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Bach, Goldberg Variations, Nevermind

Juan Carlos Tellechea
Bach, Goldberg Variations, Nevermind
Album 2 CDs Bach, Goldberg Variations, Nevermind (label Alpha Classics / Outhere Music, France). Nevermind: Anna Besson (Traverso; Tranverse Flute by Jean-Jacques Melzer after a Model by Palanca); Louis Creac'h (Violin; violin by Hendrik Jacobs, Amsterdam ca. 1680, with a bow by Paul Herrera, Nakasaya 2022), Robin Pharo (Viola da Gamba; seven-stringed viola da gamba by Judith Kraft, Paris 2012, after a model by Guillaume Barbey, with a bow by Fausto Cangelosi, Florence 2020); Jean Rondeau (Harpsichord & Organ; harpsichord after german models by Jonte Knif & Arno Pelto, 2006; harpsichord based on various italian instruments of the late 17th century by Philippe Humeaud, Barbaste 2016; Organ of the Ricercar Consort: in the 17th century german style, built by Luc Meurice, Saint-Louis 2019, modelled on various instruments by Nikolaus and Andreas Manderscheidt, Nuremberg, 1611-1672; Organ of the Ricercar Consort built by Luc Meurice, Saint-Louis 2019) in the 17th century german style, modelled on various instruments by Nikolaus and Andreas Manderscheidt, Nuremberg, 161-1672, and Esaias Compenius, Frederiksborg 1610). Jean Rondeau appears courtesy of Erato/Warner Classics. CD1: 01. Goldberg Variations, BWV 988. Total Time CD2: 49:12. Transcripción by Nevermind (Anna Besson, Louis Creac'h, Robin Pharo & Jean Rondeau) of the Goldberg Variations BWV 988; Clavier Übung bestehend in einer Arie mit verschiedenen Veränderungen vors Clavicimbal mit 2 Manualen by Johann Sebastian Bach for violin, flute, viola da gamba and bass continuo. Transcription leads: Robin Pharo & Jean Rondeau. Editor in chief Robin Pharo. Score: Editions des Abbesses. Project created on Saturday 23 September 2023 as part of a creative residency hosted by the Bel-Air Claviers Festival. Recorded in August 2024 at Salle de Musique de La Chaux-de-Fonds. Aline Blondiau recording producer, editing & mastering. Alpha 1116. P & C Alpha Classics / Outhere Music France 2024.
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El presente álbum del conjunto Nevermind, integrado por la flautista Anna Besson, el violinista Louis Creac'h, el violagambista Robin Pharo, así como por el clavecinista, pianista y organista Jean Rondeau, ofrece las Variaciones Goldberg (BWV 988) de Johann Sebastian Bach con un toque diferente (sello Alpha Classics / Outhere Music, France); las interpreta como una sonata a trío y el resultado es magia pura, toda una aventura sonora. La música habla aquí por sí sola. Se dice que la idea partió de Jean Rondeau, quien ya se había ocupado de este conjunto de variaciones como solista.

La formación no solo funciona muy bien, sino que tiene todo el sentido del mundo. En la época tardía de Bach, estaba muy presente, sobre todo gracias al rey Federico II de Prusia, que tocaba la flauta travesera. También se la utiliza en la sonata a trío de la Ofrenda musical (BWV 1079), dedicada al referido monarca. Nevermind traslada con tanta maestría las estructuras de la composición para clavecín al formato de música de cámara que, de hecho, le aporta a la pieza una faceta completamente nueva.

Arreglo muy bien logrado

El arreglo despliega sus puntos fuertes especialmente en las variaciones más complejas desde el punto de vista armónico y contrapuntístico; es siempre refinado, delicado en cuanto al sonido y, en muchos pasajes, sencillamente encantador. No deja nada que desear.

Entre las innumerables adaptaciones y transcripciones de las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach, hasta ahora faltaba una para flauta, violín, viola da gamba y clave. Es decir, para una formación que aparece en diversas variantes en la obra de Bach, hasta llegar a la sonata a trío de la referida Ofrenda musical.

Es precisamente el carácter fundamental de esta obra tardía de Bach, que en ocasiones parece severo e incluso austero, lo que viene una y otra vez a la mente al escuchar esta versión de música de cámara de las Variaciones Goldberg.

Algo de historia

Cuando, en los inicios del Barroco, la música de cámara puramente instrumental cobró cada vez más importancia, la sonata a trío, el encuentro de tres voces instrumentales, se consolidó como una de las ideas más bellas. Dos voces superiores, de igual importancia, que interactúan entre sí o incluso se contraponen: a veces tocan en terceras, otras se imitan, otras una acompaña a la otra y otras es al revés. A esto se suma una voz de bajo continuo, y ya tenemos la sonata a trío. En los inicios de este género, en la Italia del siglo XVII, las voces superiores solían interpretarse con cornetas o violines; más tarde, las flautas dulces y las flautas traveseras sustituyeron a las cornetas. Además de la denominación sonata a tres, en italiano Sonata a tre, también es habitual el término Sonata a due, es decir, sonata para dos.

La diferencia radica en la voz de bajo: en la Sonata a due, el bajo se limita a la estructura armónica, mientras que en la Sonata a tre también interviene en la acción e imita las melodías establecidas. En aquella época no existían formaciones estándar en la música de cámara instrumental, por lo que también se encuentran sonatas para más de dos voces superiores y bajo continuo; títulos como Sonata a 4, Sonata a 5, etc., no son infrecuentes. El tamaño del conjunto varía, por tanto, aunque esto no depende únicamente del número de voces superiores. Dado que el bajo continuo puede ser interpretado por varios músicos, a menudo son más de tres los que tocan una sonata a trío —o menos—. Al fin y al cabo, un clavista u organista puede tocar una o dos voces superiores y el bajo.

Sin precedentes

La interpretación de los cuatro músicos de Nevermind es extremadamente serena y concentrada. Se toman más tiempo del habitual para hacer audible hasta la última fibra del tejido (arioso) de contrapunto y danzas de moda estilizadas. Esta procesión de Goldberg alcanza una duración total de casi 100 minutos. Sin embargo, cuanto más se sigue esta exploración y modulación, tan minuciosa en los detalles, más pierden las partes individuales su brillo sensual, su fuerza y, sí, también su vida.

No tiene precedentes la abundancia de nuevas y notables grabaciones de las Variaciones Goldberg en versiones transformadas, e incluso, en ocasiones, transfiguradas, de la mano de arreglistas y creadores que las han reinterpretado. 

Una de ellas fue la del pianista, compositor e improvisador Uri Caine, un prestigioso crossing borders, quien reunió un elenco de talentos musicales bastante amplio para una interpretación sumamente audaz de las Variaciones Goldberg, que incorpora una fusión conmovedora de música afroamericana tradicional, con ritmos afrocubanos y blues.

La transcripción para trío de Dmitry Sitkovetsky fue durante años un clásico en los conciertos. Mas, con el paso del tiempo, su literalidad rigurosa parece haber cansado al público.

La partitura de Józef Koffler, compuesta durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), es toda una revelación por su ingenio neoclásico para orquesta de cámara (Koffler murió asesinado por los nazis en Polonia); y está la reciente partitura de Chad Kelly para Brecon Baroque y Rachel Podger (sello Channel Classics, 12/23) que, en cuanto a su enfoque histórico, y con instrumentos de época, es la que más se acerca a la interpretación reveladora e imaginativa de Nevermind de las Variaciones Goldberg. Y, el año pasado, nos vimos recompensados con la exuberancia de la nueva y flexible versión de Robin O’Neill para sus compañeros de la Philharmonia.

Sin pedantería

Todo clavista dirá, sin lugar a dudas, que las Variaciones Goldberg son el mayor regalo que ha dejado Johann Sebastian Bach a la cultura musical de la humanidad. Interpretarlas transporta a un universo de sensualidad, inteligencia, imaginación, emoción, alusión y virtuosismo propios del clave. La experiencia de interpretarlas, desde la sarabanda inicial hasta su recapitulación, es un viaje a través del cielo y del corazón.

Por esta razón, y por la brillantez con la que la obra pone de manifiesto la belleza y la versatilidad del clave, los arreglos para trío de cuerda han pasado desapercibidos o han sido ignorados en las últimas décadas. Sin embargo, esta propuesta del maravilloso cuarteto Nevermind despierta los ánimos a los más aletargados. Los músicos de esta formación entienden las formas y los estilos del repertorio barroco y se muestran cómodos, convincentes y comunicativos con cada obra que abordan.

Jean Rondeau, por su cuenta, ha demostrado ser un intérprete ideal de las Variaciones Goldberg en su forma original; como conjunto, Nevermind asume sus papeles y enriquece cada línea con una conciencia de la belleza propia del instrumento que tocan. De todo ese conocimiento emana una espontaneidad orgánica, sin ningún atisbo de pedantería. No están ahí para enseñar a los escuchas, sino para satisfacerles y conmoverles.

Fluida y hermosa

Esta nueva grabación, realizada en la sala de música de La Chaux-de-Fonds (en el cantón de Neuchâtel, Suiza) por la ingeniera de sonido Aline Blondiau es exquisita. Al escucharla se percibe cómo arroja nueva luz sobre cada variación y por qué resulta tan cautivadora la interpretación de Nevermind. Aquí el violagambista Robin Pharo y el clavista Jean Rondeau descubren las alusiones musicales e interpretan y dan forma a versiones que se asemejan a la música del siglo XVIII.

Así, se pueden esuchar pasajes instrumentales obbligato propios de las cantatas; sonatas a trío o conmovedores movimientos solistas de flauta o violín. A la inmensidad emocional e intelectual de estas variaciones, Rondeau y Pharo, junto con sus excelentes colegas Besson y Creac’h, añaden la inmensidad del vasto mundo musical que alimentó la imaginación de Bach. Hay muchos aspectos que distinguen estas interpretaciones, pero la decisión de incluir el continuo y hacer referencia a la música de cámara es la más convincente y acertada.

Asimismo, permite a cada uno de los miembros del conjunto resaltar las cualidades expresivas únicas de sus instrumentos, ya sea la flauta, el violín o la viola da gamba. Son capaces de ornamentar con buen gusto las variaciones de una forma que no sería posible si solo intervinieran diez dedos. La interpretación del continuo de Rondeau al clave o al órgano (dispone de varios instrumentos en esta grabación), es rica, fluida, hermosa y acertada.

Ternura y vulnerabilidad

Sorprendentemente, aunque no es algo sin precedentes, la viola da gamba a veces se aleja de su papel de línea de bajo y se adentra en el ámbito solista. A veces, una variación que hace referencia a estilos antiguos comienza como una pieza solista para órgano, pero pronto se le unen los demás intérpretes, lo que da una sensación de contrapunto antiguo y riguroso que florece deliciosamente en un jardín de colores musicales.

Los músicos conocen las danzas y las formas, y ello complace sobremanera al oyente. Algunos cambios de carácter resultan especialmente reveladores y sorprendentes en el grupo Nevermind. Los cánones suelen volverse más expresivos a medida que el violín y la flauta dan forma a las líneas con una limpidez que no se consigue con el clave. El efecto es delicioso, ya que las disonancias adquieren más sabor. Y si bien las variaciones virtuosas son menos ardientes, a menudo adquieren una gracia que no es propia de Domenico Scarlatti, ¡sino más bien de George Balanchine!

Desde los primeros compases de la sarabanda, el clave brilla como la plata. Tocar con esta sonoridad, utilizando el rubato con gran efecto, resulta seductor. Pero en esta nueva grabación de conjunto, es la flauta, como anfitriona, la que produce algo completamente diferente. Toca con una ternura y una vulnerabilidad propias de la travesera.

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