Sebastian Berner, uno de los trompetistas más destacados de su generación, ganó en 2022 el primer premio en el Concurso Internacional Maurice André de París y es trompeta solista de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort (Hessischer Rundfunk Sinfonieorchester). Si bien el Concierto para trompeta de Henri Tomasi, compuesto en 1948, es bastante conocido, el Concertino para trompeta y orquesta, escrito en 1913 por el belga Joseph Jongen, es mucho menos notorio, y el Concierto para trompeta y orquesta de su alumno Léon Stekke, fechado en julio de 1937, se graba en este álbum Héritage (sello Channel / Outhere Music France) por primera vez.
Para esta producción, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort es dirigida por Elias Grandy. Otro estreno mundial aquí es el de Chants de Kervéléan, de Charles Koechlin, transcrito en 2008 para trompeta y orquesta por el prestigioso musicólogo Robert Orledge. Por último, la Suite en tres partes de Florent Schmitt fue estrenada en su versión orquestal en 1956 por Maurice André.
Si bien hay aficionados al género que creen conocer bien el repertorio para trompeta y orquesta, de pronto aparecen nuevas grabaciones que les sorprenden. Este es el caso del presente disco que el referido sello produjo con esmero y que recopila obras francesas y belgas de la transición del romanticismo tardío a la modernidad.
Los conciertos para trompeta franceses o francófilos no suelen tener mucho protagonismo. No es el caso de las antologías de conciertos galos para saxofón, que sí tienen mayor preponderancia y son bastante más difundidos. Más raros aún son realmente los interpretados por un solista alemán, junto con una orquesta y director también alemanes, como en este caso. Cinco conciertos en aproximadamente una hora suponen brevedad, aunque no necesariamente concisión.
Cada uno es presentado además con sus respectivos movimientos; se aprecia además un ojo y una mano muy meticulosos. Al fin y al cabo, 18 pistas en poco menos de 60 minutos es algo bastante notable para el recital de un virtuoso trompetista y una gran orquesta sinfónica.
se muestra como un solista técnicamente consumado y con gran sensibilidad interpretativa en este programa grabado con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort bajo la égida de , ofrecido con líneas claras y buen equilibrio.
El disco se abre con el Concierto para trompeta de Henri Tomasi, de 1948, una obra consolidada del repertorio. Berner comienza con seguridad y modela las frases con precisión y elegancia. El 'Nocturno' que le sigue adquiere el encanto de la noche gracias a las cálidas maderas y a los discretos sonidos del arpa, antes de que el 'Allegro final' dé paso a una vivacidad y un virtuosismo saltarines. Incluso en los pasajes rápidos, el sonido de Berner se mantiene redondo y controlado. La orquesta, bajo la batuta de Grandy, acompaña al solista con precisión y un palpable sentido del ritmo.
Tomasi forma parte de un nutrido grupo de compositores admirados y queridos por los seguidores del género. Sus sinfonías de la década de 1940 deberían grabarse comercialmente, y lo mismo ocurre con las obras inspiradas en el Pacífico Sur y Vietnam. Las más destacadas de ellas son las profundamente exóticas Noa-Noa y Tam-Tam (ambas para voces y orquesta). En cualquier caso, este ágil y seductor concierto para trompeta brilla y seduce de la forma más fascinante. Se asemeja, aunque de forma algo lejana, al estilo adoptado por Sir Malcolm Arnold en su gran número de conciertos compactos.
La música es melódica, armoniosa, pero sutil, y en absoluto banal ni simplista. Lo que se escucha es lo suficientemente libre de espíritu como para dar cabida a un toque de bufonería en una obra que es predominantemente poética. El primer y el segundo movimiento se despiden con un estilo redondeado por el sueño y con un suspiro de satisfacción. El finale se pavonea como un travieso de buen corazón o como Till Eulenspiegel.
Resulta especialmente atractiva la grabación del Concertino op 41 de Joseph Jongens, de 1913. Se trata de una obra de carácter cálido y romántico, como quizá corresponde a una pieza en tres movimientos compuesta un año antes de la Gran Guerra (1914-1918). La composición, que rara vez se escucha en los escenarios de concierto, recibe aquí una interpretación convincente.
La obra habla de la confianza del mediodía (parece decir ¿podrá esto desvanecerse alguna vez?) y de una compulsión melódica suavemente sinuosa. La trompeta de Berner se eleva clara y cantablemente por encima de las ondas de las cuerdas; el movimiento central canta con naturalidad, mientras que el final resulta atrevido y lleno de alegría. El movimiento final, Impulse, avanza con aire arrogante y una agradable sonrisa bonachona: una pieza que le hace sentir bien al oyente.
A continuación viene una auténtica rareza: el Concierto para trompeta de Léon Stekke, discípulo de Jongens. La grabación de esta obra, en tres breves movimientos y compuesta en julio de 1937, es una primicia mundial. Es probable que el escucha nunca haya oído hablar antes del belga Léon Stekke. El Concierto pudo ser rescatado de una partitura manuscita en muy mal estado que se conservaba en los archivos de la Radio Belgique. Una vez más, se trata de todo un descubrimiento; una composición de jazz sórdidamente suave impregna sus páginas, al igual que el descarado humor del music-hall y la fanfarronería. El primer movimiento irradia luminosidad, mientras que el segundo, con sordina, toma un giro jazzístico y ahumado. El final, enérgico y con saltos rítmicos, redondea la pieza.
En la décima pista de vuelve a Francia con la Suite en tres partes de , contemporáneo y amigo de Vaughan Williams. Esta suite, compuesta originalmente para flauta y estrenada en su versión orquestal de 1956 por , mantiene un buen equilibrio entre el virtuosismo y la sustancia poética; presenta asimismo un lenguaje musical más moderno con ritmos saltarines.
El Lent sans excès central —el movimiento más largo, de más de cinco minutos— explora los misterios whitmanianos de un cielo nocturno en paz con la humanidad y consigo mismo; cautiva con una atmósfera resplandeciente y algo misteriosa, que Grandy y la orquesta logran plasmar con gran diafanidad. El final, imprudentemente breve, cuenta con una melodía encantadora y un virtuosismo descarado: por desgracia, la música termina casi antes de empezar. Se crea aquí una animada interacción entre el solista y las secciones orquestales.
La técnica de grabación del destacado ingeniero de sonido Philipp Knop garantiza una buena audibilidad y permite que los detalles de la partitura resalten con claridad.
El disco se cierra con Les Chants de Kervéléan de Charles , en la transcripción de Robert , también una primera grabación mundial. El misterioso Koechlin crea aquí un universo sonoro propio e intenso que cautiva al escucha. Su obra segmentada es deliciosa; cada movimiento es conciso y recuerda a un haiku. A menudo la música se eleva hasta el ámbito onírico. Berner toca con un tono intenso y etéreo sobre los acordes de las cuerdas; en combinación con la flauta solista, creando un ambiente sereno que evoca a Claude , pero que conserva un toque muy personal.
Se trata de una obra muy íntima y poética, que en ningún momento hace algún guiño a los efectos circenses propios de la trompeta. Todo el mérito es del solista por haberla incluido al final del programa. Es un auténtico descubrimiento, pero sus aspectos más sobrecogedores residen en su poesía. Este es precisamente el tipo de obra que hay que interpretar en un concurso para demostrar la perspicacia y la destreza del trompetista en un ámbito alejado de la ostentación que deja sin aliento.
Les chants se escuchan aquí en la versión orquestada por nada menos que Robert Orledge, el único biógrafo de Koechlin en lengua inglesa y recopilador de su vasto tesoro de obras. Enhorabuena, señor Orledge. Su libro sobre Koechlin es una gran rareza y debería publicarse en una nueva edición. Este compositor está esperando a ser redescubierto. El oyente no debe dejar de escuchar su Vers la Voute étoilée, una obra de una poesía impresionante.
En conjunto, el trompetista Sebastian Berner interpreta las obras con sólida técnica y una atención creativa a los matices. Elias Grandy dirige la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort con esmero y un perfil claro; en particular, las maderas aportan delicadas intervenciones solistas. La grabación supone una valiosa ampliación del repertorio para trompeta con piezas poco comunes e inéditas hasta la fecha. ¡Felicitaciones por este nuevo y valioso aporte al género!
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