Francia

Aix-en-Provence

Una gran noche de música

Jesús Aguado
Klaus Mäkelä
Klaus Mäkelä © Marco Borggreve | Royal Concertgebouw Orchestra
Aix-en-Provence, sábado, 11 de julio de 2026.
Grand Théâtre de Provence. Béla Bartók: El castillo de Barbazul. Ópera en un acto y un prólogo. Libreto de Béla Balázs a partir de Barbazul de Charles Perrault y Ariadna y Barbazul de Maurice Maeterlinck. Barbazul: Gerald Finley. Judith: Irene Roberts. Orquesta de París. Dirección musical: Klaus Mäkelä. Versión de concierto.
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El Festival d’Aix-en-Provence ha programado una única fecha para la representación, en versión concierto, de El castillo de Barbazul, de Bartók. El director, Klaus Mäkelä, y la Orquesta de París están triunfando con La mujer sin sombra, claramente el plato principal del festival de este año, y la expectación que provoca la presencia del director finlandés hubiera justificado (y sin duda llenado) más funciones de la única ópera de Bartók, con lo que la única fecha programada adquiere aún un realce mayor dentro del Festival. 

Mäkelä no defraudó, desde luego. Todo lo dicho respecto a su dirección en La mujer sin sombra se aplica nuevamente, con el aliciente añadido de verle sobre el escenario. Su gesto fluye orgánicamente, extrayendo de la orquesta toda una paleta de variedades sonoras. La única pega que podría ponérsele es que, al tratarse de ópera en versión concierto, en que la orquesta está sobre el escenario y justo detrás de los cantantes, el equilibrio de volúmenes cambia respecto a su ubicación normal, en el foso, y si no se tiene cuidado, la orquesta puede tapar demasiado a las voces. Y en algunos momentos, eso ocurrió. 

Irene Roberts era Judith, la esposa de Barbazul, soprano de hermoso timbre y potente caudal. Viene de ser Sieglinde en La Valquiria de Múnich, lo menciono porque no es precisamente una voz pequeña y sin potencia. Y sin embargo, por momentos la orquesta “podía” con ella. Pese a todo, cuajó una magnífica intervención en un personaje nada fácil. 

Y lo mismo le ocurrió a Gerald Finley, una voz de referencia que sigue manteniendo el exquisito timbre y el elegantísimo fraseo, pero que ya no tiene la potencia de antaño. Y en una situación como la de ayer, esa potencia se echó de menos. Estoy seguro de que en una representación convencional con la orquesta en su sitio, el equilibrio hubiera sido diferente. 

En cualquier caso, y pese a esos puntuales desajustes, fue una gran noche de música y de ópera que el teatro entero aplaudió puesto en pie. 

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