A trece años de su última vez, retornó Otello de Verdi al escenario del Teatro Colón, con nueva producción escénica que dio un marco visual bello y suntuoso, buenos cantantes y una batuta razonable para esta obra.
Es difícil escindir marco visual de dirección escénica para poder justipreciar en conjunto una producción. En este caso a un marco visual de excelencia fruto del talento de Nicolás Boni se le adicionó un creativo vestuario de Tommaso Lagattolla, que sin un anclaje temporal determinado remite a épocas pasadas.
Fabio Sparvoli optó por movimientos tradicionales que no molestaron y que dejaron fluir la historia. Sparvoli hace recibir al espectador con una frase de Brabancio que dice en el primer acto shakespeareano: “Look to her, Moor, if thou hast eyes to see. She has deceived her father, and may thee” (Vigílala, moro, si tienes ojos para ver. Ha engañado a su padre y puede hacerlo contigo”), frase que no existe en el libreto operístico, que se lee sobre un telón en lengua italiana, y que evidentemente es el sustrato de los celos que hace despertar Iago con sus insidias. Anodinas las danzas firmadas por Vagram Ambartsoumian.
Nicolás Boni produjo magia con su diseño escenográfico que fue excelentemente complementado por las proyecciones fruto del mismo Boni con Matías Otálora, y con la iluminación de José Luis Fiorruccio. El marco alterna elementos corpóreos -como columnas, escaleras, piedras, grandes arañas de iluminación que se cubren y se descubren, restos de una torre, paredes con vitrales o con frescos-; con las proyecciones y el mar omnipresente. La muy difícil escena inicial con el coro que debería mirar hacia al mar, aunque esto sea teatralmente imposible pues deberían cantar de espaldas, está razonablemente jugada y la tormenta produce un impactante efecto con la furia marina y la lluvia para dar lugar como mágicamente al cielo estrellado de la escena final del primer acto. Bucólica la belleza del segundo acto con el mar, los peñascos y parte del castillo, imponente el gran espacio del tercer acto y de recogida interioridad el cuarto de Desdémona en el último con los vitrales a la izquierda -donde en el cuadro anterior se veía el mar- y los frescos en el fondo.
Desde su estreno en 1887 el protagónico del Otello verdiano es monopolizado en cada generación por no más de tres o cuatro intérpretes. Gregory Kunde es hoy uno de ellos y a sus más de setenta años y con 48 de carrera, logra conmover como el moro de Venecia. Kunde con su voz lírica y con un fraseo admirable, es convincente y creíble, no hay que esperar el Otello de voz estentórea sino un personaje cantado con autoridad, genuinos recursos e intencionalidad sin mácula. Su ‘esultate’ fue convincente, mientras que algunas notas de su tesitura baja fueron menos audibles en el primer acto, y en el dúo de amor que cierra ese acto se notó su veteranía vocal. Potente en ´Pel ciel marmóreo giuro’, su calidad superior se mostró sin fisuras en la escena segunda del tercer acto con Desdémona, en el ‘Dio, me potevi scagliar’ del mismo acto y en la escena final.
Maria Agresta simplemente impresionó como Desdémona en este su debut en Buenos Aires. No es la Desdémona frágil habitual sino una esposa convencida poco a poco del destino que le espera. Su voz tiene belleza y gran volumen. Razonable en el dúo del primer acto fue creciendo a medida que avanzaba la representación, con una escena del cuarto acto deslumbrante por el nivel de compenetración y perfección.
El Iago de Daniel Luis de Vicente mostró buena potencialidad, adecuado volumen y bello color vocal. Compenetrado y razonable en todo momento compuso un sólido personaje.
Diego Bento, un elemento del Coro Estable, de más que interesantes cualidades fue un buen Casio, tendrá que trabajar un poco más su gestualidad y su refinamiento expresivo.
El resto del elenco formado por Insung Sim (Lodovico), Alejandra Malvino (Emilia), Fermín Prieto (Roderigo), Mario De Salvo (Montano) y Gabriel Vacas (heraldo), mostró adecuada calidad y solvencia. Mientras que los coros resultaron eficientes, con menor calidad que lo acostumbrado el Coro Estable que dirige Miguel Martinez y con buen desempeño el de niños que conduce Marian Reweski.
Alejo Pérez en su primera aproximación a este título verdiano efectuó una correcta lectura de la partitura. Quizás falto algo de nervio y estilo, que seguramente el director adquirirá con los años. El gran concertante del tercer acto necesitó seguramente más ensayo y una mano más segura. Con todo, la versión de Alejo Pérez, nuevo director principal de la Orquesta Estable del Teatro Colón, resultó adecuada.
En suma: Una correcta noche de ópera.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios