Alemania

Un muy gran placer

J.G. Messerschmidt
Bellini, Norma. Regie de J. Rose
Bellini, Norma. Regie de J. Rose © 2026 by G. Schied / Bayerische Staatsoper
Múnich, viernes, 17 de julio de 2026.
Teatro Nacional. Ópera del Estado de Baviera. Norma, ópera con música de Vincenzo Bellini y libreto de Felice Romani (según el drama homónimo de Alexandre Soumet). Dirección de escena, vestuario y escenografía: Jürgen Rose. Iluminación: Michael Bauer. Dramaturgia: Peter Heilker. Coreografía: Jo Siska. Reparto: Elena Stikhina (Norma), Emily Sierra (Adalgisa), Najmiddin Mavlyanov (Pollione), Roberto Tagliavini (Oroveso), Aebh Kelly (Clotilde), Michael Buttler (Flavio). Orquesta del Estado de Baviera. Coro de la Ópera del Estado de Baviera. Director del coro: Franz Obermair. Dirección musical: Giacomo Sagripanti. Festival de Ópera de Múnich
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Empecemos por la gran soprano rusa Elena Stikhina, estrella del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. La parte de Norma es especialmente compleja debido a que exige gran potencia dramática y no menor competencia en las agilidades, una combinación que no muchas sopranos pueden ofrecer. Stikhina es una soprano lírica de voz carnosa, consistente, algo oscura y muy aterciopelada. Posee una técnica muy sólida y un fiato amplio, que sabe emplear hábilmente para configurar un magnífico fraseo. Su instrumento vocal le permite abordar brillantemente y con total naturalidad recursos como la sottovoce y el filato. Su línea melódica es clara y revela un excelente dominio de la dinámica. Las coloraturas de Stikhina no son espectaculares (difícilmente pueden serlo las de una soprano que tiene en su repertorio papeles como Brünnhilde, Sieglinde, Aida, Lady Macbeth, Tosca o Salomé), pero sí muy correctas y satisfactorias, sin duda porque no intenta lo que no puede y, en cambio, hace un muy buen uso de los medios de los que dispone. 

Emily Sierra es una mezzosoprano aún muy joven y que sin duda dará que hablar. En el papel de Adalgisa la oímos cantar con una voz de color muy diáfano y con brillantes agudos, por lo que no nos sorprendería que con el tiempo pudiera pasar de mezzo a soprano. También ella tiene una técnica segura y refinada. Su messa di voce es estupenda y aunque se trata de una cantante lírica, no carece, en determinados pasajes, de un apreciable squillo

En el plano puramente interpretativo no deja nada que desear, ya que es capaz de expresar las tribulaciones y cambiantes afectos de Adalgisa, al mismo tiempo que los aspectos inamovibles de su personalidad, lo que otorga al personaje una coherencia poco habitual. A favor de Emily Sierra juegan también dos factores extramusicales: su juventud y la belleza de su rostro, que añaden a su figura una verosimilitud y un atractivo adicionales. A modo de curiosidad, cabe señalar que Sierra es cubano-estadounidense, como Lisette Oropesa, un “mestizaje” que al parecer produce excelentes voces.

También se debe resaltar la muy poco común convergencia musical y dramática de Elena Stikhina y Emily Sierra, que logran una muy rara y equilibrada armonización de sus respectivos papeles. Sobra decir que los dúos de Norma y Adalgisa son momentos de especial belleza en los que se llega siempre a ese hipnotismo al que nos referíamos más arriba.

Bellini, Norma. Dirección musical: Giacomo Sagripanti. Dirección de escena: Jürgen Rose. Múnich, Bayerische Staatsoper, julio de 2026. © 2026 by Geoffroy Schied /Bayerische Staatsoper.Bellini, Norma. Dirección musical: Giacomo Sagripanti. Dirección de escena: Jürgen Rose. Múnich, Bayerische Staatsoper, julio de 2026. © 2026 by Geoffroy Schied /Bayerische Staatsoper.

El tenor uzbeko Najmiddin Mavlyanov cumple con su labor, pero su voz es poco grata, su técnica podría ser mejor y su lectura de la parte de Pollione resulta poco refinada. Roberto Tagliavini vuelve a demostrar que es uno de los verdaderamente grandes cantantes de ópera de nuestros días. Con un bien timbrado y versátil instrumento vocal y una técnica irreprochable configura un Oroveso absolutamente satisfactorio, hasta el punto de que lamentamos que su parte sea tan breve: nos quedamos con ganas de mucho más, no hace falta decir otra cosa... Igualmente desearíamos papeles más extensos para la irlandesa Aebh Kelly (Clotilde) y el estadounidense Michael Butler, ambos tan jóvenes como prometedores.

Pero si alguien merece el mayor elogio, es la orquesta y su director, Giacomo Sagripanti. Nunca habíamos oído un Bellini como éste. Por lo general, la sinfonía (no sólo en esta ópera, sino en todas las de Bellini y también Donizetti) es resuelta con mayor o menor dignidad, pero, en el fondo, casi siempre sin mayor interés ni entusiasmo, como si se tratara de un mero trámite. En la función que reseñamos no sucedió nada de eso. Giacomo Sagripanti aborda la obertura con toda seriedad, como si se tratase de un breve poema sinfónico y demuestra que lo es. Su lectura es exigente y perfeccionista, atenta al sentido dramático de cada compás, a todas las alusiones que cada uno de ellos encierra y que preludian lo que será la ópera en su conjunto. La calidad musical de esta interpretación es realmente excepcional. 

Bellini, Norma. Dirección musical: Giacomo Sagripanti. Dirección de escena: Jürgen Rose. Múnich, Bayerische Staatsoper, julio de 2026. © 2026 by Wilfried Hoesl /Bayerische Staatsoper.Bellini, Norma. Dirección musical: Giacomo Sagripanti. Dirección de escena: Jürgen Rose. Múnich, Bayerische Staatsoper, julio de 2026. © 2026 by Wilfried Hoesl /Bayerische Staatsoper.

De la puesta en escena de Jürgen Rose, del año 2006, no diremos mucho. La escenografía, bastante abstracta, es de una oscuridad y de una sobriedad extremas. La acción se sitúa en un lugar indefinido, en el que los celtas llevan unos atuendos sombríamente austeros y más o menos exóticos, de reminiscencias arcaicas y vagamente islámicas. La dirección de actores es parca. La iluminación es tan escueta que resulta difícil darle tal nombre. Es pues una puesta en escena en la que tanta parquedad acaba por aburrir, pero que en su conjunto ni molesta, ni estorba a los cantantes, ni se enfrenta a la música o al libreto. En tal sentido se la puede considerar aceptable. 

Lo que sí debería corregirse son las figuras de los hijos de Norma, sobre todo si, como en el caso de la función que reseñamos, uno de los maltratados intérpretes es o un niño excepcionalmente alto o tal vez ya un adolescente, en el que ciertas actitudes de patetismo, en sí mismas ya grotescas, resultan involuntariamente cómicas.

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