Hurvin Anderson, Hawksbill Bay, 2020 © 2026 by Hurvin Anderson. Courtesy the artist, Thomas Dane Gallery and VeneKlasen
Entre las exposiciones que me interesaban en Londres había seleccionado la de Hurvin Anderson que presentaba la Tate Britain. Pero antes de entrar en ella me enganché a la Tate Britain Commission 2026, una instalación de Zineb Sedira titulado When Words Fall Silent, Cinema Speaks que ocupa la parte central del primer piso del museo, antes de entrar en la primera sala de Hurvin Anderson.
Me llamaron la atención las dos exposiciones en sí, pero además el modo en que parecían complementar a otras de las exposiciones que ví en Londres en esta ocasión y en las dos visitas anteriores en este mismo año 2026: especialmente la de Nigerian Modernism en la Tate Modern. He tenido la sensación de que el tema del momento en Londres es la integración pero no como una asimilación del ajeno en la cultura británica, sino el modo en que se construyen identidades mixtas, reuniendo las tradiciones propias con las británicas pero también entre sí. Mientras en España parece que aún estamos discutiendo si la llegada de tantos extranjeros va a afectar a nuestros modos de vivir, en Londres -e imagino que igualmente en otras partes de Gran Bretaña- ya se acepta, o por lo menos se quiere aceptar, que ser británico es ser una mezcla de identidades.
Zineb (París, 1963) cuenta una historia que en realidad ella -por edad- ya no vivió, pero que de alguna manera es significativa en su identidad de argelina nacida y criada en París y residente en Londres: el modo en que la independencia de Argelia y los cambios culturales consiguientes, tanto en Argelia como en los inmigrantes desplazados a otras partes de África y a Europa Occidental (especialmente Francia), encontraron un camino de expresión en el cine, que habló cuando muchos se habían quedado 'mudos' por la pérdida de su cultura y la necesidad de construir otra.
La Tate Britain explica que Sedira:
Inspirándose en archivos familiares y en la historia del cine, tiende puentes entre lo político y lo poético, explorando con profundidad temas como la memoria, la migración y el trauma. Sus instalaciones invitan al público a reflexionar sobre las dimensiones emocionales y geográficas del desplazamiento, al tiempo que examinan críticamente las narrativas históricas dominantes. Al mantener vivas las historias, su narración se convierte tanto en un acto de resistencia como en un gesto de conexión.
Es una de las cosas que me llamó la atención, el modo en que tanto Sedira como Anderson parten artísticamente de una historia ajena, de fotos y recuerdos familiares de una vida que ellos ya no conocieron más que como narración familiar y que sin embargo ha sido significativa para la construcción de su identidad. En el caso de Sedira no es una exposición, sino simplemente una instalación donde se presentan principalmente dos ambientes, una reconstrucción de una cafetería de los años 1960-70 donde la gente inquieta se reúne y habla (y con libros ad hoc en las mesas) y de una sala de cine 'a la africana', o sea, al aire libre y bastante precaria, con las películas traídas en una furgoneta donde viene la maquinaria necesaria para la proyección.
La instalación de Sedira pemanecerá en las Duveen Galleries de la Tate Britain hasta el 17 de enero de 2017.
Por su parte Hurvin (Birmingham, 1965) , a partir de su infancia en los alrededores de Birmingham como el primer nacido de su familia en Gran Bretaña, comenzó su carrera de artista a partir de fotos familiares, ambientes jamaicanos en Birmingham, recuerdos ajenos de Jamaica, etc. y su propia infancia en un barrio lleno de recien llegados de Asia, especialmente de India y Pakistán. O sea, no se trata sólo de construir una identidad doble jamaico-británica, sino triple o incluso más.
Recordemos que en las décadas de 1950 y 1960, con la independencia de las colonias británicas, muchos de los nacidos en ellas -blancos o no-blancos- recibieron la nacionalidad británica o cuando menos una residencia permanente (en el caso de los afrocaribeños es la llamada Windrush Generation). Pero su situación económica no era buena y se amontonaron en barrios periféricos donde predominaban los inmigrantes procedentes de otras partes del mundo, lo que creó alianzas pero también luchas raciales. De hecho, antes de entrar propiamente en la exposición de Hurvin Anderson se presenta una película entre documental y experimental, Handsworth Songs, realizada a partir de los levantamientos, manifestaciones, tensiones raciales, etc. que tuvieron lugar en 1985 en Handsworth, Birmingham, donde Anderson residía, y que considera que refleja bien el ambiente en el que se crió.
La exposición se organiza en seis salas y contiene 78 obras de Hurvin Anderson, organizadas siguiendo más o menos un orden cronológico. Me interesaron especialmente las Salas 1 y 2 -sus primeras obras, algunas de ellas revisitadas o transformadas años después- y la Sala 3, donde se recogen las obras que hizo a partir de 2002 cuando realizó una residencia artística en Port of Spain, la capital de Trinidad y Tobago, que le permitió conocer un Caribe más o menos 'puro', y significó un cambio importante en su estilo.
Menos interesantes me parecieron las últimas salas, donde no llegué a identificarme con la obra reciente de Anderson, quien evidentemente hace unas obras mucho mejores técnicamente que en su juventud, pero donde también vi demasiada influencia de los grandes 'popes' del arte británico actual, David (de quien hay una interesante exposición en el Serpentine), , o Ronald , y cierta frialdad en sus cuadros.
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