Discos

Dvorak de salón

Maruxa Baliñas
Antonin Dvorak, String Quartets. Merel Quartet
Antonín Dvorák. String Quartets. Merel Quartet. Antonín Dvorák, Un disco de 75 minutos grabado entre el 13 y el 17 de abril de 2025 en Reitstadel Newsmarket (Alemania). Martin Rust, ingeniero de sonido, producción técnica, edición y masterización. Martin Korn, productor ejecutivo. © 2026 by Martin Korn Music Production. PROSP0135
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Un disco de repertorio, aunque con alguna obra 'exótica'. Ese es el modo en que se suelen dar a conocer los nuevos intérpretes, y así lo hace el Merel Quartet ... que no es un grupo nuevo en absoluto, porque llevan tocando juntos desde el 2002, aunque en 2025 ganaron dos premios casi consecutivos y seguramente eso les ha ayudado en el lanzamiento de este disco, que es -creo- el quinto del grupo, desde el primero en 2009. 

El Merel Quartet es grupo residente del Zwischentöne Chamber Music Festival y desarrollan las denominadas 'Series de cámara Merel' en Zúrich, Basilea, Lucerna y Triesen (Liechtenstein). Además han tocado en la mayoría de las grandes salas europeas de música de música de cámara, incluidos Wigmore Hall, Tonhalle de Zúrich, Menuhin Festival Gstaad, Ittingen Whitsun Concerts, Lucerne Festival, Salzburger Festspiele y Kunstfest Weimar. Su repertorio abarca "Desde Bach y Purcell hasta maestros contemporáneos como Kurtág, Saariaho y Holliger", según indica su página web, aunque sus discos se han centrado casi sin excepción en clásicos como Mozart, los Mendelssohn, Janacek, Schumann y ahora Dvorák. 

Hace unos días The Strad preguntaba a un joven intérprete por el sentido que tenía grabar nuevamente obras que ya tienen muchas grabaciones en el mercado. Y si nos centramos en el Cuarteto Americano sin duda es así, pero el disco incluye también dos obras mucho más inusuales, tanto que el folleto del disco ni las menciona. Una es un arreglo de Rafael Rosenfeld, el chelista del cuarteto, del 'Largo' de la Sinfonía nº 9 'del Nuevo Mundo' de Dvorák, que encaja bien cerrando un disco centrado en el Cuarteto Americano. La otra es el noveno número 'Allegro scherzando' de Die Zypressen B 152 (1887) para cuarteto de cuerda, un arreglo de doce de las dieciseis canciones de amor para voz y piano sobre textos de Gustav Pfleger Moravský (1833-1875), que Dvorák había titulado del mismo modo (aunque en checo): Cypřiše B. 11 en 1865. 

La interpretación del Cuarteto de cuerdas nº 12 en fa mayor op 96 B. 179 'Americano' me pareció bastante convencional en las primeras audiciones, pero al oírlo más, tiene muchos detalles 'Belle Époque' que le dan un encanto discreto pero evidente: dinámicas más contrastadas, algún rubato y sobre todo un tempo muy flexible que le da vivacidad. Como es habitual en los cuartetos actuales el violonchelo se destaca bastante, sin llegar a hacer la competencia al primer violín pero acercándose por momentos. Quizá el movimiento más 'discutible' del cuarteto sea el 'Lento', que bordea el amaneramiento y nos habla de un compositor urbano y casi de salón, en vez de la imagen mítica que todavía persiste respecto a Dvorák de un nacionalista que adoraba la naturaleza y era poco refinado. 

De salón se podría definir el movimiento de Die Zypressen, una obra refinada que el Merel Quartet interpreta casi como si fuera el Salut d'Amour (1888) de Elgar, una obra escrita sólo un año después de esta versión para cuarteto de Die Zypressen. 

El arreglo del Largo de la Sinfonía 'del Nuevo Mundo'  suena muy bien, y sin duda Rafael Rosenfeld ha hecho un trabajo pulido, pero quizá demasiado convencional, que hace evocar el original orquestal pero no se individualiza como pieza de repertorio. 

Y queda el Cuarteto de cuerda nº 13 en sol mayor op 106 B.192, que oficialmente es el penúltimo que compuso Dvorák, aunque el último, el 14, fue en realidad comenzado antes y terminado al mismo tiempo que este, en diciembre de 1895. La interpretación del Merel Quartet es similar a la del Cuarteto Americano: música de salón, interpretada con una flexibilidad que por momentos puede resultar excesiva, pero que definitivamente aleja a Dvorák de la tradición puramente germánica. Para los que no lo conozcan es una obra preciosa, con algunas melodías muy dulces. ¡Sin duda la estancia americana de Dvorák había cambiado su estilo! 

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