Aprovechando una de las óperas representadas en la Glyndebourne Festival Opera, como vienen haciendo desde 1961, los BBC Proms incluyeron en su programación la ópera Ariadne auf Naxos (1911-12, revisión de 1916) de Richard Strauss, en una versión semi-escenificada: en concreto una adaptación de basada en la producción original que realizó para el Festival de Glyndebourne 2026.
Una buena idea, toda vez que el acceso a no es sencillo, ni aunque se hagan trece representaciónes como en el caso de esta Ariadne auf Naxos (la última el 29 de agosto, cerrando la temporada). De hecho, en los Proms se agotaron las entradas para esta función porque los cantantes son los mismos, la adaptación escénica está bastante cuidada, los precios son un 65% más baratos, como media, a los de Glyndebourne ... y no hay código de vestimenta (Glyndebourne sigue exigiendo etiqueta de esmoquin).
Ariadne auf Naxos puede ser una ópera difícil de montar y los registas optan por soluciones variadas para encajar el prólogo y la ópera propiamente dicha. El montaje de Pelly en fue definido por , el corresponsal de Mundoclasico.com en Glyndebourne, como
[...] una puesta más bien tradicional, sin vídeos y encuadrada en dos simples paneles, uno en estilo barroco y el otro una simple cortina de seguridad blanca que ocasionalmente cierra el fondo. Sobre el final, ambos paneles se separan para dejar entrever las sombras de Ariadne y Bacchus contrastando con una gloriosa puesta de sol.
Lo que se vió en el fue aún mucho más sencillo, un espacio vacío en la parte delantera del escenario que permitía los movimientos de los cantantes en el prólogo, que luego en la ópera en sí contó con unas someras tarimas cubiertas por telas, y una iluminación inteligente que iba cambiando los tonos básicos pero sin especiales alardes, excepto al final de la ópera cuando se reaprovechó la imagen final proyectada en Glyndebourne, que fue doblemente potente precisamente por ser la única: un sol amarillo saliendo del mar que acaba convirtiéndose en un anillo con una perla y unos hilos de fuego.
Suficiente para que los cantantes nos contaran la historia con sus voces y con sus entradas y salidas de escena. Pero también para que los problemas vocales fueran más evidentes, ampliados además por la acústica del Royal Albert Hall, una sala circular y enorme (más de 5.000 butacas). Me gustaría añadir también que la presencia de público en pie en la 'Arena', la parte central de la sala, los llamados prommings (hasta 1.000 en algunos conciertos), asomados al escenario algunos de ellos, contribuía visualmente al espectáculo porque daban mucha sensación 'de teatro', sobre todo cuando se representaba la ópera dentro de la ópera y ellos servían de público.
Pero además el público del Royal Albert Hall es un público agradecido, que asiste para pasarlo bien y por tanto disfruta. Si en alguna ocasión anterior me parecieron un poco exagerados sus aplausos respecto a los méritos de los intérpretes, en Ariadne su participación en la ópera, sus risas con los chistes, y sus aplausos finales fueron un elemento más de disfrute.
De la voz de poco se puede añadir a lo ya indicado por Agustín Blanco: "impresionó no solo con un sólido registro medio sino también por un passaggio terso y brillante". Cuando cantó su 'Es gibt ein Reich' nos dejó acongojados, tiene unos graves preciosos, proyecta muy bien la voz (lo que en el Albert Hall es mérito importante), y le sobra fiato y emoción. De hecho, obtuvo bravos y aplausos al terminar el aria, aunque Ticciati no los permitió y dió la entrada al cuarteto de payasos y Zerbinetta.
Aunque la protagonista de la obra es Ariadne, como Zerbinetta casi le robó el papel a Rachel Willis-Sørensen por su desparpajo en escena y su adecuación vocal a lo que le pedía Strauss. Pequeños errores vocales y cierto cansancio en sus intervenciones más extensas no llegaron a ensombrecer su inmersión en el papel y también ella terminó su 'Grossmächtige Prinzessin' -muy bueno el pianista- con aplausos del público que en esta ocasión sí que obligaron a Ticciati a parar a la orquesta.
Flojo en cambio como Bacchus, aunque acaso se tratara de un problema puntual porque en Glyndebourne las críticas lo habían tratado bien. En esta ocasión sonó gritón más que poderoso, con fallos vocales significativos (sobre todo en sus primeras intervenciones) y un fraseo soso, lo que se notó aún más en sus dúos con Willis-Sørensen, que simplemente no funcionaron. Su única virtud pareció ser su proyección: se le oía y se le entendía.
Tanto , el Maestro de música, como , el Compositor, cumplieron sobradamente, tanto teatral como musicalmente. A mí me gustó más Kraus, al público -a juzgar por los aplausos finales- Hankey, que tiene un papel más lucido y consiguió emocionarnos por momentos (ser sensato como el Maestro de Música es poco apreciado).
Ru , el Maestro de baile, no me convenció demasiado: actúa bien y baila correctamente, pero vocalmente se quedó escaso. Del Mayordomo, William , se esperaba que actuara bien y se le oyera, puesto que su papel es declamatorio, y eso hizo. Muy bien vocalmente las tres ninfas y más que satisfactorios, tanto actuando como cantando, Arlequín, Brighella, Scaramuccio y Truffaldino, que tenían unas coreografías en todas sus apariciones sencillas pero muy lucidas (sospecho que provenientes de la producción completa de Pelly).
dirigió muy bien: ágil, buen acompañante, cuidadoso con los cantantes. Pero sobre todo mimó la melodías straussianas -hizo un final suntuoso- y les dió la vitalidad que tienen, algo que no todos los directores saben aprovechar en Ariadne auf Naxos. Me gustó por ejemplo el modo en que en el Prólogo, cuando el Compositor y Zerbinetta discuten (‘Ein Angenblick ist menig…‘), destacó las diferencias estilísticas entre las melodías del Compositor -heroicas, un poco pomposas- y las respuestas de Zerbinetta -bailables y ligeras-, y cómo luego vuelve a cambiar el estilo cuando Zerbinetta se 'pone seria' y canta de un modo lírico y operístico (aunque siempre más opereta que ópera).
El público agradeció mucho la dirección de Ticciati en los aplausos finales (yo creo que más que a cualquiera de los cantantes). En cierto modo -y por ahora creo que es exagerado- me pareció que los ingleses quieren convertir a Ticciati en un nuevo , puesto que ambos han nacido en Gran Bretaña (Epping y Londres respectivamente, separadas apenas por 25 kilómetros) pero en ambos casos consideran que su ascendencia italiana les dota de una musicalidad un poco ajena a la tópica timidez de los británicos y de una 'magia especial'. Ticciati además es bisnieto del compositor y pianista Francesco Ticciati (1893–1949), que ya actuó en los Proms en la década de 1920-30
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