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El pasado sábado 29 de agosto falleció en Zúrich el director de orquesta italiano Antonino Fogliani. Nacido en Messina en 1976, fue discípulo de Gianluigi Gelmetti y de Ennio Morricone, entre otros. Su carrera como director comenzó en el Festival de Pésaro en 2001.
A lo largo de un cuarto se siglo el quehacer artístico de Antonino Fogliani estuvo centrado en la ópera y muy especialmente en el belcanto. Sin ninguna duda fue uno de los más brillantes intérpretes de Rossini, Bellini y Donizetti de su generación. Asimismo recuperó obras del mismo período debidas a compositores poco frecuentados, como Mercadante, Tadolini, Paisiello, Morlacchi, Vaccai o Pavesi, además de ampliar su repertorio personal a Verdi, Puccini y óperas de los repertorios alemán y francés.
Sin embargo, el núcleo de su actividad estuvo ocupado siempre por la ópera italiana de la primera mitad del siglo XIX. En este ámbito sus interpretaciones alcanzaron una excelencia muy poco común, ya que era capaz de lograr algo así como la „cuadratura del círculo“ operística: era un sensible acompañante de cantantes y un músico siempre inspirado con la facultad, además, de hacer surgir una inusitada belleza en la parte orquestal de las óperas belcantistas.
También tuvo una intensa actividad docente como profesor de los conservatorios de Trieste y Palermo. Actuó en prácticamente todos los grandes teatros ópera europeos ganándose la admiración de público y crítica. Su muerte ha provocado gran conmoción en el mundo de la ópera, especialmente en los teatros con los que colabaraba habitualmente.
En la Ópera del Estado de Baviera, donde era uno de los directores invitados favoritos, debía asumir la dirección musical de una nueva producción de Maria Stuarda de Donizetti en este teatro en la temporada que está a punto de comenzar. Se trataba de un proyecto muy esperado y de especial importancia ya que, extrañamente, este título, uno de los mayores de Donizetti, aún no ha sido representado nunca en la ópera muniquesa.
El pasado 1 de julio, agradecía así en Facebook a los que le habían acompañado en su 50 cumpleaños:
Gracias a todos, queridos amigos, por compartir un momento tan especial como mi 50 cumpleaños. Gracias a todos los que vinieron al encantador pueblo suizo de Cadempino [donde residía] y a quienes se tomaron el tiempo de compartir un mensaje cariñoso en las redes sociales. Gracias a Angélica, que organizó una fiesta maravillosa, y a Lorenzo, que, junto con su madre, preparó un concierto con su propia música y algunas versiones que me encantan. Entre la emoción y la alegría intensa, he rozado la felicidad gracias a todos ustedes. Los quiero.
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