Una conmovedora imagen sonora deslumbra el oyente al escuchar este álbum con ocho cantatas de Johann Sebastian Bach, excelsamente interpretadas por la Gaechinger Cantorey, de la Internationale Bachakademie Stuttgart, dirigida por Hans-Christoph Rademann (sello Hänssler Classic, de Neuhausen, cerca de Stuttgart).
El álbum forma parte de una colección de 10 volúmenes, titulada Vision.Bach, con las cantatas en orden cronológico, una brillante idea de la Academia Internacional Bach de Stuttgart, con un selecto elenco de solistas: Miriam Feuersinger (soprano), Isabel Schicketanz (soprano), Elvira Bill (contralto), Marie Henriette Reinhold (contralto), Benedikt Kristjansson (tenor), Daniel Johannsen (tenor), Patrick Grahl (tenor), Matthias Winckhler (bajo), Peter Harvey (bajo) y Tobias Berndt (bajo).
Cuatro de las cantatas, Alaba al Señor, alma mía (BWV 69.1), Amarás a Dios, tu Señor (BWV 77), No hay nada sano en mi cuerpo (BWV 25) y Alabado sea el Señor, Jerusalén (BWV 119), fueron grabadas en la iglesia de la colegiata de Herrenberg, del siglo XIII (hoy perteciente a la Iglesia Evangélica-Luterana).
Otras dos cantatas se grabaron en la iglesia del palacio de Luisburgo (del siglo XVIII), Señor no juzgues a tu siervo (BWV 105), así como Mirad y ved si hay un dolor (BWV 46); y las dos restantes en la Abadía de Heilsbronn (fundada en el siglo XII por la orden Cisterciense; hoy también perteneciente a la comunidad Evangélica-Luterana): Asegúrate de que tu temor a Dios no sea hipocresía (BWV 179) y Mi corazón se ahoga en sangre / Pero Dios debe tener misericordia de mí (BWV 199.3), interpretadas en el marco de la Semana Bach de Ansbach de 2023.
Los recitales de la antigua colegiata tuvieron lugar el 9 y 10, así como del 16 al 18 de septiembre de 2023 bajo los elocuentes títulos de Los 10 mandamientos y de La autoridad es un don de Dios. Las dos primeras jornadas mencionadas con las cantatas BWV 69.1 (Lobe den Herrn, meine Seele / Alaba al Señor, mi alma) y BWV 77 (Du sollt Gott, deine Herren, lieben / Amarás a Dios, tu Señor). Las dos últimas con las cantatas BWV 25 (Es ist nichts Gesundes an meinem Leibe / No hay nada sano en mi cuerpo) y BWV 119 (Preise, Jerusalem, den Herrn / Alaba, Jerusalén, al Señor).
En estas captaciones realizadas por los ingenieros Aki Matusch, Florian B. Schmidt y Christoph Binner se puede admirar el sonido perfectamente redondeado que supo plasmar con sutiles contrastes dinámicos el conjunto bajo la inspiradora égida de Hans-Christoph .
Alaba al Señor, alma mía, fue compuesta por Bach en 1723 en Leipzig para el duodécimo domingo después de la Trinidad, el 15 de agosto de 1723. En sus últimos años, Bach la adaptó para convertirla en una cantata con motivo de las elecciones al Concejo de la ciudad. En aquella época, la elección de esa corporación municipal era un acontecimiento de gran relevancia política y social. El acto en el que el nuevo cabildo tomaba posesión de su cargo se celebraba de forma solemne.
Como Kantor de la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, Bach estaba obligado por contrato a organizar, con motivo de este cambio anual del Concejo, un servicio religioso festivo con una cantata compuesta expresamente para la ocasión. En Leipzig, el nuevo Concejo municipal tomaba posesión de su cargo, según la tradición, el primer lunes después de la festividad de San Bartolomé (24 de agosto).
La toma de posesión tenía lugar en el marco de un fastuoso servicio religioso en la iglesia de San Nicolás de Leipzig, al que asistía el Concejo al completo. Para Bach, este era uno de los momentos más importantes y representativos del año musical, ya que aquí tocaba directamente ante sus superiores, los comerciantes y eruditos más influyentes de la ciudad.
Bach se expresa aquí, sobre todo, como portavoz de fuerzas superiores que dominan en gran medida el desarrollo musical. Hans-Christoph Rademann logra de manera impresionante resaltar la intuición creativa y situar la línea melódica de forma contundente en el centro de la atención. Así, el encanto de la antigua polifonía destaca una y otra vez en la amplia nave de la iglesia, y las líneas temáticas de conexión resultan especialmente comprensibles.
En este contexto, la doble fuga del coro inicial de la cantata BWV 69.1 resplandece con luminosidad y transparencia. El sensible tenor Richard Resch interpreta de forma emocionante su aria Meine Seele, auf, erzähle (Alma mía, vamos, cuéntame) con un discreto acompañamiento de las maderas. En la segunda aria para bajo, Tobias Berndt vocaliza las líneas cromáticas con gran riqueza de matices, abordando el tema del sufrimiento y la alegría.
Miriam Feuersinger (soprano) y Marie Henriette Reinhold (contralto) también interpretan sus recitativos con gran fuerza emotiva. Los intervalos difíciles de la trompeta, dominados con maestría, marcan sobre todo la magia sonora de la segunda cantata Du sollt Gott, deinen Herren lieben / Amarás a Dios, tu Señor (BWV 77), en el que el aria para soprano Mein Gott, ich liebe dich von Herzen (Dios mío, te quiero con todo mi corazón), es interpretada con delicadeza por Miriam Feuersinger, y convence con el acompañamiento del oboe y sus llamativas terceras paralelas.
Amarás a Dios, tu Señor fue compuesta por Bach en 1723, durante su primer año en el cargo en Leipzig, para el decimotercer domingo después de la Trinidad y la estrenó el 22 de agosto de 1723. Las lecturas prescritas para ese domingo eran Gálatas 3,15–22 (LUT), de Pablo sobre la Ley y la promesa , y Lucas 10,23–37 (LUT), la parábola del buen samaritano.
El texto de la cantata es obra de Johann Oswald Knauer y se publicó en Gotha en 1720 bajo el importante ciclo de cantatas Gott-geheiligtes Singen und Spielen (Canto y música consagrados a Dios) del compositor Gottfried Heinrich Stölzel, escrito entre 1720 y 1721.
La letra se basa estrechamente en el Evangelio, en particular en los antecedentes de la referida parábola del buen samaritano. La pregunta del escriba sobre qué debe hacer para alcanzar el Reino de los Cielos debe ser respondida por él mismo: el mandamiento de amar a Dios y al prójimo.
Este doble mandamiento del amor constituye el texto del primer movimiento. En consecuencia, el texto siguiente se divide en dos partes: un recitativo y una aria tratan del amor a Dios, mientras que un par simétrico aborda el amor al prójimo. El texto del coral final no se ha conservado. Karl Friedrich Zelter propuso la octava estrofa del coral de David Denicke Wenn einer alle Ding verstünd (Si alguien entendiera todo) (1657). El musicólogo Werner Neumann propuso la octava estrofa del coral de Denicke O Gottes Sohn, Herr Jesu Christ (Oh Hijo de Dios, Señor Jesucristo) (1657).
La forma de canon de la melodía coral queda profundamente grabada en esta expresiva interpretación. En la última aria para contralto, Ach, es bleibt in meiner Liebe (¡Ay!, permanece en mi amor), cautiva el ritmo sólido de la sarabanda, acompañado de los matices de la trompeta. El coral final, interpretado de forma sublime y conmovedora, impresiona como una composición a cuatro voces al estilo de Lutero: Ach Gott, vom Himmel sieh darein (Ay, Dios, mira desde el cielo). La trompeta barroca abre aquí también una visión de gran belleza del mundo divino.
El coral inicial de la cantata No hay nada sano en mi cuerpo (BWV 25) impresiona al oyente por su gran concentración técnica y vocal. La melodía resuena con notas largas en el continuo; la figuración de las cuerdas y los oboes también gusta por su transparencia. A continuación tiene lugar una interpretación sublime de la doble fuga vocal, en la que los solistas Isabel (soprano), Patrick (tenor) y Matthias (bajo) intervienen con gran expresividad.
El coro de trombones aporta aquí un énfasis conmovedor, cuya intensidad va en aumento. También la música danzante, a modo de concierto de cuerdas y oboes, revela numerosos encantos sonoros. El coral final convence como uno a cuatro voces sencillo y conmovedor. A continuación, la excelente Gaechinger Cantorey, bajo la égida de Hans-Christoph Rademann, interpreta de forma aún más brillante y radiante la cantata Alaba, Jerusalén, al Señor (BWV 119), en la que el carácter de la música festiva como homenaje cortesano resplandece de manera encantadora.
El coro inicial, a modo de obertura francesa, cautiva por su encanto rítmico y su espíritu. Y las intervenciones de trompeta a modo de fanfarria en el recitativo del bajo impresionan al escucha por su claridad formal. La contralto Marie Henriette se une al resto de solistas vocales en la segunda cantata. Por cierto, en 1843 Felix Mendelssohn Bartholdy volvió a interpretar esta obra maestra en la Gewandhaus de Leipzig.
El Tesoro de cantatas de Leipzig de Bach fue también el protagonista del concierto especial celebrado del 20 al 22 de julio de 2023 en el marco del Festival del Palacio de Luisburgo. Johann Sebastian Bach veía a Dios, ante todo, como un juez justo y también se interesaba por sus misterios. Como compositor, siempre supo dar una respuesta convincente a las cuestiones fundamentales.
En estas cantatas, Bach narra el final de la vida de las personas. Destacan por su serena madurez, que, por cierto, el director Hans-Christoph Rademann sabe transmitir con gran belleza sonora junto a la Gaechinger Cantorey. Esto también queda patente en la interpretación, dinámicamente equilibrada y transparente, de la cantata de Johann Sebastian Bach Señor, no juzgues a tu siervo (BWV 105), en la que los solistas vocales Miriam (soprano), (contralto), Benedikt (tenor) y Matthias Winckhler (bajo), con una dicción tan pura como intensa, forman un conjunto impecable.
Rademann dirige aquí a la Gaechinger Cantorey con un fino sentido de la complejidad armónica y la profundidad. En particular, el coro tiene una y otra vez grandes momentos que llenan la nave de la iglesia del palacio de Luisburgo. El aria nº 3 para soprano cobró gran relevancia gracias a la expresiva interpretación de Miriam Feuersinger:
¡Cómo tiemblan y vacilan los pensamientos de los Hombres!
Las notas repetidas del violín suenan profundamente interiorizadas y también temerosas, mientras que el oboe parecía moverse entre el cielo y la tierra. El camino hacia la redención discurre de forma conmovedora a través de la cruz de Cristo; se oyen, de manera inquietante, las campanas fúnebres en el continuo. Los solistas recitan el texto, a lo que sigue todo el conjunto con los instrumentos.
La fuga describe de forma conmovedora la súplica al Señor para que no se proceda al juicio. En esta cantata de juicio y rendición de cuentas destacan sobre todo las partes de cuerda, que prácticamente tiemblan sobre el coro. Pero aquí no se produce ningún vibrato molesto, pues al final triunfan de nuevo el coral protestante y el notable sermón musical .
, , y también dejaron su huella en la cantata de Bach para el décimo domingo después de la Trinidad, Schauet doch und sehet, ob irgend ein Schmerz sei (Mirad y ved si hay un dolor) (BWV 46), donde la cautivadora melodía se une a la sensualidad, el arte, la naturaleza y el espíritu. Elvira Bill (contralto), con voz profunda y aterciopelada, Benedikt Kristjansson (tenor) y Matthias Winckhler (bajo) dan vida a los contrastes dinámicos.
Tras el conmovedor coro inicial, el expresivo bajo Matthias Winckhler brilla en el aria nº 3, sobre la tormenta que se avecina, con una coloratura imponente. El carácter del canto fúnebre domina toda la cantata, sin que Hans-Christoph Rademann exagere los acentos. Se saborea con gran riqueza de matices la escala entre el dolor y la alegría, así como entre la solemnidad y la sensibilidad lírica.
Tampoco falta aquí el mundo sonoro, rico en imágenes y que recuerda a . En esta interpretación, el espíritu parece indagar en el material musical hasta sus últimas profundidades. La interpretación fiel al original ocupa en todo momento un lugar destacado. El escucha no puede menos que evocar aquí las palabras del rey prusiano Federico II:
¡Señores, ha llegado el viejo Bach! .
El viejo (e indestructible) Bach dirige aquí también su mirada hacia el interior, hacia lo profundo. La fuga brilla entre la cromaticidad y las síncopas y cautiva por su intensidad en esta interpretación tan concentrada.
El espacio sacro de la antigua Abadía cisterciense (hoy catedral) de Heilsbronn, de 900 años de antiguedad y excelente acústica, posee una resonancia ideal, casi mística, para esta música de Bach. El programa grabado el 1 y 2 de agosto de 2023 incluye las cantatas Siehe zu, daß deine Gottesfurcht nicht Heuchelei sei (Asegúrate de que tu temor a Dios no sea hipocresía) (BWV 179) y Mein Herze schwimmt im Blut (Mi corazón se ahoga en sangre) (BWV 199.3), compuestas en Leipzig hace tres siglos.
La primera, es una cantata dramática y aleccionadora (para soprano, tenor y bajo, coro a cuatro voces, dos oboes da caccia, dos violines, una viola y bajo continuo) para el undécimo domingo después de la Trinidad, el 8 de agosto de 1723. Bach la compuso durante su primer año en Leipzig, que había comenzado el primer domingo después de la Trinidad.
Las lecturas prescritas entonces eran 1 Cor 15,1–10 LUT y Lc 18,9–14 LUT, la parábola del fariseo y el publicano. El autor desconocido de la cantata se ciñó estrictamente a la lectura y demostró su erudición mediante alusiones a numerosos pasajes bíblicos. El coro de entrada pone música a Sir 1,29 (LUT); el coral final es la primera estrofa de Ich armer Mensch, ich armer Sünder (Yo, pobre Hombre, yo, pobre pecador), de Christoph Tietze (1663).
Se supone que en ese mismo servicio religioso también se interpretó la segunda cantata, para soprano solista y hondamente conmovedora, compuesta para la misma ocasión en Weimar en 1714, e interpretada aquí por Miriam Feuersinger con seráfico timbre, acompañada por la Gaechinger Cantorey y el director Hans-Christoph Rademann.
La mayor parte del texto está extraído de la recopilación de Georg Christian Lehms titulada Gottgefälliges Kirchen-Opfer (Ofrenda a la Iglesia agradable a Dios) que trata sobre la redención de un pecador por parte de Dios. Partiendo del texto del Evangelio de este domingo, la parábola del fariseo y el publicano (Evangelio según San Lucas 18,9-14, LUT), el poeta reflexiona sobre el tema del arrepentimiento y el perdón. Poco antes, Bach había utilizado la misma fuente para su cantata Widerstehe doch der Sünde (Intenta resistirte al pecado) (BWV 54). La formación, compuesta por violín, viola y bajo continuo, cautiva por su extrema intimidad y expresividad.
Para interpretaciones posteriores, Bach introdujo algunos cambios; la Nueva Edición de Bach recoge dos versiones: la primera, compuesta en Weimar, comienza en do menor y utiliza una viola obligatoria en el sexto movimiento; la segunda versión (de Leipzig) está un tono más alta y emplea un violonchelo piccolo para la parte obligatoria.
Bach inspiró a muchos artistas en la historia de la música y sigue inspirando a los creadores todavía hoy. La extraordinaria edición de la Internationale Bachakademie Stuttgart es prueba de lo estrechamente arraigada que está su música aquí. Ya en la década de 1970, el conjunto de la Internationale Bachakademie Stuttgart grabó todas las cantatas de Bach.
La fascinación por este genial maestro es en la actualidad mayor que nunca. Estas grabaciones, con espacializaciones meticulosamente elaboradas, capturando a los distintos componentes -coro, orquesta, solistas- con perfecta naturalidad, complementan a la perfección el gran logro musical de la Gaechinger Cantorey dirigida por Hans-Christoph Rademann.
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