La obra de Gustav Holst suele reducirse a una sola pieza: Los planetas. Ahora se ha publicado una nueva grabación de la London Symphony Orchestra, dirigida por Sir Antonio Pappano (sello LSO Live) de esta exploración sonora del espacio, acompañada por la música de Arnold Bax. Se trata de obras maestras británicas que siguen sorprendiendo e inspirando.
Los planetas es por antonomasia la obra de música sinfónica inglesa que se ha convertido en un mayor éxito de ventas. Ha sido grabada innumerables veces por directores del Reino Unido y de otras nacionalidades, algunos de los cuales la han interpretado en múltiples ocasiones. Ahora, es Pappano quien la aborda al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres, colectivo que cuenta con una vasta experiencia en grabaciones de esta obra, que sigue siendo una de las creaciones más visionarias del siglo XX.
Formidables acordes
Gustav Holst, un apasionado de la astrología, compuso Los Planetas entre 1914 y 1917. Esta vasta suite sinfónica en siete movimientos, estrenada en 1918 por el joven Adrian Boult, le valió la fama. Más allá de cualquier enfoque programático, el compositor pretendía personificar cada uno de los siete planetas conocidos entonces en el sistema solar a través de su significado astrológico. Esto estaba en consonancia con su filosofía mística de la existencia, que consideraba el cosmos un milagro.
Concebida para una orquesta de gran tamaño, la obra estaba destinada a sorprender a sus primeros oyentes por su carácter innovador: un uso exagerado del ritmo, contrastes dinámicos impactantes y una gama de instrumentos de percusión nunca antes vista. Cada movimiento incluye un subtítulo que personifica al planeta. Así, Marte, el portador de la guerra evoca el clamor marcial de ''la estupidez de la guerra'', mediante oleadas obsesivas de metales y percusión que se acumulan en un clamor impactante, para culminar en formidables acordes finales.
Final pacífico
Venus, la portadora de la paz rezuma un lirismo sensual, transmitido a través de la claridad de las líneas, los solos de violín y un discurso que se desarrolla en una calma serena. Mercurio, el mensajero alado destaca como un scherzo ágil y brillante, con un pianissimo etéreo, incluso en las pequeñas armonías y la percusión, de la que sobresale la celesta.
Con Júpiter, el portador de la alegría la expresividad se impone. El ritmo marcado, impregnado de una solemnidad pomposa en una especie de marcha grandiosa, da rienda suelta a un tema emblemático en la obra del compositor. Saturno, el portador de la vejez representa el paso del tiempo a través de una marcha fúnebre lenta, casi apagada, de la que emergen el fagot y la celesta. Algo ineludible emana de ella, tanto en su dinámica como en su esencia, impulsado por metales y ricos acordes de percusión. Lo que parece una lucha se resuelve en un final pacífico.
Canto desvaneciente
Urano, el mago es una danza de ritmo punteado, con un humor siniestro y brutal. De nuevo, la instrumentación se torna cómica (fagotes y timbales), sobre un ritmo inquietante puntuado por ráfagas de flauta. La implacable progresión al fff recuerda a El aprendiz de brujo de Paul Dukas. La peroración mezcla transformaciones estelares (ppp) y clústeres de aspecto aplastado.
Colocada deliberadamente al final, Neptuno, el místico expresa una especie de desapego de las cosas. Holst la adorna con una orquestación impresionista, un paisaje sonoro resplandeciente enriquecido por la salmodia de un coro femenino (Tenebrae), sin palabras y de otro mundo, que susurra fuera de escena; como en las ‚Sirènes‘ de los Nocturnos de Claude Debussy. Su frágil canto se desvanecerá gradualmente en el silencio.
Deslumbrantes clímax
Decir que la London Symphony Orchestra brilla en una partitura que constantemente pone de relieve a la orquesta es quedarse corto. Sus músicos poseen una comprensión instintiva de la música. Esta excelencia se perpetúa a través de las generaciones. Ya existen varias grabaciones, la primera data de 1923 bajo la dirección del compositor, y las más recientes son de 2003 (Colin Davis) y 2012 (Previn).
Sir Antonio Pappano, el actual director musical, continúa la tradición con gran estilo. Más allá del riguroso sentido de la estructura y la atención al ritmo, los contrastes dinámicos son considerables: pianísimos casi propios de la música de cámara, especialmente en la sección de viento madera (finales de Saturno y Neptuno), y deslumbrantes clímax (Marte y Júpiter).
Surge como el mar
Esto resalta las diferencias entre los distintos movimientos y confiere al conjunto una vitalidad inesperada. Todo ello se debe a la atención al detalle con la que el director trata la fascinante obra de Holst, sus asombrosas combinaciones instrumentales, en particular entre instrumentos de viento y percusión, así como al refinamiento de sus texturas.
Tintagel de Arnold Bax cierra el álbum con un retrato grandioso de la escarpada costa de Cornualles. Inspirado en una visita al legendario castillo en 1917, el poema sinfónico de Bax evoca acantilados azotados por el viento, historia antigua y mitología en una música que surge como el propio mar.
Atmósfera y equilibrio
Las grabaciones en directo realizadas por el ingeniero de sonido Jonathan Stokes (de Classic Sound Ltd.) en el Barbican Hall de Londres, aparentemente de un único concierto de Holst, el 12 de septiembre de 2024, y otro de Bax, el 15 de diciembre de ese mismo año, capturan su verdadera atmósfera y un equilibrio natural entre las diferentes secciones de la orquesta, sin ningún intento de ampliar el escenario sonoro.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios