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Paganini, his music, his instruments. Carlotta Dalia & Goldmund Quartet

Juan Carlos Tellechea
Paganini, his music, his instruments. Carlotta Dalia & Goldmund Quartet
Paganini, his music, his instruments. Carlotta Dalia & Goldmund Quartet. Niccolò Paganini, Guitar Quartet No. 15 in A Minor, MS 42; Sonata in A Major, Op. 3 No. 1, MS 27 (para violín sólo, transcrita para guitarra por Manuel Barrueco); String Quartet No. 3 in A Minor, MS 20. Anonymous, Te voglio bene assaje (canzone napoletana attribuita a Gaetano Donizetti, transcrita para guitarra por Carlo Marchione). Niccolò Paganini, Caprice Op. 1 No. 24 in A Minor (versión para guitarra y cuarteto de cuerda basada en el arreglo de R. Schumann). Un disco compacto de 57 minutos grabado en el 6th Floor Recording Studio, de Brescia (Italia) del 30 de enero al 2 de febrero de 2026. Ingeniero de sonido, Luca Burocchi. C & P 2026 Berlin Classics, un sello de Edel Music & Entertainment GmbH.
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A principios de este año tuvo lugar en Brescia, en el norte de Italia, un reencuentro insólito del que da fe este álbum (sello Berlin Classics/Edel Music, de Hamburgo): cinco instrumentos históricos que en su día pertenecieron a Niccolò Paganini se reunieron de nuevo en un mismo lugar por primera vez. Se trataba del llamado ''Cuarteto Paganini'' —dos violines, una viola y un violonchelo, que hace siete años fueron cedidos al Goldmund Quartet de Múnich— así como de una guitarra que también fue en su día propiedad del famoso compositor y músico de Génova. En la actualidad, esta guitarra se encuentra en el museo del Palazzo Tursi de Génova y aquí la toca la concertista italiana Carlotta Dalia

Gran maestría

Paganini goza de gran prestigio, probablemente como el mejor violinista virtuoso de la historia, pero sus composiciones de música de cámara, salvo contadas excepciones, son ignoradas casi por completo. A menudo se olvida que Paganini también tocaba y componía para guitarra. De hecho, de los cinco opus publicados en vida del compositor, solo el op 1 -el conjunto de 24 caprichos para violín solo- no incluía la guitarra.

El 11 de septiembre de 2026 sale a la venta este álbum Paganini - his music, his instruments, primera colaboración entre el Goldmund Quartet y la concertista de guitarra Carlotta Dalia, dedicada íntegramente en esta oportunidad a la música de cámara del legendario Niccolò Paganini, uno de los arquetipos del virtuosismo del violín y de los máximos representantes del movimiento instrumental del Romanticismo, quien también dominaba la guitarra con gran maestría.

Espíritu experimental

La idea de esta grabación surgió en Japón, cuando el Goldmund Quartet, durante una cena entre colegas, oyó hablar de una guitarra especial que llevaba en la paletta (clavijero) -la cabeza del instrumento- las iniciales ''N. P.'' incrustadas en marfil. De esa conversación casual surgió la inspiración de grabar música de cámara de Paganini con los instrumentos que él mismo había tenido en sus manos; así fueron sentadas las bases para el posterior reencuentro de los cinco instrumentos en Brescia.

El programa comienza con el último Cuarteto para guitarra n° 15 en la menor de Paganini, de cinco movimientos (I. Maestoso; II. Minuetto a Canone. Andantino; III. Recitativo -Andante sostenuto, con sentimento; IV. Adagio cantabile; V. Rondo. Allegretto), en el que la guitarra ocupa el lugar del segundo violín y la viola el del primer violín. La naturaleza multifacética y el espíritu experimental del compositor genovés se hacen aquí especialmente evidentes.

Deliciosa conclusión

Domina el inicio de la obra un extenso y virtuoso solo de viola; la melodía principal recae en el instrumento que, en la estructura clásica del cuarteto, suele acompañar a la armonía. Al mismo tiempo, Paganini concede a cada instrumento protagonismo propio; la pieza revela a un creador que juega constantemente con los cometidos, el equilibrio y el sonido del conjunto. Esta instrumentación familiar se encuentra luego en el tercer y último cuarteto de cuerdas de Paganini.

Después, y entremedias, Carlotta Dalia brilla como solista en dos arreglos para guitarra, el segundo de los cuales (la canción napolitana Te voglio bene assaje / Te quiero muchísimo, de autor anónimo; en transcripción para guitarra de Carlo Marchione) es atribuido a Gaetano Donizetti (aunque el debate sigue hasta hoy). Finalmente -entre las variaciones de Paganini, tan a menudo maltratadas- el último de los 24 Caprichos para violín solo, en un arreglo para guitarra y cuarteto de cuerda, ofrece una deliciosa conclusión.

Histeria

La enérgica interpretación de Dalia resalta suficientemente la diversidad expresiva de este Capricho en una experiencia auditiva completa. Aunque el árbol a menudo oculta el bosque, los 24 Caprichos siguen siendo un monumento indiscutible de la obra de Niccolò Paganini. Recibieron elogios de muchos de sus contemporáneos, incluidos Robert Schumann (la presente versión se basa en un arreglo suyo), Hector Berlioz y Franz Liszt. Mucho se ha dicho sobre su interpretación trascendental, que reúne en una especie de antología todas las dificultades posibles e imaginables que el violín (en este caso la guitarra) puede ofrecer; y, por supuesto, sobre su carácter hipervirtuoso.

Berlioz describía a Paganini como:

Un cometa ardiente

Su interpretación era tan impecable que muchos estaban convencidos de que había hecho un pacto con el diablo, una teoría corroborada por su personalidad escénica, en cierto modo macabra. La música que Paganini compuso e interpretó a lo largo de principios del siglo XIX cambió por completo la percepción que la gente tenía de lo que se podía hacer con un violín. Tal y como se aprecia en las mejores obras de Paganini, la deslumbrante colección de técnicas y efectos especiales de este maestro solía llevar a su público a la histeria.

Síndrome

Había múltiples armónicos fantasmales (logrados al tocar varias cuerdas muy ligeramente), un golpe de arco en rebote que le permitía tocar rápidas secuencias de notas a la vez y pizzicatos a gran velocidad pulsados con un dedo libre de la mano izquierda.

Estas demostraciones de virtuosismo fueron posibles, en parte, debido a que padecía el síndrome de Ehlers-Danlos, lo que le confería la capacidad de manejar el violín a una velocidad extraordinaria sin cambiar de posición. Las 12 horas diarias de práctica también pudieron haber influido en ello.

Sin embargo, más allá del espectáculo, se esconde una música firmemente arraigada en la tradición italiana. El instinto de Paganini para las melodías cantabiles confiere a sus composiciones una accesibilidad que resulta irresistible. Esto también explica por qué tantos compositores se inspiraron para escribir variaciones sobre su música. El tema principal del Capricho nº 24, por ejemplo, fue desarrollado por Johannes Brahms, Serguei Rachmaninov, Witold Lutosławski e incluso Andrew Lloyd Webber.

Rica textura

 Los músicos del Goldmund Quartet y la solista Carlotta Dalia juegan necesariamente aquí con los timbres. En este contexto, la guitarra no es el instrumento típico para la parte solista; mas aquí la acompañan otras 16 cuerdas, y encuentran un equilibrio inteligente para que las voces coexistan de la forma más transparente posible. Tan es así, que han hallado sonidos que complementan el timbre de la guitarra, y experimentado con trémolos y pizzicatos con un resultado sumamente satisfactorio.

Esto pasa por alto otro aspecto, menos enfatizado, pero esencial: la belleza intrínseca de cada una de estas piezas, que se puede apreciar a través de la rica textura de esta música, temas de asombrosa hermosura en su sencillez. Se basan en música folclórica, arias de ópera e imitaciones de sonidos de la naturaleza. Por lo tanto, su percepción por parte del oyente, e incluso del intérprete, es en gran medida una cuestión de perspectiva. Y el término Capriccio sin duda debe distinguirse del de estudio, porque aquí se añade la fantasía. El Capricho nº 24 y último del op 1 presenta un tema tan breve como rápido de once maneras diferentes, lo que ya de por sí constituye una verdadera proeza para el (o la) solista.

Musicalidad

La constatación de que Paganini va más allá del virtuosismo del violín también fascina a Carlotta Dalia:

Era mucho más que el simple “violinista del diablo”

En general, el repertorio de música de cámara para guitarra es escaso, pero Niccolò Paganini dejó quince cuartetos para guitarra, una clara muestra de su afecto por este instrumento.

El Cuarteto de cuerda nº 3 en la menor, MS 20 en cuatro movimientos (I. Largo – Allegro, II. Minuetto. Andantino, III. Andante con variazoni, IV. Finale. Presto) depara sorpresas, tanto en cuanto a la estructura como al uso de la instrumentación y al contenido musical. 

En general, fascina al oyente cómo la escritura de Paganini puede mostrar a veces cierta vulgaridad y, al instante siguiente, fascinación por su encanto y calidez. A menudo resulta difícil predecir qué haría Paganini a continuación, y esta imprevisibilidad es una característica que resulta muy agradable.

Parece ser que Paganini compuso música de cámara desde muy joven y continuó haciéndolo con regularidad a lo largo de toda su vida. A menudo componía mientras estaba de gira como intérprete virtuoso, durante los largos y arduos viajes en diligencia. En síntesis, su música de cámara es la expresión genuina del lado más íntimo de su musicalidad.

Primer plano

El descuido generalizado de la música de cámara de Paganini queda patente en el hecho de que, durante muchas décadas, un gran número de partituras no han estado disponibles para su interpretación. Verbigracia, el Cuarteto de cuerda nº 3, MS20 no se publicó hasta 1976, y la edición para interpretación no apareció hasta 1991; unos ciento cincuenta años después de su composición. Estas partituras de música de cámara del maestro genovés, que rara vez se encuentran, merecen sin duda ser estudiadas.

No cabe duda de que Paganini fue un músico dotado, con una técnica única y un carisma extraordinario, lo que le convirtió en un virtuoso del violín sin igual. Sin embargo, además de su talento para el violín, también tocaba la guitarra y mostraba un gran interés por este instrumento, ya que compuso numerosas piezas para él. Aunque a Paganini se le recuerde ante todo como un gran intérprete y compositor de violín, sus obras para guitarra merecen ser puestas en primer plano.

El compositor suizo Franz von Wartensee, colaborador de Paganini, escribía en sus memorias:

No todo el mundo sabe que Paganini era un guitarrista de primer orden, ya que no consideraba que mereciera la pena presentarse públicamente como tal.

Algo de historia

El niño había comenzado a estudiar música con la mandolina a los cinco años, principalmente de la mano de su padre, Antonio Paganini (propietario de una empresa naviera que también era intérprete aficionado de mandolina y violín). Debido a las notables aptitudes musicales de su hijo, Antonio decidió enseñarle a tocar el violín dos años más tarde, a lo que siguió una formación más formal en los años posteriores.

Puede que no alcanzara el mismo virtuosismo con la guitarra que con el violín, pero no hay duda de que desarrolló una gran destreza con este instrumento y aprendió a tocarlo a un nivel bastante alto. Tras la muerte del compositor en 1840 en Niza, Francia, los manuscritos de sus obras para guitarra fueron entregados al gobierno italiano, que mantuvo esta colección bajo llave durante muchos años.

Grabación

Sin embargo, finalmente se hicieron públicas y, de las 134 obras que figuran en el catálogo de las musicólogas Maria Rosa Moretti y Anna Sorrento (MS) de 1982, setenta y siete incluían la guitarra, lo que suma un total de más de 200 piezas para guitarra solista, mandolina y guitarra, violín y guitarra, o guitarra y cuerdas. Sus obras para guitarra son reeditadas regularmente por las editoriales, y muchos guitarristas siguen interpretándolas y grabándolas hasta el día de hoy.

La estructura típica de cuatro movimientos de Paganini consiste predominantemente en un primer movimiento rápido y entretenido, Allegro, seguido de un segundo movimiento, Minueto, animado y desenfadado que roza el Scherzo. El tercer movimiento lento es expresivo, a modo de aria y dulcemente lírico, marcado como Adagio o Andante. La partitura concluye con un Allegro o Presto enérgico y vivaz que, en ocasiones, emplea la forma más estricta de un rondó, como es el caso del quinto movimiento del Cuarteto para guitarra nº 15, MS 42 mencionado (Rondo. Allegretto).

La grabación realizada por el ingeniero de sonido Luca Burocchi en el 6th Floor Recording Studio, de Brescia, Italia, con una acústica agradablemente "abierta", hace justicia a las características de la interpretación. Pasando a cómo suena todo esto (más que glorioso), lo primero que hay que decir es que los instrumentos en sí mismos son absolutamente perfectos.

Manuel Barrueco

Desde 2019, el Goldmund Quartet tiene la fortuna de tocar con el ''Cuarteto Paganini'' del legendario lutier italiano Antonio Stradivari: cuatro instrumentos históricos que les ha cedido la Fundación Sasakawa Music. Anteriormente, estos instrumentos habían sido prestados, entre otros, al Hagen Quartet, al Kuss Quartet, al Tokio Strings Quartet y al Quartetto di Cremona. Por ello, resulta casi natural que los músicos del Goldmund Quartet comenzaran a profundizar en la figura de Paganini y su música. Durante una gira por Estados Unidos, quedaron sorprendidos y cautivados por el entusiasmo interpretativo, la fantasía melódica y la profundidad de sus composiciones.

Carlotta Dalia es una excelente música y una magnífica concertista de guitarra. Sus interpretaciones, especialmente de la Sonata en la mayor op 3 nº 1, MS 27 (para violín solista, transcrita para guitarra por el profesor Manuel Barrueco) y del Capricho nº 24, son impresionantes; muestran una excelencia técnica que permite una integración perfecta entre la ejecución técnica y una interpretación musical sin trabas. Tal y como lo interpreta Dalia, el escucha tiene la impresión de que el Capricho es una composición original para guitarra.

Nápoles

Te voglio bene assaje es una canción en lengua napolitana compuesta en el siglo XIX y que ya cantaban las amas de casa de esa ciudad capital de la Campania hacia 1839.

Según muchos críticos musicales, representa el nacimiento de la canción de autor moderna o, en cualquier caso, la transición de la música popular a la canción de autor, ya que fue la primera pieza musical en participar en la fiesta de Piedigrotta (8 de septiembre en Nápoles, dedicada a la Virgen de Piedigrotta), en 1835, en el marco del concurso de canto.

La composición escrita era bastante larga y su fuerza para calar en la masa de oyentes le venía dada por el estribillo cautivador y pegadizo con el que concluía cada estrofa:

''En fin, ¿soy yo el falso?
Dime, Majestad:
que tu arte es esta,
lo digo de corazón.
¡Ojalá pudiera maldecir
el día en que te amé!
Te quiero muchísimo
y tú ni siquiera piensas en mí.''

Refrescante

Existen innumerables versiones sobre el origen de la canción. Según la más aceptada, el poeta Raffaele Sacco, óptico de profesión y asiduo de los salones napolitanos, escribió la canción dedicándosela a una atractiva dama, con la que habría mantenido una relación. Según esta interpretación, los versos harían referencia a una polémica en tono de broma sobre la supuesta astucia del poeta y sobre el matrimonio que no llegó a celebrarse de la doncella. Otros autores sostienen, en cambio, que el estribillo de la canción formaba parte de la sólida tradición oral de la música napolitana y que, como tal, ya se cantaba en los círculos populares mucho antes de su inclusión en la composición.

En cuanto a la música, cierta tradición la atribuye a Gaetano Donizetti, en cuyo catálogo está incluida, aunque en 1839 este se encontraba inmerso en otras obras y desde el año anterior residía en París. De hecho, es cierto que, tras una larga estancia en Nápoles -durante la cual, en particular, puso en escena en el Teatro de San Carlo el estreno de Lucia di Lammermoor- abandonó la ciudad en octubre de 1838 a raíz de la muerte de su esposa y su hija. Estos datos llevan a algunos historiadores de la música, entre ellos Ettore De Mura y Victor De Rubertis, a considerar que la música fue compuesta probablemente por el maestro Filippo Campanella, compañero y amigo de Raffaele Sacco.

Resulta muy refrescante escuchar la interpretación que ofrecen Carlotta Dalia y el Goldmund Quartet de Te voglio bene assaje, en esta transcripción para guitarra de Carlo Marchione, por su simplicidad rítmica y melódica esencial; una interpretación que nunca socava el encanto folclórico tan fundamental para la pureza y autenticidad de esta pieza. ¡Preciosa, sencillamente preciosa!

Fenómeno de masas

Aunque el origen de la canción sigue siendo objeto de debate, lo cierto es que tuvo un éxito inmediato, ya que en pocos meses se vendieron nada menos que 180.000 copielle, es decir, las partituras y las letras impresas y distribuidas en hojas sueltas. Además, en muchas ediciones de la Fiesta de Piedigrotta, esta canción se entonaba casi como un himno oficial de la música napolitana. La repercusión de la canción fue tal que el periodista Raffaele Tommasi escribía el 6 de agosto de 1840 en la revista literaria semanal Omnibus:

Desafío a cualquiera de mis lectores a dar un paso o a meterse en un lugar donde su oído no se vea herido por el agudo sonido de una canción que, aunque se ha introducido entre nosotros hace poco, está en boca de todos y ha alcanzado tal fama que despierta la envidia de los compositores más valientes.

La marcha triunfal de esta composición suscitó comentarios irritados por la obsesiva omnipresencia de la melodía, que se cantaba por toda la ciudad. De este modo, la música popular napolitana se consolidó como un fenómeno de masas, adquiriendo una doble naturaleza: una expresión auténtica de la cultura popular y, al mismo tiempo, un producto industrial destinado a un público cada vez más amplio.

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