mágica sin que a gran parte del público le asome una sonrisa: el
encantador libreto de Schikaneder, con sus monstruos, príncipes, princesas,
reinas malísimas, pajareros adorables y magia de todo tipo, hace que la obra
sea una de las favoritas del público.
Transformar todo
eso en el insufrible ladrillo que soportamos en el Teatro del Arzobispado de
Aix tiene su mérito, y hay que reconocérselo a sus dos artífices. Clément
Cogitore desde la dirección escénica y Leonardo García-Alarcón desde la musical
consiguieron, con…
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